Periódico de Sancti Spíritus

Olga Salanueva: René va de la celda a una trampa

Olga responsabiliza al gobierno de EE.UU. con la seguridad de René.

A escasas horas de que René González Sehwerert sea liberado en un centro penitenciario de Marianna, Florida, luego de cumplir la injusta condena de 15 años, Escambray digital dialogó con Olga Salanueva Arango, esposa del luchador antiterrorista cubano, quien no podrá participar de ese momento pues el Gobierno de los EE.UU. la declaró como inelegible permanentemente, lo que la limita entrar a ese país.

Por Enrique Ojito Linares

Nunca se creyó Rambo, como lo recordó ante el Tribunal en el 2001; incluso, ni cuando “secuestró” una avioneta para viajar hacia Estados Unidos el 8 de diciembre de 1990, ante la alarma de medio mundo en el Punto Aéreo de San Nicolás de Bari, en la entonces provincia de La Habana.

René González Sehwerert jamás sospechó la historia de silencio y dignidad que protagonizaría como agente de la Seguridad del Estado, cuya primera parte finalizará este 7 de octubre al dejar atrás la última puerta de la Federal Correctional Institution de Marianna, Florida, para ir luego en busca del abrazo tibio de los suyos, coartado hace 13 años por la (in) justicia norteamericana.

Cuando las horas ceban la expectativa por el reencuentro familiar y con los amigos solidarios a favor de la causa de los Cinco luchadores antiterroristas, Escambray dialogó con Olga Salanueva Arango, su  esposa, sin olvidar que a ella las autoridades estadounidenses la privarán de ese instante, y que la jueza Joan Lenard, del Distrito Sur de la Florida, le había impuesto tres años de libertad supervisada a su compañero.

Olga, ¿cómo se entera de la negativa de la jueza de aceptar la moción presentada por René para regresar a Cuba?

René debe cumplir tres años de libertad supervisada en EE.UU.

En horas de la noche del 16 de septiembre él me sorprende con una llamada: “Quiero que te enteres por mí: la jueza rechazó la moción”. Imagínate; a pesar de que conocíamos que la fiscal se había opuesto a la moción presentada, teníamos la esperanza de que regresara aquí. Teníamos ilusiones, yo quería pintar la casa, Ivette se lo había dicho a todos los niños de la escuela. Irmita tenía planes con su papá, inclusive, estaba haciéndose la idea de tener un hijo; ella ha postergado su maternidad para que su papá esté; recuerda que René se perdió la infancia de sus dos hijas. Todas las ilusiones se vinieron abajo; una vez más nuestros sueños se han destruido por una decisión del imperio.

A partir de ahí hemos tratado de levantarnos, y tenemos todos que adaptarnos a esta nueva situación; una situación muy difícil, por un lado, él estará solo en Estados Unidos, donde corre peligro. Y aunque la jueza dejó una puerta abierta cuando dijo que en el transcurso de la libertad supervisada puede volver a pedir la solicitud, no sabemos cuándo podrá suceder.

¿Qué nos queda? Él vivir allá, donde pueden ir a verlo su papá, su mamá, los hermanos, Irmita e Ivette, cuando les den la visa; pero yo no puedo, a mí me declararon inelegible permanentemente para entrar a Estados Unidos. Esos tres años son un castigo adicional. Una de las razones que exponen es que él, al igual que sus compañeros, constituye un peligro para los EE.UU. Entonces, ¿por qué pretenden dejar el supuesto peligro dentro de su territorio? A nuestros enemigos el odio no se les ha agotado.

¿Quiénes le podrán dar ese primer abrazo a la salida de la cárcel?

Su hermano Roberto y su papá; a su papá le habían dado la visa hace unos meses y no la utilizó porque tenía mucha ilusión de recibir a su hijo y traerlo a casa. Irmita e Ivette también van a estar.

¿Qué les recomendó a ellas?

Nadie sabe cómo me quedo aquí. No es una visita cualquiera a la cárcel, cuando visitaban a René siempre iban acompañadas por personas amigas. Además, no corrían gran peligro; sin embargo, ahora sí están expuestas a todo lo que se pueda formar, a todo ese circo que piensan montar. Les dije que no se dejen provocar. El objetivo de ellas es hacer feliz a su papá, hacerlo sentir un poco como en casa, como en familia.

¿Cuánta desazón e impotencia le asisten por no poder disfrutar de ese instante único?

Tengo muy apretado el corazón, no te lo puedo decir de otra forma. Por una parte, me siento feliz pues Rene (sin acento en la entonación) sale de una vez de esas cuatro paredes; y, por otra, me entristece mucho que no tenga derecho de disfrutar la libertad plenamente. René va de una celda a una trampa; estará en constante peligro, sin ningún familiar, ni siquiera personal especializado. Él va estar “libre” en un lugar donde tiene que buscar dónde vivir, trabajar; estará a expensas de cualquier provocación, de cualquier agresión.

Él quedará dentro de la boca del lobo. ¿Qué será de la vida de René en lo adelante? ¿Dónde vivirá?

Eso no se puede hacer público; tenemos que cuidarlo de alguna manera. Responsabilizamos al gobierno de Estados Unidos por su seguridad, y vamos todos a luchar por sacarlo de ese estado, de apoyarlo anímicamente.

