El Beisbolito: ¿se queda o se va?

Nacidos hace casi dos décadas, los beisbolitos se irrigaron por el país con la intención de captar talentos desde edades tempranas.Idea peregrina o modismo de cambio al calor del medio milenio, lo cierto es que sobre el “4 de Abril” comenzaron a activarse las brasas.

En medio de la noche, la llamada de Fernando Baracaldo impuso las primeras ideas de este texto: “Oiga, periodista, quieren quitar el Beisbolito, ¿usted sabe algo de eso?”.

Con un hijo y un nieto en los trajines beisboleros, para Baracaldo el runrún sobre una posible demolición o mudanza del terrenito de pelota de Olivos I fue poco menos que una tragedia familiar.

“Todo el mundo se asustó porque hasta vinieron a medir, después hubo como un stanby. Hay que valorar el sacrificio de los niños y el amor con que juegan, aquí aprenden mucho, este es el futuro”.

Luego de la primera “carta telefónica”, otras textuales le siguieron para trocar la interrogante en certeza. Con tal “imposición editorial”, Escambray asumió el turno al bate. Luego de los primeros swings indagatorios, afloró la controversia. “A mí sí me dijeron. Hay dos planos hechos: uno que se va el Beisbolito y otro que no se va, y que se iba a aprobar el primero, ni formé bulla ni nada, pero los padres no sé cómo se enteraron y reclamaron”, admite Gilberto Luis Mayea Álvarez, entrenador principal de la instalación.

Idea peregrina o modismo de cambio al calor del medio milenio, lo cierto es que sobre el “4 de Abril” comenzaron a activarse las brasas. Para esquivar los “dime que te diré”, Escambray busca en la nómina de implicados dos fuentes autorizadas.

“Han existido muchas quejas de los padres, de los técnicos, que se acercaron con la preocupación de que se iba a demoler para ampliar la plaza cultural, pero oficialmente como director no tengo ninguna información de que eso va a ocurrir; lo que se me ha dicho es que hay que mejorar las condiciones de la instalación: sustituir el techo, mejorar el cercado perimetral, la pintura, y el césped, acciones que se van a acometer en los próximos días”, aclara Denny Roberto Duarte Cepeda, director municipal de Deportes en Sancti Spíritus.

Desde la autoridad gubernamental, Manuel Bernal, vicepresidente del Consejo de la Administración Municipal, confirma: “Lo que se pretende es que la instalación se repare y se ponga bonita para estar a tono con las transformaciones que se prevé realizar en esa manzana para convertirla en un área de gran afluencia de público”.

Despejadas las incógnitas, este órgano de prensa logra tomar asiento en el graderío que anima las tardes en la esquina de la ciudad.

BEISBOLITO ADENTRO

Frederich Cepeda y Eriel Sánchez se ajustan los trajes… No se trata de una vuelta a la semilla. O sí. Entre la treintena de niños que están de paso por esta “sucursal”, nombres y apellidos suenan familiares y huelen a futuro.

Nacidos hace casi dos décadas los beisbolitos se irrigaron por el país con la intención de captar talentos desde edades tempranas. El “4 de Abril” se inscribió en ese proyecto y desde entonces ha tenido momentos de quietud y de esplendor como el que ahora parece vivir.

Los lazos de los pequeños con la instalación suelen no romperse aunque, por ley de la edad, después de dos o tres años en él algunos pasan a otras áreas y varios han sido cantera fundamental para los campeonatos de las categorías 9-10 y 11-12 años.

Desde las gradas, peloteros frustrados o técnicos curtidos desde el empirismo tratan de moldear lo que es hoy una decisión silvestre. No importan lo abultado del marcador o los errores. Por encima del interés competitivo, el lugar guarda la huella de muchos como Argelia Jiménez, una mujer que alentó sus casi nueve décadas de vida con los batazos de su bisnieto Fabián; los sueños de Eikel, quien sin levantar dos cuartas del piso, parece llevar sangre naranja: “Me gustan Freddy Asiel, Zamorita…, el problema es que los Gallos son….”. Esa afición de Eikel parece tener asiento en la genética al decir de su mamá Dayana: “El papá es fanático a Villa Clara; nosotros nos alternamos para traer al niño aquí al Beisbolito, yo hasta adelanto la comida”.

