Vietnamitas aplatanados en Mapos (+fotos)

Los asesores vietnamitas reconocen el potencial del país y en particular de la región para el cultivo del arroz.Desde hace algo más de un año, la Casa del Azucarero del antiguo Central Natividad, al sur de esta provincia, mutó su nombre por una denominación que en medio del archipiélago cubano podría sugerir un absurdo lingüístico o, cuando menos, un apelativo de locos: Casa del vietnamita.

El edificio no ha transfigurado su arquitectura, pero ha comenzado a incorporar aceleradamente la tradición asiática, luego de que un grupo de expertos del Ministerio de la Agricultura de aquel país hiciera sus bártulos en el Lejano Oriente y levantara campamento a orillas del Zaza en virtud de un proyecto de colaboración que pretende abonar la producción arrocera de la zona, específicamente de la UBPC Mapos, del CAI Sur del Jíbaro. 

Aplatanados como un lugareño más, los técnicos Houng Tran Xuan y Hung Nguyen y el traductor Tuan Ngo Ngoc (Abel) no ocultan su deslumbramiento por la naturaleza y las bondades meteorológicas de la zona. “Aquí los árboles siempre están verdes, los terrenos ni soñar y este año ha llovido tanto -dicen- que hemos tenido que  evacuarnos dos veces en 30 días”.

LOS CLAROSCUROS DE MAPOS

Con 35 años como especialista en producción arrocera y estudios realizados en países con amplia tradición en el cultivo: China, India, Tailandia, Filipinas, Indonesia, Malasia, Japón y Estados Unidos, Hung Nguyen no necesita haber pasado más de tres meses en la zona para comprender los claroscuros de la producción en Mapos, la UBPC de mejores resultados el pasado año en el Sur del Jíbaro.

“Cuba tiene similar o incluso mayor potencial que algunos de estos países -sostiene-, a diferencia de China o Estados Unidos, donde en invierno las temperaturas bajan de cero, aquí no tenemos tanto frío; según las investigaciones, el efecto de las plagas puede ser controlado, existe regulación biológica, las aves ayudan a controlar la palomilla, se le presta atención al picudo acuático; además ustedes tienen grandes campos con agua, sistemas de riego y de terrazas”.

En la acera de enfrente, sin embargo, conviven males que a juicio del especialista deben ser arrancados como la mala hierba: la desnivelación de los terrenos, por ejemplo, en buena medida acentuada por el empleo abusivo de una maquinaria de gran peso, provoca encharcamiento e inundaciones y contribuye a la aparición de malezas que compiten con el arroz, conspiran contra la eficiencia de los herbicidas y, por tanto, afectan los rendimientos agrícolas.

Sin pretender retrotraernos a la era de los braceros ni tampoco transplantarnos el sistema parcelario que predomina en su país, Hung Nguyen defiende el uso de determinada fuerza manual para enfrentar el enyerbamiento cuando no resulta suficiente la acción de los herbicidas. “Nosotros allá teníamos períodos en que movilizábamos a los soldados y a los estudiantes para combatirlo, aquí las plantas maduran, florecen, semillan y se reciclan de una cosecha a otra”.

La necesidad de disponer de segadoras pequeñas o hasta de una dotación de hoces para recolectar en aquellas zonas del campo donde no puede llegar la gran cosechadora y el deber de impedir que se pierda arroz por excesiva maduración en las terrazas constituye para los vietnamitas un asunto de honor, sobre todo después que se han invertido cuantiosos recursos y trabajo en la producción.

“Nosotros hablamos claro, asesoramos sin pena porque queremos enseñar”, advierte Houng Tran Xuan, primero, combatiente de los comandos especiales en la guerra contra los Estados Unidos y ahora, un activo consejero agrícola, que desde hace unos 15 meses sube a diario al lomo de su motocicleta en Natividad y se enfrenta a los contrastes del extensionismo y la llamada producción tecnificada, cuyas esencias no siempre se corresponden con la academia vietnamita.

“Cuando damos una opinión se toma en cuenta, nos atienden, pero a la hora de ejecutarla encontramos dificultades con la maquinaria, con el combustible, con la toma de decisiones administrativas, a veces tenemos arroz acamado y una demora del CAI en reforzar ese lote con más combinadas significa producción que se pierde”, dice.

A juicio suyo, el asunto también tiene vasos comunicantes con el verdadero papel y la autonomía que viene asignando la actualización de nuestro modelo económico a la UBPC y al productor directo, con la creciente participación de este en los resultados finales y con el control y la presencia de los jefes del nivel central junto a lo obreros. “No bastan las reuniones en las oficinas, hay que bajar, saber cuándo se está perdiendo el arroz, tocar con las manos, oír con las orejas y ver con los ojos lo que ocurre en el campo”, recomienda.

UNA ASESORÍA RIGUROSA

Más que observador o contraparte, el máster Pedro Meneses, director de la Estación Territorial de Investigaciones de Granos, radicada en este municipio, se considera un beneficiario directo del Proyecto de Colaboración Viet Nam-Cuba, mecanismo que ha permitido a la entidad que representa adquirir equipamiento y en correspondencia con ello retomar el sendero de la producción de semilla de calidad, rumbo al impostergable autoabastecimiento arrocero que tanto necesita el país.

A tenor de los resultados del proyecto, el centro investigativo viene sumándose con ímpetu a tres frentes fundamentales: el establecimiento de una estrategia varietal más orgánica (hoy Sur del Jíbaro siembra el 98 por ciento de sus áreas con la llamada LP-5), la producción de semilla de mayor calidad y la lucha contra el llamado arroz rojo, una maleza muy difícil de controlar en este tipo de cultivo por su similitud con la planta en desarrollo.

Para el ingeniero Carlos Marrero, coordinador del proyecto en Sancti Spíritus (aunque abarca todas las provincias del país, geográficamente Mapos constituye el área más representativa), los resultados hasta ahora desbordan las expectativas iniciales: en la UBPC se alcanzan rendimientos superiores en más de una tonelada a la media del CAI y se superan los estándares establecidos para esta etapa de la experiencia.

“Aquí los vietnamitas nos han enseñado a usar el fertilizante nitrogenado (urea) desde los primeros estadios de la planta, nosotros teníamos nuestras reservas porque es verdad que así también se alimenta la yerba, pero ellos defienden la idea de desarrollar primero la planta, conseguir un hijo fértil y luego aplicar los herbicidas”, reconoce Marrero.

El incremento del potasio en la etapa terminal del cultivo con vistas a reducir las enfermedades fungosas, la ayuda en la conformación de los paquetes tecnológicos atendiendo a la época de siembra, variedad y características del clima y una encomiable labor de extensionismo entre los productores campesinos de la zona se cuentan también entre los aportes de la asesoría asiática, que ya en algunos lotes consigue rendimientos de 5 toneladas por hectárea.

Según los especialistas, el próximo 2013 debe ser un año promisorio para el proyecto (abarca desde 2010 hasta el 2015), con la incorporación de maquinaria especializada, medios de transporte, el aseguramiento más estable de los insumos y la consolidación de un asesoramiento que la parte cubana cataloga como “riguroso y persistente” y que Pedro Meneses prefiere redefinir con una imagen deportiva: “No tenemos una base sólida ni una cultura acabada en el cultivo del arroz -dice-, ellos llevan miles de años; nosotros, poco más de medio siglo. Hay que ir asimilando la técnica, esto es como las escuelas de boxeo, donde todo el mundo cuenta con dos piernas y dos manos para combatir, pero se entrena diferente”.

no images were found

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *