Poesía y mercado, ¿irreconciliables?

La poesía es el nivel antropológico más alto que el ser humano ha conseguido”, aseguró Roberto Manzano. La polémica de si es pertinente publicar poemarios para que duerman en los anaqueles de las librerías atizó los debates en la Jornada de la Poesía Cubana.

La fiesta del verso, sin importar rimas o libertades métricas, azuza la polémica dentro del parnaso espirituano, gracias a los debates promovidos en las sesiones teóricas de la vigesimocuarta Jornada de la Poesía Cubana, que reúne en Sancti Spíritus a poetas de aquí y allá, marcados por la pauta de crear pero conscientes de las dificultades materiales que hoy cercenan la publicación y la promoción de la literatura.

Sobre el tema versó la mesa redonda Poesía y mercado, ¿irreconciliables?, dirigida por la escritora y crítica Yanetsy Pino Reina y los autores Jamila Medina, Rito Ramón Aroche, Caridad Atencio y Roberto Manzano, que ofrecieron a los presentes valoraciones personales del fenómeno.

Para nadie constituye un secreto el hecho de que los miles de libros que se publican en Cuba al año, solo un por ciento desdeñable termina en las estadísticas de venta y, sin pecar de ambientalistas, cada día los cubanos interesados en leer están más en peligro de extinción.

La poesía, según los expertos en temas editoriales, no está digamos, bien parada en el asunto del mercado. La gestión comercial del género en los últimos años ha discurrido por causes precarios. Sobre el dilema la escritora Caridad Atencio señalaba: “La poesía no necesita venderse para existir, esa idea viene de sectores oficiales y de semicreadores, lo que deben es buscarse formas viables de promoción, por ejemplo, a través de los medios de comunicación”.

Muchas resultan las causas, mas, ¿de cuál de ellas pende realmente el origen del fenómeno? De un lado se esbozan problemas económicos, por otro la mala divulgación, así como libros sin sabor que no motivan a leer. El Instituto Cubano del Libro debe aumentar sus ventas, que proliferan en la actualidad solamente en la ferias del libro pero, ¿debe restársele importancia a un autor que no sea popular?

“Si hay un Buesa muy bien, pero hay que defender igualmente a los Lezama. El mercado debe existir, es algo inherente a la economía, a la vida moderna, pero la poesía también, porque es el nivel antropológico más alto que el ser humano ha conseguido —aseveró el poeta Roberto Manzano, invitado al evento—. No se puede huir del mercado, hay que verlo como una posibilidad para llegar al hombre, aunque la finalidad de un poeta no es tener éxito, ni hacerse rico, el que lo vea de esa forma dejó de serlo”.

Sobre la mesa también las opiniones de Jamila Medina y Rito Ramón Aroche, que agenciaron las debilidades a la no existencia en Cuba de un público cautivo a la poesía.

“Incluso la poesía se presta más para promoverla que una novela, o un relato. Debemos trabajar con diseñadores para pensar un arte mucho más total, utilizar calcomanías, intervenciones públicas, ir a luchar el lector a la calle, como mismo lo hacen los reguetoneros que te sorprenden en cualquier esquina con un plegable que invita a su último concierto”, refirió Jamila.

Hasta se propuso un cuentapropismo lírico que los más avezados no negaron, con la creación de cooperativas de edición, que llevaran los textos a los públicos de forma novedosa; también la posibilidad de editar libros manufacturados, que constituyan de por sí obras de arte, califica como otra de las vías para sembrar motivaciones.

Cuando los presupuestos para actividades de promoción y publicación cada día rozan la parquedad, se impone la efectividad en los mecanismos editoriales para que las personas sientan la literatura de forma diferente. En cuanto a los autores, deberán seguir su sentimiento artístico, pues tanto en el pasado y en el futuro sobraron y sobrarán los ejemplos de creadores que han sucumbido en el arte, solamente, por amor a él.

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