Periódico de Sancti Spíritus

El bandidismo durante la Operación Mangosta

Después de la derrota de la Brigada 2506 en Playa Girón, la administración de Kennedy recurrió inmediatamente al incremento de la actividad subversiva contra Cuba, incluida la reactivación de las bandas de alzados que a principios de abril de 1961 habían quedado prácticamente liquidadas durante la Limpia del Escambray.

El 23 de abril de 1961 Kennedy constituyó una comisión presidida por el General Maxwell Taylor para investigar las causas del fracaso de la invasión, la cual presentó el 4 de mayo un documento titulado Cuba y el Comunismo en el Hemisferio, que en uno de sus párrafos decía: El incremento de las acciones guerrilleras apoyadas eficientemente por EE.UU. podría alterar las actividades normales de Cuba y mantener la resistencia viva contra los fuertes controles y la represión.

El 19 de mayo, la administración de Kennedy estaba enfrascada en el Programa de Acciones Encubiertas para debilitar el régimen de Castro, que en el inciso C planteaba las operaciones de apoyo a las actividades guerrilleras. En su ejecución tendría una participación decisiva la CIA, por medio de la Estación JM/WAVE radicada en la Florida, la cual creó importantes redes de espionaje y subversión como el Frente Unido Occidental, en Pinar del Río, encabezado por Esteban Márquez Novo, que se proponía realizar un levantamiento nacional, para lo cual se extendió a varias provincias; las redes de Mariano Pinto Rodríguez y Luis Puig Tabares, en Las Villas, que entre sus objetivos incluían el abastecimiento a las bandas; y la red Gato Negro, de Joaquín Escandón Ranedo, Pedro Comerón Pérez y Manuel del Valle Caral, en Oriente, que buscaba información militar y fomentar alzamientos.

Al menos en seis ocasiones la CIA logró contactar con los principales cabecillas de alzados. En junio de 1961, su agente Javier Souto contactó con Osvaldo Ramírez, cabecilla principal del Foco del Escambray, quien el 16 de julio reorganizó a los alzados en comandancias y zonas de operaciones para abarcar más territorio. A partir de ese momento los alzados comenzaron un proceso de fortalecimiento de sus huestes, caracterizado por evadir el combate frontal con las fuerzas revolucionarias; y el incremento de sus acciones terroristas, realizando sabotajes y horribles asesinatos con el propósito de hacer fracasar los planes de desarrollo del Gobierno Revolucionario, crear un clima de temor en las zonas rurales que le restara apoyo a la Revolución y desatar una insurrección nacional que propiciara una intervención militar de las fuerzas armadas norteamericanas.

El 26 de noviembre de 1961 la banda de Julio E. Carretero torturó y asesinó cruelmente al alfabetizador Manuel Ascunce Domenech, de sólo 16 años de edad, y a su alumno el campesino Pedro Lantigua Ortega.

La respuesta de la Revolución no se hizo esperar, se incrementaron las operaciones militares contra las bandas y se aprobó la Ley 988 que sancionaba severamente a todo el que se sumara a las acciones bandidescas contra la Revolución, mientras 100 mil jóvenes se habían brindado espontáneamente para incorporarse a la Campaña de Alfabetización.

Cuatro días después del asesinato de Ascunce, el Gobierno norteamericano desencadenaba oficialmente la Operación Mangosta. Los especialistas en guerra irregular en el Pentágono sostenían las tesis de que un grupo de comandos debidamente instruidos  podrían crear las condiciones para formar focos de alzados. Como jefe de Operaciones fue designado el General Edward Lansdale, un experto en contrainsurgencia, que en uno de los documentos que elaborara concibió varias fases desde marzo hasta octubre de 1962. La fase Resistencia, que se desarrollaría entre agosto y septiembre, planteaba el paso a las operaciones guerrilleras, la última fase sería en octubre y según sus cálculos culminaría con el derrocamiento de la Revolución.

A la administración de Kennedy no le preocupó que el papel asignado a las operaciones guerrilleras llevara implícito la ejecución de acciones terroristas y el asesinato de civiles.

En ese documento Lansdale le preguntó al Grupo Especial Ampliado, un equipo de trabajo creado en el Consejo de Seguridad Nacional, para coordinar las acciones anticubanas de todas las agencias del gobierno, ¿acaso EE.UU. respondería con prontitud enviando una fuerza militar auxiliar para el levantamiento en Cuba?  El asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Mc George Bundy, respondió en otro documento. (1)

a) Para llevar a cabo el derrocamiento del gobierno en cuestión, EE.UU. hará el máximo uso de los recursos nativos internos y externos, pero reconoce que el éxito final requerirá de una intervención militar decisiva de EE.UU.

b) Los recursos nativos, tal como están desarrollados, serán utilizados para preparar o justificar la intervención, por lo tanto para facilitarla y apoyarla.

La CIA se empeñó en los recursos nativos y trató de crear un frente nacional de alzados cuya jefatura radicara en el centro del país. Destinó numerosos recursos a apoyar las bandas, que en su mayoría estaban compuestas por ex militares de la tiranía, lumpens, antiguos empleados de terratenientes y burgueses, campesinos y trabajadores agrícolas políticamente confundidos, e individuos que habían participado en la lucha insurreccional movidos por oscuras ambiciones personales. A pesar de estos esfuerzos de la CIA, con la excepción del Foco del Escambray, nunca lograron estructurar una comandancia central.

