Evelio Rodríguez Plaza: Una partida en silencio

Este cantautor espirituano, uno de los reyes de la música campesina en Cuba, falleció el pasado 14 de febrero. Este compositor de más de 200 obras se fue calladamente sin que lo acompañara titular de prensa alguno, ni lo despidieran los acordes de una tonada en el Cementerio de Colón.

Este cantautor espirituano, uno de los reyes de la música campesina en Cuba, falleció el pasado 14 de febrero.

Este compositor de más de 200 obras se fue calladamente sin que lo acompañara titular de prensa alguno, ni lo despidieran los acordes de una tonada en el Cementerio de Colón. Rodríguez Plaza compartió con figuras esenciales de la cultura cubana como Ñico Saquito, Manuel Navarro Luna, Benny Moré y Sindo Garay. Escambray retoma un reportaje que le dedicara a Evelio en el 2006, fallecido a los 92 años de edad, víctima de un tromboembolismo pulmonar, en La Habana, donde residía desde 1943.

Al otro día de nacido Evelio Rodríguez Plaza ya estaba, guitarra en mano, montado encima de un arado, cantando tangos, boleros, tonadas, puntos espirituanos… Si lo duda, coja camino hacia Tres Palmas, en las cercanías de Guayos, y pregunte en esa comarca por uno de los más auténticos exponentes de la música campesina en Cuba. Aún hoy, a más 60 de años de haberse ido a correr suerte a La Habana, asegura sin una pizca de hipocresía: “Me gustan mucho el boniato con leche, la harina con picadillo y frijoles negros, la carne de puerco, el río, la palma. Eso me da vida”.

Evelio es un banquete y hace que mandes al infierno las poses doctas de entrevistador. “Tire pa’cá que yo bateo; si tengo problemas buscamos a un emergente”, jaranea. Relata que todavía con la niñez retozándole en el cuerpo salió a buscarse la vida junto a su padre. “Él se quedó ciego un día antes de yo nacer y yo era su lazarillo”; pero insiste en que su historia de juglar confeso en nada se relaciona con aquel pícaro, criado a orillas del río Tormes, en Salamanca, España. Aunque…

“Mi papá llegó a tener tienda y tabaquería en la Loma del Puerto, en Trinidad; como a los 13 años nos mudamos. En 1937 ya cantaba tangos en la emisora CMHT, de allí. Un sábado salí de la casa y

regresé no el lunes siguiente, sino el otro. Estaba por las lomas del Escambray, cantando, bebiendo ron, comiendo carne de puerco y de chivo. Juventud al fin… Cuando regresé el viejo cogió la guitarra y me la tiró, por poco me rompe la cabeza. Él se oponía a esa vida bohemia”.

DE PUEBLO EN PUEBLO

Mas, las cartas del joven Evelio ya estaban tiradas. En 1939 cogió rumbo a Güinía de Miranda, dicen que para torcer tabacos; luego se le vio por Fomento, siempre con la guitarra bajo el brazo. Después, con Rodolfo Pimienta, creó el Dúo Los cubanitos. Y… Oriente a la vista.

“Íbamos de pueblo en pueblo dando serenatas. Llegábamos a un lugar y buscábamos a la gente que le gustaba el canto. Por la noche le dábamos la serenata. A la mañana siguiente le tocábamos a la puerta: ‘Mire, doctor, nosotros fuimos los que anoche le cantamos’. Era en busca del realito, de la peseta, hasta que por fin llegamos a Santiago de Cuba”.

¿Cuándo conoció a Ñico Saquito?

“Allá por el año 1941; lo conocí en un bar llamado El Faro. La gente iba y buscaba allí a los trovadores. Cada uno tenía su clientela. Estuve unos tres años por allá y anduve mucho con Ñico Saquito; cantamos juntos, él con sus maracas y yo con mi guitarra. Era un tipo del caray; para mí uno de los mejores guaracheros que ha dado Cuba”.

Sin un amanuense presto a escucharlo, como tuvo Marco Polo para recoger su itinerante vida, este espirituano dejó atrás Santiago de Cuba. En Bayamo hizo campamento; en Manzanillo compartió un guateque de 10 días con el poeta Manuel Navarro Luna, quien había sido mozo de limpieza, barbero y hasta buzo, según contó. “Yo tenía una canción, que parecía un blues, que él me la pedía ocho ó 10 veces al día; era amigo de Paquito Rosales, el primer alcalde comunista que tuvo esa ciudad, a quien conocí también esa vez”.

EN LA HABANA: AVATARES Y DICHAS

La Habana, repleta de maquillajes y anuncios lumínicos, con sus cabaretuchos en la zona de la Playa de Marianao, aguardaba por el hombre de Tres Palmas. Para ese entonces, finales de 1943, a Evelio ya le habían crecido las espuelas, según dice. Primero suplió en el nightclub El Baturro a otro cantante, quien, ni corto ni perezoso, le exigía el 30 por ciento de lo recaudado. “En ocasiones no hacías ni 50 quilos y estabas obligado a darle su parte”.

El guajiro vagó de aquí hacia allá, hasta que un amigo lo presentó en la emisora Mil Diez en una audición. Muchísimos trovadores, y cada uno miraba al otro con el rabillo del ojo. Evelio interpretó un número musical, le solicitaron un segundo. “Si te aceptamos, espera respuesta”, le dijeron. Y el telegrama llegó a la casa de huéspedes.

