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La verdadera mina de Jarahueca

por Juan Antonio Borrego Díaz Última modificación 14/01/2010 18:07
Colaboradores: Fotos: Oscar Alfonso
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El cultivo de frijol convierte al norte espirituano en granero de referencia para el país. Iniciativas locales y atención diferenciada salvan la cosecha frente a una sequía implacable.

La zona sur de Yaguajay cuenta con envidiables condiciones físico químicas para el cultivo del frijol.Ni las discusiones dominicales de Andrés Malanga, el más polémico pelotero de manigua de la región central de Cuba, ni la leyenda del mítico Alfredo Reyes, barbero sin igual en toda la Línea Norte, han dado a Jarahueca tanta fama como sus frijoles negros.

Así lo refieren los productores habituales, guajiros mansos que heredaron la tradición del cultivo en esta época del año y también las mujeres del pueblo que completan el favor de cocinarlos “siempre espesos y sin necesidad de olla de presión”, como asegura Nena Díaz, una lugareña que parece burlarse de sus 70 años.

Los frijoles negros llegaron a los campos de Jarahueca desde hace más de medio siglo, sin embargo su producción aquí viene alcanzando un despliegue inusitado de un tiempo a esta parte, sobre todo tras la consumación de un programa de desarrollo patrocinado por el Ministerio de la Agricultura, que ha convertido a la zona en granero de referencia para el país.

“Aquí tenemos una tabla de frijoles como no hay tres en Cuba”, dice Agustín Betancourt, el presidente de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Felino Rodríguez, una de las agrupaciones campesinas comprometidas con dicho proyecto, diseñado en bien del incremento de las producciones locales y por tanto de la sustitución de costosas importaciones.

UNA FRANJA PRIVILEGIADA

El Sur de Yaguajay, desde Venegas y Perea, casi en los límites de Ciego de Ávila, hasta Itabo, Jarahueca y Cuatro Caminos, en el otro extremo, está favorecido por suelos pardos con envidiables condiciones físico químicas, ubicados en zonas altas y con microclima seco, todo lo cual al decir de Ernesto Herrera, subdelegado de Cultivos Varios en Sancti Spíritus “es medicina para los frijoles”.

Sin embargo, el propio directivo advierte que esta planta necesita también de “nutrientes” no menos importantes como la atención especializada, el control oportuno de plagas y enfermedades, el aprovechamiento óptimo de la época de siembra, el riego en caso de que falte la lluvia y muy en especial, una disciplina estricta por parte de los agricultores, cualidad que él define como “cultura frijolera”.

El beneficio de un paquete tecnológico en el que se incluye el aseguramiento de la semilla, determinadas asignaciones de combustibles, fertilizantes químicos, algunos pesticidas y medios biológicos como el llamado Rizofó, dan mayor garantía al programa, que -contrato mediante- presupone la venta al Estado de la mayor parte de la cosecha.

Es así como hoy día en esta franja del municipio se encuentran en diferentes fases unas 70 caballerías (938 hectáreas), repartidas en varias CCS, algunas CPA, y las Empresas Agropecuaria Obdulio Morales, de Cultivos Varios Valle del Caonao y Pecuaria Venegas, todas enclavadas en la zona.

El aporte de ellas resultó decisivo para que la provincia sobrepasara este año sus entregas planificadas al MINCIN (908 toneladas de 847 previstas) y creciera unas siete veces en relación con las liquidaciones de 2008.

NAVEGAR CONTRA LA SEQUÍA

Los agricultores de la zona, aun cuando se benefician de privilegios naturales y también de asignaciones adicionales de recursos, han tenido que navegar en los últimos tiempos contra un mal tan dañino como el mismísimo monstruo de las siete cabezas que emboscaba a los viajeros en alta mar: el efecto implacable de la sequía.

No obstante, en los últimos tiempos las plantaciones han logrado mantener su vigor gracias a la “puntería” de algunos aguaceros llegados en momentos claves y sobre todo a la bendición de los pequeños embalses (tranques) construidos en la comarca, la mayoría de los cuales hoy se mantienen secos.

“Ahora mucha gente está bombeando el agua desde el Caonao a los tranques para luego regar, eso es más costoso por el combustible que demanda y además a este paso también se nos acaba el río”, ilustra José Manuel González, Manengo, el presidente de la CCS Juan Darias, uno de los pilares del programa en Jarahueca.

El otro recurso ha sido extremar las prácticas del laboreo, especialmente con el uso de la tracción animal y la permanente vigilancia ante el posible brote de plagas o enfermedades, que si llegaran a surgir y expandirse por la sitiería pondrían en riesgo la supervivencia de las plantaciones.

UN YACIMIENTO A FLOR DE TIERRA

Manengo González: “Tenemos una tremenda campaña a pesar de la sequía”.Manengo González tuvo certezas de la envergadura de la cosecha que le venía encima a la CCS Juan Darias cuando William León, uno de sus hombres, le mostró una planta de frijoles en fase de desarrollo nada más y nada menos que con 41 vainas.

“Él tenía miedo enseñarla por lo que se dice del mal de ojo”, bromea el presidente de la cooperativa, una agrupación campesina con 160 afiliados, la mayoría de los cuales se dedica desde hace mucho tiempo a la producción de granos.

Uno de ellos, Reinel Tomé, está reconocido como el mayor productor de frijoles para semilla en Cuba –el pasado año vendió a empresas de Sancti Spíritus y Villa Clara más de 2 600 quintales- y en la presente campaña dice que sus rendimientos deben mantenerse.

“Tenemos una tremenda campaña a pesar de la sequía, de la inestabilidad con el combustible y del atraso en la asignación de algunos productos -aclara Manengo-, pero esto no ha caído del cielo ni nada que lo parezca, aquí los campesinos se prendieron duro, noches enteras preparando la tierra y hubo gente que hasta sembró descalzo”.

Lo dice y se vuelve hacia una “punta” de frijoles que no lo deja mentir, una suerte de mina acaso más promisoria que aquellos bolsones de petróleo aparecidos por estos predios hace más de medio siglo, cuando buscadores de oro negro llegados desde el Norte creyeron que El Dorado podía estar a las puertas de Jarahueca.

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