Sindo Pacheco no está de vacaciones

Me faltan un par de novelas por publicar y un par de libros infantiles. (foto: Cortesía del entrevistado)Durante un viaje a su tierra natal, el municipio espirituano de Cabaiguán, en busca de más historias, Gumersindo Pacheco, premio Casa de las Américas, dialoga con Escambray.

No andaba de vacaciones por Guanabo con alguna María Virginia; mucho menos fantaseaba en la luna de Valencia. A pesar de lo ocupado de su tiempo, me lo encontré en Cabaiguán como si nada. Andaba por acá para ver a la familia y quizás tras el beso de Susana Bustamante, la protagonista de su último libro, publicado por la editorial Gente Nueva.

Aquí volvió a desandar los caminos de la infancia en una búsqueda que le imprime un sentido especial a su vida. En María Virginia está de vacaciones, la novela que lo lanzó al mundo literario, así lo plantea: “El pueblo donde uno nace nunca debe perderse de vista”.

¿Qué significado tiene Cabaiguán para Gumersindo?

El origen de uno determina todo. Hasta el nombre que le ponen a uno determina, nunca vas a ser más de lo que fuiste. Si eras obediente y cariñoso, vas a ser eso; si eres guataca y baboso, vas a ser el guataca y el baboso del trabajo. La esencia nunca cambia.

¿Siempre quiso escribir?

Fui un escritor tardío. Yo no sabía qué quería. Una vez me sorprendí escribiendo un relato. Ya había escrito como 10 cuentos infames cuando fui al taller literario. Es como una especie de maldición, porque dinero no da, pero maldición bendita porque sin eso no puedo vivir tampoco.

A Ricardo, uno de sus personajes, se le hizo difícil escribir una carta. Para Gumersindo, ¿qué es lo más difícil?

Lo más difícil que hay en el mundo es la comunicación. Tenemos la lengua, un aparato maravilloso que no sabemos usar. La guerra de las palabras es más eficaz que la guerra de los cañones. A la hora de escribir, lo más difícil son los diálogos.

¿Tiene similitudes con sus personajes?

Muy pocas. Tal vez el carácter, pero no solo mío, sino de la gente que yo recuerdo alrededor mío, el de mis amigos. Siempre el autor le pone algo suyo. La persona que más conozco es a mí. Puede existir una esencia autobiográfica, aunque no es tomado de la realidad.

¿Qué cree de la literatura cabaiguanense?

Siempre he tenido una buena opinión. Cada vez que vengo a Cabaiguán me encuentro con escritores jóvenes y no tan jóvenes. La narrativa es muy buena, hay un nutrido grupo que escribe con seriedad, profesionalismo, están trabajando bien y mucho.

¿Cuéntenos sobre su libro finalista del premio infanto-juvenil EDEBÉ?

Las raíces del tamarindo es la historia de un muchacho que tiene al padre preso, durante su adolescencia enfrenta ese problema, la novela termina con una madurez para el personaje. La escribí estando en Miami, donde vivo hace 15 años, pero transcurre en Cuba. Mis obras siguen aquí y a cada rato vengo por ellas a Cabaiguán.

¿Qué le queda por hacer a Gumersindo?

Muchas cosas, lo único que uno no sabe si las va a hacer porque uno no sabe dónde está la guadaña agazapada. Me faltan un par de novelas por publicar y un par de libros infantiles. Todo eso antes de llegar a esa cierta edad donde uno ya lo que escribe son boberías y los amigos te felicitan y te las aplauden. Lo bueno en esos casos es tener un amigo, uno solito, que te diga: “Eso no sirve”.

Cualquiera arregla un fogón; ahora, ¿cualquiera escribe una novela?

Si tienes mucha decisión, la puedes escribir. Hay mucha gente que estudia y sabe, pero la escritura está en el talento. Ninguna escuela de escritores se ha mantenido en pie, todas fracasan.

¿Sindo o Gumersindo?

Mi familia y mis amigos no me llaman Sindo ni Gumersindo, sino Gume, mi familia me conoce así, mis vecinos. Yo, al igual que el narrador, quiero esconderme, no quiero que confundan a ese Gume personal con el Gume escritor. En el mundo literario la mayoría me dice Sindo, en el personal me dicen Gume. A falta de una dote, de mi abuelo heredé el nombre, en la escuela se reían los jodedores cuando lo decían. Me fajé varias veces, pero no daba resultado, luego me reí con ellos y ahí acabó todo.

¿Qué les dice a sus lectores?

Les doy las gracias por leerme. Uno trabaja para eso, como dice Umberto Eco, para hacer el amor con cierta idea. Tener lectores es el fin de uno. Doy las gracias a los míos, estoy aquí para hacerlos reflexionar, llorar y que crezcan como seres humanos.

El beso de Susana Bustamante es el último libro suyo publicado por la editorial Gente Nueva…

Yo empecé por los recuerdos de la niñez, existían pandillas y desinformación, niños que lo creían todo. A medida que pasa el tiempo los adultos se van poniendo incrédulos. El libro se llama así porque la sociedad ha sido muy injusta con las mujeres. Siempre he pensado que las niñas son más inteligentes que los niños, por eso las defiendo siempre que puedo.

¿Cómo se sentiría si al llegar a todas las librerías ya estuviera agotado?

Yo me alegraría un poco, pero me alegraría también si al menos me encontrara uno, el último para comprarlo y luego de eso que lo declararan un libro muy vendido, por supuesto, sin que sepan que yo mismo compré el último.

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