Con la precisión que le aporta su profesión como arquitecto, Luis Madrigal ha guardado con celo las hojas de anotación de su hijo Oris Oscar: “Ha sido por el embullo para que aprendan, lo de los niños es jugar y ganar, quienes reclaman son los padres, este es un momento importante, sienten la presión de jugar en presencia del público; para ser tan chiquitos, hacen bastante, aunque a veces les pedimos mucho”.

ENTRE INNINGS

Tres hombres hacen acopio de paciencia para salir ilesos del enjambre de “locos bajitos”. Como recompensa, Víctor Muñoz revive los tiempos en que, agachado, defendía el home de los Gallos: “Vienen de cero, se les enseñan los fundamentos, buscamos formar un equipo, que se lleven bien, es muy bonito verlos jugar, cómo aprenden, pero debes tener calma porque de nada empiezan a llorar, sobre todo cuando pierden.

“En general esto ha funcionado, principalmente por los padres, que hacen actividades, ayudan a arreglar el terreno…”.

No es difícil entender que, tratándose de béisbol, sobran los candidatos, desde los círculos infantiles o las escuelas primarias: “Como en esa categoría no se sabe si van a dar o no, se hace una pruebita de normativa  y se sacan los mejores —explica Mayea—, luego se van solos cuando ven que no dominan los fundamentos”.

Desde bien temprano los muchachos comienzan a jugar en serio. Durante las semanas de receso escolar se organiza un campeonato municipal con un día dedicado a la prueba de habilidades y otro al juego de las estrellas.

“Lo más importante es la disciplina, los padres dicen que les grito mucho, pero ellos se acostumbran al profesor, esto lleva un proceso, al principio se les advierte, se habla mucho con ellos, yo los llevo fuerte, pero soy como un padre para ellos, trabajo con niños hace 34 años y eso me encanta.

“También tienes que acostumbrarte a los padres, son más difíciles, hay algunos que se ponen violentos y les exigen mucho a los niños, los quieren guiar desde las gradas. Esto no es fácil, pero también debo decir que la mayoría apoya mucho nuestro trabajo”, afirma.

En los alrededores del “4 de Abril” otro piquete de niños mayorcitos esperan por un chance que les deje terminar el convite de manigua armado hace instantes.

No median más que los deseos silvestres de jugar a la pelota para mantener viva esa pasión en tierra donde el béisbol precisa algo  más que incógnitas sobre el pedacito donde suele tirarse la primera bola.

One comment

  1. Jose González Curiel

    Estos proyectos hay que fomentarlos y subir en la calidad tecnico táctica de los que enseñan a los niños. Soy padre de un niño sub-12 de Cabaiguán y hay que ver todo lo que aprenden y cómo crecen a pesar de que no tienen las condiciones necesarias y el INDER no apoya. Imeginen que:
    – Todos los recursos corren por los padres y profesores.
    – Los topes de preparación corren por los padres.(el pasado año se desarrollaron más de 40 juegos entre municipios con transporte arquilado y aseguramiento de almuerzos y meriendas)
    – No hay divulgación de los resultados por ninguna vía.
    – La serie provincial es muy corta. Dos grupos de cuatro equipos para clasificar SE JUEGAN TRES JUEGOS. Imaginen un año de preparación para tres juegos. Los que clasifican van a semifinales y los ganadores a finales.
    – Este año no se discutió el bronce entre Taguasco y Yaguajay por falta de árbitros.
    – Se juega en el Victoria de Girón y en los terrenos aledaños a la EIDE y los traslados son a pies en días de doble juego. ¿ESTAREMOS TAN MAL ECONÓMICAMENTE QUE EL INDER NO PUEDE ALQUILAR UNA GUAGUA UNA VEZ AL AÑO PARA TRASLADAR A LOS NIÑOS QUE JUEGAN DOBLEJUEGO EN LA CORTA, MUY CORTA SERIE PROVINCIAL?
    – LA ALIMENTACIÓN EN LA EIDE ERA DE ESPANTO EN ESOS DOS DÍAS; más malo de lo que el país puede hacer
    LOS PADRES PROPONEMOS QUE SE JUEGUE UNA SERIE PROVINCIAL MÁS LARGA, VIAJANDO COMO HACEMOS LOS TOPES DE PREPARACIÓN, QUE NOSOTROS PONEMOS LOS RECURSOS, PERO QUEREMOS VER JUGAR Y DESARROLLARSE A NUESTROS HIJOS….
    Estas categorías merecen otro tratamiento porque se trabaja duro.

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