Durante todo este tiempo de encarcelamiento, no pocas personas cercanas a ustedes han quedado en el camino, por ejemplo, su papá. ¿Cómo usted siente en este minuto el aliento de él, quien una vez le dijo: “Hija, está preso; pero no es un traidor”?

Mi papá fue ejemplo para mí de honestidad, de hombre trabajador; me decía que no tuviera odio, que había muchas cosas buenas para estar mirando con odio o guardar un sentimiento oscuro. Esa idea suya me ha encaminado en la vida en las situaciones más difíciles, como esta de ahora.

Los esposas, los hijos y los familiares de los Cinco por lo menos los tenemos a ellos, están vivos. Están ahí, con salud; hay por qué luchar; pero siempre tenemos que mirar a aquellos que han perdido a sus seres queridos; te hablo, por ejemplo, de los hijos y del resto de los familiares de las víctimas del crimen de Barbados.

Usted ha sido madre y padre a la vez.

Ha sido muy difícil, estresante. Cuando René cae preso las niñas estaban muy chiquitas. ¿Cómo le explicaba a Irmita, de seis años, que su papá, que estaba todos los días con ella, de pronto no estaba?; él la llevaba al parque, a la escuela. Fueron no pocas preguntas, otras no me las hizo. Hoy me dice: “Había muchas que yo no te hacía por temor a la respuesta”. Ivette, desde que prácticamente abrió sus ojos, te preguntaba: “¿Quién es mi papá?”. Es duro para cualquier persona conocer a su padre a través de carteles.

A veces a uno le dan ganas de encerrarse en el cuarto y no ver a nadie, y estar ahí leyendo un libro; aunque tampoco me pueda concentrar. Pero, allá afuera están tus hijas y no las puedes convertir en unas amargadas.

¿Qué queda de la Olga de 22 años, que llegó a la vida de René cierto día en una playa, cuando usted laboraba en un departamento de Contabilidad en el entonces Ministerio de Comercio Exterior?

Creo que queda poco (RÍE). Nuestra juventud se ha ido trasladando hacia nuestras hijas; tenemos la suerte de tener hijos y vernos repetidos en ellos. Por eso, pienso tristemente en las que no han tenido ni la oportunidad (Rosa Aurora Freijanes y Adriana Pérez).

Es cierto, hubiésemos disfrutado de nuestras vidas juntos; pero no me arrepiento, porque como dice René, era necesario. Ellos fueron llamados a esa noble misión, otros hubiesen actuado del mismo modo. Es verdad que hemos perdido parte de la juventud; pero, a cambio, hemos ganado prevenir, aunque sea, un atentado; impedir que aumente con otro nombre la larga lista de víctimas del terrorismo. A alguien le debía corresponder y les correspondió a ellos cinco. Al final dices: no soy la profesional que soñé ser; pero nosotras, con mucho honor, les seguimos en la retaguardia.

Luego de tres meses de prisión, en noviembre de 2000 a usted la deportaron hacia Cuba y aquí llegó con un pequeño maletín, solo con las cartas de René. ¿Pensó, entonces, que la lucha por el retorno de los Cinco se dilataría tanto?

Nunca me lo imaginé, ni yo ni el resto de los familiares. Primero pensamos que el juicio iba a comenzar antes y durar poco tiempo. Tomamos fuerzas cuando vimos que la Defensa lo ganó técnicamente. Poco a poco vimos cómo los declararon culpables; ese diciembre del 2001 fue un duro golpe para todos. Los abogados nos dijeron que había un camino por seguir, estaba la apelación. Empezó la solidaridad, a crearse esta gran ola que existe hoy, que aún no es suficiente; pero existe… Nos dan otro golpe, nos estremecemos porque somos seres humanos, y volvemos a tomar fuerzas, sobre todo de la que emana de ellos mismos que han sufrido todo este ensañamiento político. Cuando vamos a ver ya han pasado 13 años y me pregunto: ¿13 años? Pero, de pronto miro hacia el lado y veo a Ivette, que ya tiene más estatura que yo. Ivette marca la edad de la injusticia; ella tenía cuatro meses y medio al caer preso René.

Él terminó su sentencia ahora; sin embargo, pensemos siempre que hay uno que no tiene fecha de salida: Gerardo. Por eso, tenemos que incrementar nuestras denuncias. Por Gerardo y por todos, no nos cansemos en la batalla.

René debe convertirse en un puntal en la lucha por el regreso de sus hermanos. ¿Le permiten, legalmente, involucrarse en dicho propósito?

En días próximos va a tener una entrevista en una oficina de Probatorio; ahí le leerán todas las condiciones, las generales las conocemos, como la de no acercarse a o visitar lugares específicos donde se sabe que están o frecuentan individuos o grupos terroristas; de hecho, una cuestión absurda. Las condiciones particulares están por ser establecidas, no sabemos si puede emitir mensajes, dar conferencias, no sabemos cuál será su radio de acción. Ahora bien, él está convencido de que sale de la cárcel; pero no a disfrutar la libertad. Le hace falta a sus hermanos, y mucho.



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