Las sombras del Escambray
Especial dedicado al 50 aniversario de la victoria sobre el bandidismo

Mis grados me los gané en combate

Catalino Olachea afrontó incontables situaciones de peligro durante el combate sin cuartel a las bandas contrarrevolucionarias y realizó sus sueños de cuando era un muchacho campesino muy pobre y sin futuro

Cuando aquel negrito espigado del central Ulacia —luego Carlos Baliño— del municipio villareño de Santo Domingo pudo coger un lápiz en sus manos, le pareció que el pequeño cilindro de madera y grafito lo iba a sacar de la miseria y del atraso seculares que padecían los de su clase y su color a lo largo y ancho de la isla de Cuba.

Con el modesto instrumento de cultura que la Revolución le puso en la diestra y mucho interés de su parte, Catalino Olachea remontó su nivel de escolaridad y se abrió un horizonte cada vez más amplio. Pronto se vio entre los fundadores de las Milicias en el batey, presidente de una asociación campesina y activista de cuanto nuevo proyecto impulsaba el Gobierno revolucionario en la zona.

Un día vinieron captando candidatos para la Escuela de Responsables de Milicias, de Matanzas, y Catalino dio el paso al frente. Subió tres veces el Pico Turquino y formó parte de los 700 “sobrevivientes” entre los 2 000 alumnos que iniciaron el curso.

GIRÓN

“Sí, nos graduamos mucho menos de la mitad de los alumnos que empezamos y no en un acto especial, sino que se consideró el 17 de abril de 1961 la fecha de graduación de mi promoción, porque la escuela en pleno fue ese día con el director, el capitán Fernández, a combatir a los mercenarios en Playa Girón. Todos, menos mi compañía que estaba de guardia, y nos tuvimos que quedar de guarnición.

“Eso me creó un complejo porque cuando los compañeros regresaron empezaron a comentar: ‘no, que yo hice esto, y fulano hizo aquello y mengano lo otro’… y yo que no había hecho nada. La historia que siguió ya la conoces, mis grados me los gané en combate”.

DEBUT EN EL ESCAMBRAY

El primero de mayo de 1961 el flamante teniente Olachea, con el uniforme y las botas nuevecitos y relucientes como sus grados, llegó al lomerío de Guamuhaya y fue asignado como instructor de una milicia campesina formada en San Blas al terminar la gran operación denominada Primera Limpia del Escambray.

Pero la cordillera se infestó otra vez. Allí estaban desgranando crímenes Osvaldo Ramírez, los hermanos Blas y Pangüín Tardío, Porfirio Guillén y otros cabecillas con sus respectivas bandas, incrementadas a partir de la promulgación de la Segunda Ley de Reforma Agraria. Así que a Olachea le tocó poner en práctica los conocimientos teóricos adquiridos en aulas y polígonos.

“En diciembre de 1961 tuvimos que operar contra los bandidos en Cuatro Vientos, Naranjal y Aguacate. En la primera salida chocamos con la banda de Pangüín Tardío y le capturamos a un alzado. Luego nos enfrentamos con la banda de Realito y aunque le cogimos a tres elementos, él logró escaparse. En esta zona fui testigo del asesinato del viejo Toledo y su hijo por la cuadrilla de Pangüín y también del anciano Israel Díaz y de un campesino que tenía una finca llamada La Bandera Cubana, víctimas de otro grupo de asesinos.

“Al poco tiempo de estar en las lomas, me nombran jefe de batallón de LCB y me mandan a operar en el noreste de las provincias de Las Villas y Camagüey donde todavía quedaban varias bandas. Allí participamos en la captura de las cuadrillas de Estervino, Mario Bravo, el Bizco María, Floro Camacho y un tal Rojas. Alternamos las operaciones en la zona norte con otras en el Escambray y el sur de El Jíbaro, lugar este último donde se cogió a la gente de Idael Rodríguez Lasval, alias El Artillero, quien nos mató a un primer teniente y a un muchacho de Condado.

