Forjado en la lucha proletaria

Miguel Reyes en la asamblea donde fue elegido secretario general de la FTN. En la presidencia el Che y a su lado Augusto Martínez Sánchez, ministro de Trabajo.Nacido en mayo de 1928 en Tres Atejes, Cabaiguán, Miguel Reyes Castro defendió a los trabajadores hasta las últimas consecuencias.

Todavía uno se impresiona cuando oye hablar sobre el líder proletario cabaiguanense Miguel Reyes Castro y nota cómo lo veneran, cómo ponderan convencidos sus condiciones humanas y revolucionarias, sus muchas virtudes, el misterio de su vida truncada por mano propia a los 35 años…

Miguel, quien hubiera celebrado 85 almanaques en este mes de mayo, fue un líder obrero abnegado y polémico que heredó las cualidades de sus padres, Plácido de la Caridad y Emilia Generosa, radicados en la finca Tres Atejes, hasta su mudanza definitiva para Cabaiguán en 1935.

Si algo marcó la vida de Miguel fue su comienzo como aprendiz a los 14 años en la industria del tabaco, donde pudo apreciar la explotación a que eran sometidos sus operarios por una cofradía de patronos que oprimían a la masa proletaria.

En 1943-44 fue a Oriente e hizo zafra en el central Jaronú junto a su hermano Oscar. Ya de regreso en su terruño, laboró en distintas tabaquerías, se hizo mecanógrafo y estudió Comercio, conocimientos que le serían muy útiles en sus actividades futuras.

NACE EL LÍDER PROLETARIO

En 1950, cuando contaba con 22 años, Miguel Reyes empieza a trabajar en la fábrica de tabacos Bauzá y allí se inicia su actividad como dirigente obrero. La primera batalla victoriosa es contra el intento de introducir la máquina torcedora de vitolas.

Es mérito suyo en gran medida la huelga que declara a Cabaiguán ciudad muerta el 2 de julio de 1951 y que también paraliza a Santa Clara y a muchos pueblos de la antigua provincia de Las Villas.

Como parte de la represión, Reyes sufre la agresión de los guardias, quienes le dejan profundas huellas a fuerza de plan de machete. Si duros eran aquellos lances durante el gobierno de Carlos Prío, mucho más lo serían después del 10 de marzo de 1952 con el golpe de estado de Batista.

Entonces los enfrentamientos serían a diario en la lucha contra el dictador, bajo cuyo régimen es encarcelado 13 veces. En 1955, Miguel Reyes vuelca a los tabacaleros en apoyo a la huelga azucarera de ese año y utiliza una hora radial en la emisora Radio Cubanacán para reivindicar sus derechos.

Por esta época es nombrado coordinador de la célula del movimiento 26 de Julio en la fábrica Bauzá. El primero de mayo de 1957, pese a la feroz represión y a estar suspendidas las garantías constitucionales, Bauzá fue el centro de las protestas en Cabaiguán.

Junto a Rigoberto Álvarez, Carlos Cruz, Mario Rodríguez Valero, Miguel Martín y Juan Quiroz, Miguel da la batalla en la proyectada huelga del 9 de abril del 1958 en Cabaiguán, siempre en contacto con el líder proletario comunista Armando Acosta. Pero la huelga es reprimida y el Movimiento 26 de Julio desarticulado en toda la región espirituana.  Precisamente a Reyes le corresponde la peligrosa tarea de reorganizarlo.

Todavía en unión de Acosta, Miguel Reyes crea en Las Villas el Frente Obrero Nacional Unido (FONU). Con Miguel en la dirección del FONU se recolectaron armas, medicamentos y dinero que fueron enviados a las tropas de Camilo y Che. En agosto de 1958 es detenido y recluido en la cárcel de Santa Clara, donde permanece confinado hasta el 4 de diciembre de ese año, cuando es puesto en libertad.

Entonces se va al Escambray y es nombrado coordinador obrero de la Columna Invasora No. 8, que comandaba el Che. Entre los días 19 yl 21 de diciembre participa en General Carrillo en la Conferencia Nacional de Obreros Azucareros, donde por su trayectoria y experiencia tiene un desempeño brillante.

CON LA REVOLUCIÓN TRIUNFANTE

El 22 de diciembre las tropas del Ejército Rebelde bajo el mando del Che liberan a Cabaiguán y Miguel Reyes junto a un grupo de sus compañeros y el pueblo rompió las cadenas que desde noviembre de 1957 mantenían cerrado el Sindicato de Torcedores.

Si duras y cruentas habían sido las luchas obreras hasta entonces, ahora la batalla empeñada contra mujalistas y reaccionarios rompería todos los moldes, enfrentando Miguel Reyes incluso al presidente Urrutia.

Miguel disputa con el renegado David Salvador y simultanea los cargos de coordinador del 26 de Julio en Las Villas y secretario general de la Federación Tabacalera Nacional (FTN), viaja a la Unión Soviética y, a su regreso, impulsa junto a César Escalante y Raúl Curbelo el desarrollo de las milicias obreras. Luego realiza una gira por 15 países latinoamericanos.

El 15 de septiembre de 1960 el Gobierno Revolucionario llevó a cabo la intervención de la industria tabacalera. Con tal motivo esa jornada fue declarada Día de júbilo Nacional de los obreros del sector. Dos días después tiene lugar en el teatro de la CTC una plenaria nacional tabacalera y en su calidad de máximo dirigente de la FTN, Miguel pronuncia uno de los discursos principales.

Por sus méritos y capacidades el 3 de marzo de 1962 Miguel llega a Bolivia como consejero de la embajada cubana en La Paz, pero por solicitud propia es restituido meses después a su cargo al frente del gremio de los obreros del tabaco. Aunque se le nota algo afectado de los nervios, continúa laborando activamente en la unidad y fortalecimiento del proletariado cubano.

Más el intenso ritmo de trabajo y las secuelas de los atropellos sufridos bajo la dictadura han dejado sus huellas y Miguel es reacio a dejar de laborar para atender su salud psíquica. En la tarde-noche del 27 de enero de 1963 sorprendió a todos al privarse de la vida de un disparo al salir de la casa de su colega Miguel Capdevila, quien al platicar con él lo notó en un estado de excitación nerviosa.

El acto irreflexivo cometido en un instante de pérdida de raciocinio no puede opacar su personalidad brillante, ni sus luchas heroicas en defensa de la clase obrera, ni su lealtad militante a la Revolución cubana, de la cual fue un hijo fiel hasta las últimas consecuencias.

Escambray agradece la colaboración del profesor Luis M. González Ríos para la elaboración de este trabajo

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