El primer asesinato cometido por los bandidos dentro del período oficial de vigencia de la Operación Mangosta fue ejecutado el 15 de enero de 1962 cuando la banda de Jesús R. Real Hernández asesinó al campesino Valentín Alonso Maceda y a su hijo Valentín Alonso Barrera, en el Escambray. El último crimen fue realizado el 28 de diciembre, cuando varios miembros de la banda de Gustavo A. Sargent Pérez asesinaron a Flores Colina Díaz y al campesino José Tristá, en Ranchuelo, Las Villas. En ese lapso los alzados cometieron 75 asesinatos en todo el territorio nacional y les causaron heridas a 152 civiles.

El agente CIA Manuel Guillot Castellanos se entrevistó en enero de 1962 con el cabecilla Manuel A. Pacheco Rodríguez, El Congo, y le prometió ayuda material y financiera, y en los primeros días de marzo contactó con Juan José Catalá Coste, el principal cabecilla de los alzados en Matanzas. Lo reconoció como jefe provincial y se comprometió en apoyarlo con material bélico.

La muerte de Osvaldo Ramírez el 16 de abril constituyó uno de los golpes más demoledores sufridos por los alzados en esta etapa. Fue reemplazado por Tomás David Pérez Díaz, San Gil, quien le imprimió más agresividad a las acciones terroristas; y el 19 de julio fue ratificado como máximo cabecilla del Escambray, en una reunión efectuada en la zona de Hoyo del Naranjal. Sin embargo, el incremento de los asesinatos, lejos de amedrentar a los habitantes de las zonas rurales, fortaleció su unidad con las fuerzas revolucionarias y su hostilidad contra los alzados.

El 3 de julio de 1962, el Comandante Juan Almeida Bosque creó la Sección de Lucha Contra Bandidos en el Ejército del Centro, bajo el mando del Comandante Raúl Menéndez Tomassevich, y se perfeccionaron los métodos de enfrentamiento a partir de una mejor utilización de los recursos y de una mayor coordinación entre las tropas en operaciones, las Milicias que participaban voluntariamente en la persecución de los alzados y los Organos de la Seguridad del Estado.

Mientras tanto, el agente CIA Julio Hernández Rojo instaba a los bandidos en Matanzas a sumarse al levantamiento que el Directorio Revolucionario Estudiantil (DRE) tenía programado para el 30 de agosto, pero el día 29, la Seguridad del Estado detuvo a los conspiradores.

Durante la Crisis de Octubre los alzados se mantuvieron inactivos en espera de una invasión.En tanto, el 5 de noviembre, el agente CIA Luis David Rodríguez, cabecilla de la organización contrarrevolucionaria Resistencia Cívica Anticomunista (RCA), se entrevistó con Tomás San Gil, le entregó dinero y lo exhortó a que ejecutara más acciones terroristas que trascendieran, para justificar nuevas solicitudes de apoyo material y financiero.

El 26 de diciembre, el bandido Juan L. Morales Sosa fue enviado a La Habana para contactar con la RCA y salir clandestinamente hacia Estados Unidos en busca de apoyo, pero sería detenido en marzo de 1963.

La Operación Mangosta fue cancelada oficialmente el 3 de enero de 1963. Entre noviembre de 1961 y enero de 1963, actuaron unas 181 bandas con unos mil 580 efectivos. Fueron capturados 30 cabecillas y cientos de alzados y se aniquilaron 14 bandas. También resultaron detenidos 11 agentes de la CIA y cinco agentes del Servicio de Inteligencia Naval, de la Base Naval de Guantánamo.

Los alzados realizaron decenas de ataques contra comunidades campesinas, destruyeron más de 30 viviendas, incendiaron 41 escuelas rurales, 12 granjas estatales, 14 tiendas del pueblo, 19 almacenes agrícolas y realizaron unos 20 asaltos a vehículos civiles, entre otras acciones.

Durante el enfrentamiento a las bandas cayeron unos 85 combatientes y centenares resultaron heridos. También se materializaron más de 25 infiltraciones, de ellas unas 15 estuvieron relacionadas con los alzamientos, pero casi todas fueron detectadas y neutralizadas sin que lograran sus objetivos. Después de la Operación Mangosta los alzados entraron en una etapa de crisis irreversible que culminaría con la liquidación total del bandidismo dos años después.

El 26 de Julio de 1965, en Santa Clara, durante el acto central por el XII aniversario del asalto al cuartel Moncada, nuestro Comandante en Jefe señaló: El imperialismo recibió una lección inolvidable, el imperialismo recibió una lección no menos importante que la que recibió en Playa Girón, el imperialismo aprendió que los guerrilleros contrarrevolucionarios no pueden prosperar (…) la lucha guerrillera es un arma formidable, pero como arma revolucionaria.

Pedro Echeverry Vázquez (Publicado en Granma el 14 de octubre de 2002)

(1) Lineamientos para la Operación Mangosta. Grupo Especial (Aumentado). Documento desclasificado por el gobierno de los Estados Unidos.



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