“En la Mil Diez hacía un programa que se llamaba El cancionero poeta. La gente me escribía; yo seleccionaba la carta, claro, la que me convenía, ¡pan!, y le hacía una canción”.

¿Qué lo motivó a cantar música campesina y espirituana, en específico?

“Un amigo periodista me llamó un día: ‘Ven acá, chico, ¿por qué tú no cantas música espirituana?’. Y le dije: sé algunas cosas, escucha: Yo no sé por qué la gente/ critica mi borrachera/ cuando en mi Cuba cualquiera/ se jala con aguardiente/ Ya tú lo ves, ya tú lo ves, ya tú lo sabes… Para 1948 tenía el Dúo Espirituano con Ramón Huerta. Me sabía muchas tonadas, puntos… y fuimos perfeccionándolos.

“En Radio Progreso participábamos en el programa Estampas criollas.  Éramos artistas exclusivos de la firma Crusellas y Cia, y solista de la Bacardí. Con Benny Moré hice jingles al ron santiaguero; esos comerciales salían en la radio y la televisión. Desde que empezó la televisión iba allá para todo lo que fuera música campesina”.

DE SINDO Y OTRAS INSPIRACIONES

Alta noche. En la Bodeguita del Medio un vaho sazonado por el aguardiente y cigarrillos Partagás lo cubre todo. Evelio suelta su criolla voz. Frente a él, un hombre que lleva sombrero de pajilla: Sindo Garay, el mismo que pudo estrechar la mano de José Martí en República Dominicana en 1895. Delante, el autor del bolero La tarde, considerado por Ernesto Lecuona como una composición perfecta.

El genio pone a un lado su guitarra, quizás de cuerdas alemanas. “Espirituano, ¡qué lindo cantas tú! Suénale otra”, le dice al guajiro de Tres Palmas, mientras se toca con la mano una verruga intrusa salida debajo del labio. Luego, el “palo” de ron.

“No me gusta contar esas cosas -añade este Hijo Ilustre de la ciudad de Sancti Spíritus-; pero ese elogio venido de Sindo, usted debe imaginárselo cómo me cayó. Él era muy exigente, sin embargo tenía muchos amigos. Lo respetábamos cantidad; fue un músico entero, un cantor natural”.

¿Y cómo compone usted?

“Ahora lo hago menos, por problemas de salud. Cuando me enfrento a una canción pongo todos los sentidos, la siento como en mi carne. La hago a oídos porque soy un guajiro cerrero. Tengo unos 200 números; pero la gente me conoce más por Mi guayabera. A Raúl Ferrer le gustaba muchísimo y me decía que era lo mejor que había hecho”.

Además de transpirar gracia cubana, varias de sus composiciones abordan la cotidianidad política. ¿Por qué?

“No vivo de espaldas al mundo. Por ejemplo, hace poco hice una parranda titulada Cuba y Venezuela, que está incluida en un disco grabado en los Estudios Abdala. No obstante, este tema lo traigo desde mucho antes; le dediqué una canción al Che al inicio de la Revolución. El disco con ese número se lo entregué en una de sus visitas a La Voz del INRA; él iba a veces por allí a escuchar un programa que había. Yo siempre tenía ese disco en el estuche de la guitarra y se lo di. Recuerdo que me dijo: ‘Si sirve, lo guardo; si no, lo boto’. Usted sabe cómo era el Che”.

El golpe seco del bastón remarca la frase. Evelio se incorpora de la silla. “A este viejo no le cae comején. Me dio un infarto cerebral; he batalla’o, la pierna todavía no la tengo al 100 por ciento, pero ya me ves”. Camina, despierta sus 85 años. Y del cuarto trae esa guitarra, que ya arropa, que ya late entre su pecho y las piernas.

¿Desde cuándo vive en esta casa de La Víbora?

“Desde 1951. Yo soy el cacique de La Víbora, aunque haya nacido en Tres Palmas. Oye esto: Mi guitarra espirituana/ melodiosa y parrandera/ hasta que la vida quiera/ por ti seguiré cantando”.

 

Enrique Ojito

Texto de Enrique Ojito
Premio Nacional de Periodismo José Martí, por la obra de la vida (2020). Máster en Ciencias de la Comunicación. Ganador de los más importantes concursos periodísticos del país.

3 comentarios

  1. Muy contento de leer este articulo sobre el maestro. Soy fundador de Fanáticos de la Charanga y tengo varias de las joyas que dejó grabadas para orquestas como Neno Gonzalez, Orquesta Aragón, Orquesta Sublime, Lili Martinez y mas.
    Es una lastima que ese recorrido no este en sus biografías, aunque eso demuestra aún mas su grandeza. Q.E.P.D Evelio Rodriguez

    • Esther Lilia orbera

      Mi tio abuelo era un hombre espectacular, siempre recuerdo cuando yo tenia como 7 o 8 anos y me sentaba en sus piernas para que me cantara los ejes de mi carreta (mi cancion favorita), me despedi de el en octubre de 1979 cuando me fui de Cuba y lo recuerdo con mucho amor y por ser un hombre digno, muchos no saben que su esposa (mi tia abuela] sufrio un accidente a temprana edad y quedo paralizada, mi to Evelio nunca la abandono, hombre de poemas, de Alegria e Iintegro, te extrano, abuela Lilia Rodriguez Plaza, (tu hermana) se fue en el 2004 queriendote mucho, como siempre

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