Mi vida es pintar

Mientras llegue la musa y mis manos me acompañen, pintaré sin descanso.(foto: Lisandro Gómez)La espirituana Servanda Peña se alzó con una mención en el Festival Internacional de Arte Naif que tuvo lugar en La Habana. Me siento muy contenta, halagada y de cierta forma es una inspiración, apunta la artista.

La casa de la artista espirituana Servanda Peña simula una galería. Las paredes de la sala parecen tatuadas con sus obras más queridas. Toreros, mulatas, bailarinas y paisajes rurales se combinan en el hogar donde gesta su creación.

“Desde muy pequeña me sentí atraída por el arte sin que nadie me motivara. Un día descubrí que podía expresar a través de los pinceles lo que quería. Desde entonces no he podido desprenderme del placer que siento al hacerlo. Mi vida es pintar”.

Así resume Servanda, quien recuerda con mucho orgullo su primer cuadro titulado Los amantes, en el año 1962, el cual marcó su inicio en la corriente artística denominada naif, caracterizada por la ingenuidad y espontaneidad.

“A mí me descubrió el espirituano Pablo Dalmau. Una vez llegó a la casa y preguntó quién hacía las pinturas. Entonces, Remberto Lamadrid se llevó algunas y las presentó en un certamen en Santa Clara, donde fueron bien recibidas por la crítica, pero no fue hasta el 2004 que mi carrera como pintora salió a la luz, pues en la exposición colectiva Del naif al tratamiento ingenuo resulté seleccionada como la más pura entre todos los que allí presentaron sus obras.

“Luego, conocí al investigador francés Geráld Mouial, quien se acercó a mis trabajos muy interesado y por ello me incluyó en el segundo tomo de su libro Arte mágico en Cuba, donde aparecen fotos de algunas obras y pequeñas sinopsis de 66 pintores del país, ingenuos, primitivos y populares. Posteriormente, logré inaugurar varias exposiciones personales”.

¿Qué inspira a Servanda Peña?

Todos mis cuadros tienen una historia. Por ejemplo, uno es dedicado a los bailes de los carnavales, otro es basado en el texto martiano La perla de la mora; me gusta mucho Antonio Gades, por tanto, lo pinté. Me inspiro lo mismo en una poesía, que en un cuento. Me enamoré de Platero y yo desde que lo leí y logré pintarlo tal y como me lo imagino.

Yo soy ama de casa y por ello debo alternar mis responsabilidades hogareñas con la pintura. A veces por la madrugada me despierto, me viene una idea a la mente y me levanto con los pinceles y colores en las manos.

Las obras Lady Godiva y La señal de la cruz marcaron un antes y un después en su carrera…

Me invitaron a participar en el Festival Internacional de Arte Naif 2012, por lo que escogí esas dos obras porque me gustaron mucho cuando las terminé. Jamás imaginé que con la presencia de tantos países merecería una mención. Cuando lo leí en el periódico Granma no lo podía creer. Me siento muy contenta, halagada y de cierta forma es una inspiración.

Yo no soy de las que crean en busca de resultados. Solo busco la satisfacción personal en cada pieza. Mientras llegue la musa y mis manos me acompañen, pintaré sin descanso.

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