La villa escondida de Manaca-Iznaga

Los trabajos incluyen la reanimación total del barrio.Técnicos de restauración y constructores tratan de preservar el estado original de las viviendas que conforman el único barracón de esclavos que hoy existe en toda América Latina.

Desde el portal de su casa, la anciana no despega la mirada de la enorme ceiba, árbol sacro que, sin respetar el invierno, no cesa en el goteo constante de flores de un rosado tan pálido como el día. Con la mirada perdida hasta donde le alcanza el paisaje, se aísla de todo lo demás, quién sabe si tratando de recordar los cuentos que oyó de sus ancestros, hijos de esclavos que tenían el privilegio de vivir agrupados en pequeñas casas y no en barracones malolientes diseñados contra fugas y alzamientos.

Con esta restauración se favorecerán más de medio centenar de familias oriundas o no del barrio. Lo que ella no sabe y así lo cuentan los historiadores, es que en esas viviendas de Manaca-Iznaga, incluida la suya, vivieron aproximadamente 400 esclavos, privilegiados para la época, y que esos barracones erigidos muy cerca de la casa-hacienda son exponentes únicos de América Latina y devienen pieza clave para comprender la importancia de una sucesión de pequeñas y modestas casas o bohíos en forma de U, idea de la familia Iznaga, la más poderosa y rica de la región en el siglo XVIII.

CASAS GEMELAS

Preservar ese patrimonio único es el objetivo de la rehabilitación integral de las casa-barracones de esclavos auspiciada por la Oficina del Conservador de la ciudad de Trinidad, apoyados en los trabajadores de la Empresa de Conservación y Restauración del Valle de los Ingenios, quienes se empeñan en mantener en lo posible la estructura original de los ranchos donde vivían los trabajadores, tal y como los describe Justo Germán Cantero en el Libro de los Ingenios: “Las habitaciones de los negros son de mampostería y teja, formando cuatro calles, y se componen de sala, comedor, aposento, recámara y un portal al frente de sus respectivas calles”.

Luis Marín, jefe de cuadrilla de la Empresa de Conservación y Restauración del Valle de los Ingenios. A Luis Marín, jefe del grupo de restauradores, se le dificulta mantener a los hombres dentro de las habitaciones, cuyos reducidos espacios conspiran contra la rapidez de los trabajos.

“Estas eran casas gemelas; es decir, un único cuerpo con una sola crujía, una puerta y una ventana. A medida que pasó el tiempo sus dueños fueron utilizando los espacios vacíos y se ampliaron; ahora se hace engorroso recuperar el estado original. Actualmente trabajamos en tres casas, sobre todo en la rehabilitación de los techos. En la parte original colocamos tejas criollas y dejamos planas en los añadidos para mantener la diferencia”.

Cada vez que intenta empotrar una puntilla en la pared Arturo Ruiz, el electricista, tropieza con una barrera más dura que el concreto, algo que desmiente la aparente debilidad de las casuchas cuyas paredes originales son de mampuesto (tercio, piedra y ladrillos) conformadas por rocas, algunas de ellas imposibles de levantar por un solo hombre. Por eso se faja a disimular los cables y los interruptores en canaletas plásticas escondidas en lo más alto de las habitaciones: “Se supone que antes no había corriente y tratamos de esta manera de darle un viso de naturalidad, como mismo lo hacemos en la Casa Malibrán, expuesta a un proceso similar”.

RESTAURAR OTROS TINGLADOS

Restauradores y técnicos tratan de mantener la estructura original con paredes de mampuesto. Cuando las primeras generaciones de Iznaga decidieron violar los cánones de la época al permitir a los esclavos vivir con relativa libertad dentro de un pequeño caserío a un costado del batey, no podían imaginar que la descendencia mantendría en pie aquellas chozas de piedra y que, pasado más de un milenio, familias enteras se cobijarían en ellas.

En pleno siglo XXI todavía Eneida, como muchos de los vecinos, apuesta por su casa ya reparada que también habitó mucho antes su mamá Pastora Quesada.

“Eran pedazos de casas que con cuanto viento pasaba perdía algún trozo; las habitaciones apenas eran habitables, algunas paredes estaban en derrumbe y las puertas tenían quién sabe cuántos años a cuestas. Con la restauración mejoraron el techo, las paredes y también la carpintería. Al menos ahora tenemos una vivienda adecuada”.

Se trabaja en la restauración de los techos en algunos inmuebles. Norberto Carpio, director de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios, asegura que el proyecto es mucho más ambicioso ya que, además de la recuperación de los 36 barracones, abarca la total reanimación de esa especie de pequeña villa exclusiva, el área geográfica y la rehabilitación de moradas construidas mucho tiempo después y con tipologías diferentes.

Preservar los viejos bohíos, barracones o como quiera llamarles, trae, asimismo, el valor intrínseco de favorecer a más de medio centenar de familias oriundas o no del barrio, pero que escogieron para vivir un rincón escondido en medio de la geografía trinitaria. Ni la prepotente sacarocracia pudo llevar al desarraigo a uno de los patrimonios tangibles de un lugar llamado Manaca Iznaga, que como las propias ceibas, diría Carpentier sigue “parado por derecho propio, indiferente a las sequías, indiferente a las lluvias, desafiador de huracanes, testigo impasible y enhiesto de diez, veinte ciclones, en cuyas ramas no anidaban los pajarillos, porque no le interesaban los solos de pífanos ni las músicas de cámara, sino las sinfonías de los vientos viajeros que, de paso, le narran la historia del mundo”.

One comment

  1. Volver a su tan antigua historia de los esclavos en la provincia de sancti spiritus es traer y recordar las etnias africanas las cuales fueron causantes de las mayores humillaciones y mal tratos sufridos por ellos en la epoca de la colonia por lo cual las re construcciones pueden causan sensaciones por lo sublime de los parajes y majestuosidad de los lugares y el maravilloso deseo de buena voluntad del gobierno provincial de mejoras en la actualidad. Lazaro

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