Elecciones en Brasil y Uruguay: Buenas noticias para Latinoamérica

La reelección de Dilma Rousseff en Brasil y el triunfo de Tabaré Vázquez en la primera vuelta de los comicios en Uruguay, consolida el proceso de cambios que vive la región latinoamericana y caribeña

La actual presidenta y candidata por el Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff, fue reelecta con 51,32 por ciento de los votos.

La victoria de Dilma Rousseff en la segunda vuelta de las elecciones en Brasil y el triunfo del candidato del Frente Amplio Tabaré Vázquez en la primera vuelta de los comicios presidenciales en Uruguay, son formidables noticias para el proceso de cambios que vive hoy la región latinoamericana y caribeña, pero sus prolegómenos y resultados parciales llaman a ineludible reflexión.

Luego de una puja electoral que la enfrentó en primera vuelta a una agresiva e impredecible Marina Silva, del Partido Socialista, la Rousseff venció finalmente a Aecio Neves, del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), ocupante del segundo lugar, y a quien acaba de derrotar por 51.64 por ciento de los votos, contra 48.36, ventaja de casi cuatro puntos porcentuales que, vista a distancia, parece pequeña si se tienen en cuenta los logros del Partido del Trabajo (PT) a lo largo de sus 12 años de gobierno.

En tal sentido, cuesta entender que le haya resultado tan arduo el triunfo a Dilma —con encuestas que apuntaban a un empate técnico casi hasta última hora— si se tiene en cuenta que el moderno Brasil le debe mucho, casi todo, a las iniciativas del PT en el poder, primero con Luis Inazio Lula da Silva, y luego con la actual mandataria, y no solo en el campo económico, pues han hecho el prodigio de insertar a Brasil en el centro de las iniciativas integracionistas en la región, y además lo han colocado como importante actor internacional en el seno de los llamados BRICS (Brasil, Rusia India, China Y Sudáfrica).

Sirvan de ejemplo en el primer aspecto las cifras que aporta Prensa Latina, según las cuales a Lula y Dilma se debe un aumento del 71 por ciento en el salario mínimo, la generación de más de 21 millones de puestos de trabajo, el sacar de la pobreza extrema a 36 millones de sus compatriotas, así como mejoras en los campos de la salud, la educación y la cultura.

A primera vista, y observado en perspectiva, repito, los numerosos votos que colectó Neves parecen cosa de ingratitud y mala memoria, pues los últimos gobiernos de la socialdemocracia, y la derecha, con actores tales como Collor de Melo o Fernando Henrique Cardoso, sumieron al país en un marasmo de corrupción e ineficiencia, en medio de una creciente desigualdad en la distribución de la renta y un crecimiento acelerado de la pobreza.

Pero no se trata solo de amnesia o desagradecimiento lo que puede haber impulsado a esos electores de Aecio Neves, muchos de los cuales han sido netamente beneficiados por Lula y Dilma, sino que existen mecanismos como el dominio aplastante de la prensa de derecha, encabezada por cadenas como la todopoderosa O’Globo, capaces de crear una realidad virtual, y el sistema actual que permite la financiación de las campañas políticas de los candidatos por parte de los empresarios.

Por tal motivo, entre las propuestas de la actual mandataria para su segundo mandato figura impulsar una reforma política que elimine ese tipo de subvención, por cuanto se presta a todo tipo de ilegalidades por parte de los grandes intereses y magnates, los que, remedando al celebre Maquiavelo, están dispuestos a utilizar cualquier medio, por más torcido que sea, con tal de volver al “trono”.

No es casual entonces el objetivo enunciado por Dilma, de intensificar el enfrentamiento contra la corrupción, lo que pasa por el fortalecimiento de las instituciones de control y fiscalización, así como la promulgación de leyes que acaben con la impunidad.

En resumen, triunfó Dilma y ganó la democracia brasileña, se abrió paso a un segundo período que le permitirá continuar profundizando su proyecto de hacer de Brasil un país inclusivo que ratifique su condición de potencia regional, y, además, ganó el proyecto de integración latinoamericano y caribeño y los lazos que con tacto y agilidad diplomática ha ido forjando con países hermanos, de ahí el regocijo expresado por presidentes como la argentina Cristina Fernández, el ecuatoriano Correa y el venezolano Maduro, entre otros, quienes le enviaron efusivos mensajes.

VICTORIA ESPERADA EN URUGUAY

Uruguay es otro caso, pues la victoria del Frente Amplio (FA), finalmente obtenida con alrededor del 46 por ciento de los votos para su candidato, el ex presidente Tabaré Vázquez, frente al 31 por ciento del opositor Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional (Blanco), y el 13, 55 por ciento del Partido Colorado, representado por Pedro Bordaberry, era esperada por todos.

Lo que tenía en ascuas a los representantes del gobierno actual y al mandatario saliente, Pepe Mujica, así como al FA, era cómo quedarían integradas las dos cámaras del Congreso Nacional, pues de obtenerse una mayoría que sería definitiva para sus legisladores, ello le permitiría gobernar sin mayores sobresaltos a Tabaré si logra imponerse dentro de un mes en la segunda vuelta de los comicios.

En las próximas horas esta incertidumbre dará paso a la certeza de los resultados de los votos válidos emitidos, y llegará el momento de la negociación con el fin de establecer estrategias y compromisos con otras fuerzas políticas que coadyuven al triunfo de la fórmula oficial, la que no por gusto lleva como vice presidente a Raúl Sendic, hijo del mítico luchador tupamaro de igual nombre, que, capturado herido tras duro enfrentamiento con fuerzas de la dictadura, cumplió largos años de prisión en mazmorras del régimen.

Y curioso también es que ese régimen estuviera encabezado por Bordaberry padre, quien protagonizó un autogolpe en la década de los años 70 para ejercer un poder omnímodo en la otrora llamada Suiza de América, con predominio de los escuadrones de la muerte, Operación Cóndor, asesinatos y desaparecidos a su cuenta.