El palacio infantil del Camino de La Habana (+fotos)

La escuela primaria Roberto Quesada, orgullo de quienes viven en esa esa zona espirituana, vistió sus mejores galas para reanudar el curso escolar

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En las aulas se insiste en el distanciamiento de más de un metro entre cada niño. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Dice una recurrente frase, escrita en los murales de muchas escuelas, que cada niño es especial; algunos pueden volar más alto que otros, pero cada uno vuela de la mejor forma. Y así, de la mejor manera, reabrió sus puertas una especie de palacio infantil, ahora animado por duendes de todos los tamaños que tratan de saciar la añoranza tras varios meses lejos de su casa grande: la escuela primaria Roberto Quesada, ubicada en la Zona de Desarrollo Camino de La Habana, en Sancti Spíritus,

“Si te fijas, están felices de volver al aula y todos son diferentes, de muchas edades y tamaños, pero lo asombroso es cómo hasta los más pequeños acatan las normas que dictan las medidas de higiene”, coinciden los maestros del plantel.

Los ocho años de Melany Pérez Pérez son suficientes para entender lo valiosa que es su escuela, cuánto debe cuidarla y la necesidad de acciones de higiene.

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El cambio de imagen en la escuela primaria Roberto Quesada incluyó la sustitución de parte del mobiliario. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

“No podemos retozar juntos como antes y cuando salimos nos desinfectamos las manos, pero es necesario usar el gel y cambiar las mascarillas para no infectarnos porque tenemos que cuidarnos y proteger a los demás”, explica con mesura la niña de tercer año mientras busca su toalla y el jabón rumbo al lavamanos.

UN CENTRO RENOVADO

Con una gran residencia, un palacio o un hotel comparan los vecinos, padres y los propios trabajadores a la escuela que nació en medio del boom constructivo de la provincia en 1986 para acoger a más de 400 estudiantes de esa zona de la periferia de la ciudad.

“El centro está en muy buenas condiciones y, para que así se mantenga, fue beneficiado con acciones de mantenimiento constructivo que incluyó la pintura de los locales, reparación de cubiertas y del sitial martiano, y se sustituyeron, además, algunos muebles sanitarios en aras de facilitar la prontitud en el proceso de lavado de las manos en los niños”, explica Tania Veloz Gutiérrez, quien se estrenó como directora del plantel en este período lectivo.

En medio de las complicaciones económicas, agravadas por la COVID-19, Sancti Spíritus se dispuso afrontar un ambicioso plan de mejorar las condiciones y el estado constructivo de 50 de los centros educacionales de la provincia durante este 2020, algo que si bien no ha abarca grandes inversiones, sí da prioridad al mantenimiento de muchas de las instituciones del territorio.

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La escuela Roberto Quesada es reconocida por su especial imagen y belleza. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Según Julio Castillo Hernández, jefe del Departamento de Inversiones en el sector, se dispone de 2 590 000 pesos, de los cuales se ha ejecutado el 71 por ciento de lo planificado para el año.

“Junto a la Roberto Quesada también se terminaron los trabajos en la escuela primaria Puerto Rico Libre, de Trinidad, la escuela especial Valle Grande, de Jatibonico, se reparó el comedor del centro Antonio Maceo, de La Sierpe, y se concluyeron los trabajos en el Círculo Infantil Ernestito, de Taguasco. Aun cuando se reanudó el curso escolar, se ejecutan acciones en las escuelas primarias Ramón Ponciano, de El Majá, en la Inti Peredo, de Taguasco, así como la primaria Mártires del Granma y la escuela pedagógica Rafael María de Mendive, de la cabecera provincial, y en plantel Mártires de la familia Romero, de Fomento”, acota Julio.

LA ESCUELA COMO UN ESPEJO

Según Tania, es la misma escuela con sus 84 trabajadores y 66 docentes, solo que algo cambió desde que en marzo la COVID-19 puso en pausa el curso escolar.

“Ahora es diferente porque, además de sustituir el mobiliario de algunas áreas, ha existido inspiración por parte de muchos, entre ellos los instructores de arte que han ambientado paredes y murales. Yo la llamo nuestro palacio y, como tal, cada espacio es disfrutado por los estudiantes”, asegura la directora de la escuela.

Detrás del edificio hay manos que mantienen verde y bien cultivado un huerto de vegetales que tributa incluso a la cocina centralizada; alrededor de toda la escuela una jardinería de ensueño, bien trabajada con elementos rústicos y chatarra, dice del empeño de Reinier, el jardinero empeñado en que los niños quieran más el lugar donde pasan la mayor parte del día.

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Los niños cumplen el horario de la higienización. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

El sonido del timbre anuncia que son las nueve. Salen en fila, sin el tropel acostumbrado a la hora del receso. Es que todos están conscientes del cuidado que se requiere. Lo hacen a conciencia y la hilera avanza rápido para lavarse las manos. El distanciamiento es lo más difícil, no hay matutinos y todos juntos no pueden cantar el himno, que por ahora se entona en las aulas.

“Es una experiencia única, en la cual hemos tenido el apoyo de los padres y de la propia comunidad. Los niños han sido maravillosos porque pensábamos que no aguantaban las mascarillas, pero es increíble, ni la tocan y saben incluso a qué hora deben higienizarse. Ellos han sido los protagonistas de esta batalla que empieza ahora”, asevera Mirta Imiliano Hernández, fundadora del centro y jefa de ciclo.