Las sombras del Escambray
Especial dedicado al 50 aniversario de la victoria sobre el bandidismo

El crimen de San Ambrosio

Eliodoro Rodríguez Linares, el campesino asesinado en San Ambrosio, junto al maestro voluntario Conrado Benítez fue un lugareño tan humilde como el rincón del Escambray que habitaba la morir

Aquella tierra, tarde o temprano tendría que dar algo, para torcer tabaco habría tiempo suficiente, era mejor aprovechar palmo a palmo la finquita que el Che repartió, a él y a muchos otros guajiros, por aquellas lomas.

Con esos pensamientos rondándole, el hombre todavía joven, bajo y sobre lo grueso, con el rostro ardiente por el esfuerzo siguió calando monte; apremiaba terminar y comenzar la siembra de malanga.

El crimen de San Ambrosio

Osvaldo Ramírez ordenó asesinar al maestro voluntario Conrado Benítez y al campesino Erineo Rodríguez. El 5 de enero los bandidos Dagoberto Pérez Hernández, Morejón Martínez, Macario Quintana (Pata de Plancha) y Tito Zerquera les dan muerte.

Casi los pudo sentir, sólo tuvo  que levantar la vista para cerciorarse de la presencia de intrusos que parecían alzados; el monte por aquellos días estaba lleno de ellos. Y esperó, machete en mano, con la seguridad de quien se enfrenta al peligro.

Unos días después el cuerpo de Eliodoro Rodríguez Linares, aparecía junto al cadáver de Conrado Benítez en la zona de San Ambrosio, en Pitajones, en la serranía trinitaria. Para quienes lo conocieron era sencillamente Erineo, una víctima más, y casi desconocida, del bandidismo en el Escambray.

La historia da vueltas en la cabeza de Eugenio Carpio. La memoria se tuerce, salta trechos, pero desde la distancia de cinco décadas sobresalen los hechos que presenció este campesino que compartió días y noches con Erineo.

“El cogió tierra conmigo, apareado. Allá se apareció Isidro Moscoso; ese día yo había comprado un lote de ganado y por la Sierrita me salió el propio Osvaldo Ramírez. Primero me preguntó por el ganado y luego quiso saber dónde se encontraba Erineo calando monte. Quedaba claro que de antemano sabía dónde estaba el hombre que buscaba. Mandó por él a Isidro, quien fue, se paró en una loma y después de conminarlo a soltar el machete le contó de un cerco al jefe de la banda en la 24 y después, tanteándolo, le preguntó qué haría si encontraba a Osvaldo. Erineo sin pensarlo le dijo: ‘Le corto el c… en cuatro’.

“Al llegar el hombre le hizo el cuento a Osvaldo, que después de escuchar golpeó salvajemente al campesino, y luego se lo llevó preso. Unos días después lo mataron. Como no había noticias Mapio, Boliche Broche y yo salimos a ver a un campesino y al entrar por la comunidad 24 los alzados nos entraron a tiros, cuando bajamos por la sabana dimos con los cadáveres. Estaban tirados en el suelo, tapados con paja y muy cerca el cepo en el tronco donde los tenían presos. Eso fue el 7 de enero, el mismo día que mataron al miliciano Pablo Pis. Eran como las 10 de la mañana.”

Para Adela Sánchez (La Negra), compañera de Erineo, los recuerdos de ese día son muy vagos. La separación era necesaria, mientras él trabajaba la tierra, ella cuidaba del fruto de aquella unión, con sólo siete meses.

“Erineo era torcedor de tabaco. Nos casamos en el 59 y nos fuimos a vivir para Ciego Ponciano. El era de Quemadito, cerca de Fomento, y para mí siempre fue un hombre bueno.

“A Conrado Benítez, lo conocí y estuve un tiempo lavándole la ropa. La última muda se la envié envuelta en un pañito de lienzo del niño. No se la llegó a poner. Me enteré de la muerte de ambos por la Milicia.”

“Por lo que me contaron sé que un tal Isidro fue a decirle que Félix Torres quería hablar con él, ese fue el cebo porque eran alzados de la banda de Osvaldo. Un día un hombre llamado Fulgencio Fondón vino a mi casa a pedir de parte de Erineo tabaco, un abrigo y otras cosas.

Más tarde supe que era todo para los bandidos. En aquel entonces no sabía ni que estaba preso. El propio Erineo se encargó de decírmelo cuando en una caja de cigarros envió un papelito donde escribía que tuviera resignación que lo había agarrado Osvaldo. Entonces supe que no volvería.

A inicios de  1961 Osvaldo Ramírez, uno de los más connotados jefes de banda de alzados en la zona del Escambray, había planificado la operación Silencio con el objetivo de recibir desembarcos aéreos con armas, como se percató de que estaba metido en un cerco, solicita aplazarla, pero era tarde. Entre el 4 y el 7 de enero unos 200 alzados fueron sorprendidos por fuerzas combinadas de las FAR y las Milicias en la zona de San Ambrosio, una operación que fue dirigida por el Comandante en Jefe.
El crimen de San Ambrosio
Entonces Osvaldo Ramírez ordenó asesinar al maestro voluntario Conrado Benítez y al campesino Erineo Rodríguez. El 5 de enero los bandidos Dagoberto Pérez Hernández, Morejón Martínez, Macario Quintana (Pata de Plancha) y Tito Zerquera les dan muerte.