Cruzada por el renacimiento cultural

El Teatro Principal fue remozado a un costo aproximado de 2 millones de pesos. Lenta, tímidamente, Sancti Spíritus se despereza de la modorra que la mantuvo durante años casi ausente del panorama cultural de la nación, no porque faltara talento en estos lares, sino por la estrechez de opciones y espacios que, pese al minimalismo provinciano, pudieran gestar un movimiento coherente, bien pensado, capaz de satisfacer los más diversos gustos estéticos.

Tal vez a ello se refería Rafael Bernal Alemany, ministro de Cultura, cuando en un recorrido que llevara a cabo en agosto pasado por instituciones del territorio conminó a “hacer de la vida cultural un verdadero patrimonio de los espirituanos”, y a esa suerte de florecimiento artístico aluden constantemente quienes reclaman una mayor intencionalidad en las acciones de enriquecimiento espiritual que se conciben desde el terruño.

No obstante, con la infraestructura desvencijada era poco menos que imposible emprender cruzada alguna por el renacimiento cultural en predios del Yayabo: difícilmente la ciudad se hubiese colado, por ejemplo, en el itinerario de las giras nacionales que nos obviaban con una tranquilidad pasmosa -valga el lugar común- de haber continuado sin un escenario digno; y de nada habría valido el entusiasmo por celebrar los 500 años de Sancti Spíritus y Trinidad si ambas villas no ajustaran al detalle los cronogramas de remozamiento integral y mejoría de la imagen.

De ahí que este 2012 le haya deparado a la provincia una de las noticias más esperadas: la reapertura del Teatro Principal, luego de un proceso inversionista que devolvió prestancia al otrora depauperado coliseo.

Más allá de los elementos cuestionables que no pocos señalan en su restauración, el teatro devolvió a los espirituanos un sitio de incalculable valor patrimonial -considerado una de las tres joyas arquitectónicas de la comarca- y la oportunidad de asistir a espectáculos de lujo, entre ellos la memorable actuación de la Camerata Romeu, la presentación del Ballet Español de Cuba y, más recientemente, de la compañía Danza Espiral.

Las obras en el Principal no fueron, sin embargo, un esfuerzo aislado: las calles aledañas recobraron el empedrado perdido, disimularon los cables de electricidad y retomaron la estampa costumbrista que permitirá, a la postre, crear una atmósfera de mayor vuelo estético que incluya al coliseo, la Casa de las Promociones Musicales y, descendiendo hacia el río, la también remozada Quinta Santa Elena, hoy sede del proyecto sociocultural La Guayabera.

Ese es, precisamente, otro de los espacios ganados para el concierto cultural yayabero, no solo porque devino asiento definitivo de la inestimable colección de prendas de vestir donadas por personalidades de medio mundo, sino también por la diversidad de propuestas artísticas y recreativas con que sus gestores han conseguido motivar, sobre todo, a la juventud.

En la antesala del medio milenio, ha ganado prominencia la preservación del patrimonio, al punto de que el remozamiento de fachadas, la reconstrucción de lugares públicos y la pintura de las principales arterias, sobre todo en Trinidad y la capital provincial, han dejado de valorarse únicamente en virtud de la inversión que representan en materia económica para concebirse como lo que en realidad son: acciones impostergables para la salvaguarda del legado construido.

La tercera villa de Cuba finalmente suspiró aliviada cuando, a mediados de este año, reabrió sus puertas el Museo de Arqueología, después de una dilatada reparación y demoras en el montaje de las colecciones, que mantuvieron al centro durante una década en la periferia del concierto cultural trinitario. A ello se suma el quehacer constante de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios en cuanto proyecto contribuya a sostener el equilibrio -a veces precario- entre tradición y modernidad.

El resto de los municipios, sin embargo, no ha corrido con similar suerte, pues, salvo acciones puntuales de mantenimiento por las manquedades del presupuesto, el trabajo cultural ha tenido que desarrollarse en las mismas instituciones urgidas, en no pocos casos, de rehabilitaciones integrales.

Más allá del despertar constructivo que necesita expandirse con mayores bríos fuera de las dos villas primigenias, lo que realmente precisa el panorama artístico espirituano es aprovechar todos los escenarios disponibles -los remozados y los que aún aguardan por mejores tiempos- en la gestación de una vida cultural orgánica, inclusiva, libre de los maniqueísmos en que suelen caer los territorios pequeños. Para ello, por supuesto, han comenzado a colocarse desde ahora las primeras piedras.

RETOQUES EN EL SECTOR

Durante el año recibieron los beneficios del mantenimiento constructivo instituciones culturales del territorio como:

Casa del Joven Creador, de Sancti Spíritus

Sede provincial de la Sociedad Cultural José Martí

Complejo Histórico Camilo Cienfuegos, en Yaguajay

Sede de la AHS, de Yaguajay

Biblioteca Municipal de Fomento

Museo de Lucha Contra Bandidos, de Trinidad

Librería Julio Antonio Mella, de Sancti Spíritus

Museo Municipal de Taguasco

Obelisco La Reforma, de Jatibonico

Sede de La Colmenita de Jarahueca

Casa de Cultura de Trinidad

Casa de Cultura de Guayos

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