“Luego nos tocó perseguir en el norte villareño a las bandas de Benito Campos y su hijo, José María Campos. A este lo apresamos en la provincia de Matanzas, cerca de Colón y una semana después cayó Benito. Posteriormente fuimos como jefe de sector de la LCB a la zona de Cumanayagua, donde capturamos a un elemento que se hacía llamar comandante Peñate y también cayeron en nuestras manos las bandas de Izaguirre, Luis Molina y Vale Montenegro.

“El 3 de enero de 1963, siendo jefe del Sector de Crespo, en Cumanayagua, conocí por información de un campesino sobre la presencia de bandidos dentro de un cañaveral. Era Porfirio Guillén, segundo jefe de bandidos en el Escambray. El 4 por la madrugada tiramos el cerco, que quedó listo a eso de las seis de la mañana y cinco minutos después ya estábamos fajados a los tiros. Allí cayeron 13 bandidos, entre ellos Porfirio Guillén, se capturó a uno vivo y se escapó otro, Israel Pacheco, que luego fue apresado por la Seguridad en La Habana.

“El 6 de septiembre de 1963 iniciamos una operación de cerco en el poblado de Guao en la carretera de Cumanayagua a Cienfuegos y otra cerca de Barajagua. Por la noche los bandidos trataron de romper. Allí nos mataron a un compañero y nos hirieron a otros dos, pero le echamos el guante al cabecilla Izaguirre.  En Guao, Pangüín Tardío fue herido y capturado cuando intentaba escapar”.

PELIGRO: PESTE A BANDIDO

¿En qué momento cree usted que corrió el mayor peligro?

“Tuve muchos momentos de peligro en el Escambray. El peor fue un día en que íbamos peinando un campo de caña y sentí una peste a yerba podrida de mil diablos. Me percaté de que los bandidos estaban muy cerca de mí, así que le quité el seguro al FAL y seguí caminando por el surco como si no me hubiera dado cuenta de su presencia, pero ellos me vieron y dijeron: ´Cojan a ese negro e’mierda, ¿no ven que trae un FAL? Cójanlo, que es un jefe comunista`”.

“Logré salir y me metí en una pequeña zanja mientras ellos venían disparando detrás de mí. Uno se dirige haciendo fuego hacia donde yo me encontraba, le tiro y veo que cae. Mis compañeros les disparan a los otros bandidos y varios son puestos fuera de combate, pero en eso sale uno corriendo de nuevo hacia las cañas, dispara y nos mata al combatiente Manuel Tejeda.

“Entonces mis milicianos por la posición que ocupo prácticamente en el área por donde salieron los alzados enfocan el fuego sobre mí y me ponen un carnaval de plomo. Le digo que me las vi negras hasta que cesó el tiroteo y pude identificarme.

Cheíto León, el asesino de Alberto Delgado, también trató de romper por donde estábamos en un cerco en Javira, al lado del río Guaurabo. Siete alzados venían tirando a todo volumen hacia nosotros y vimos caer a nuestro lado al cabo Elugerio Pérez Batista y al sargento Santos Reyes, jefe de pelotón de la LCB. De aquella banda allí cayeron cuatro, entre ellos Cheíto.”

CASTELLÓN, MI MODELO

Casi siempre cuando se habla del Caballo de Mayaguara, se menciona a Catalino Olachea. ¿Qué opinión le merece a usted ese hombre?

“Yo conocí a Gustavo Castellón desde que llegué al Escambray en 1961. Era un compañero muy sacrificado y muy valiente; yo le agradezco a él el haberme comportado como lo hice porque tuve su ejemplo a lo largo de los más de cuatro años que estuvimos juntos. Con la tropa era como un padre, siempre luchando por mejorar la comida, por conseguirnos calzado, porque tuviéramos ropa y albergue decentes. Eso sí, era un enemigo radical de lo mal hecho, de la chapucería y del abuso.”

Nota: Catalino Olachea combatió junto al Che en el Congo (Leopoldville) y cumplió dos misiones en Angola. Pasó a retiro con grados de coronel, siendo teniente coronel jefe de Estado Mayor de un Regimiento de Infantería Motorizada de las FAR.