La metamorfosis del parque

Antes de que se concluyera en 1914 y hasta hoy, la plaza Serafín Sánchez ha sobrevivido a no pocas transmutaciones. Este año un nuevo proyecto de rehabilitación intentará revitalizarla sin agredir sus esencias. Escambray se abre paso en la polémica.

Cuando en el siglo XVII Nicolás del Llano, por aquel tiempo gobernador de la villa del Espíritu Santo, decidió desperezar el terreno que se escurría al frente de la Ermita de Veracruz y el Convento de San Francisco, casi sin advertirlo conminó a la ciudad en ciernes a nuclearse a su alrededor.

Entonces en aquella plaza por donde concurrían los comercios, entierros y procesiones comenzarían a escucharse las retretas y a lucirse el abolengo de las familias acaudaladas y hasta le crecerían árboles, verjas, jardines y bancos a la usanza colonial. Sería su figura primigenia. Mucho tiempo después con el fervor de las guerras independentistas sobrevendría la primera de sus mutaciones: en 1899 la otrora plaza de recreo sucumbiría a los fueros de la demolición.

No obstante, resurgiría una y otra vez a imagen y semejanza de las preferencias estéticas de cada época hasta 1914, cuando concluyó un proyecto que la esbozaba como una plaza ovalada en las extremidades, con jardines y árboles que no solo por el nombre rendiría tributo a Serafín Sánchez.

Desde entonces y hasta hoy ha transfigurado tanto sus esencias que nadie se aventuraría a certificar la supervivencia de sus atributos primigenios. Tanto ha cedido a las reconstrucciones que aseguran que en algunos tiempos se estrechó para agrandar las arterias que lo circundaban, en otros se quedó sin glorieta y luego le nacerían ortodoxos muros de concreto a su alrededor quizás para suplir los insuficientes asientos o la uniformidad de las sillas.

Mas, lo cierto es que a los ojos contemporáneos poco o casi nada queda de sus años de esplendor. Y acaso espoleados por tal certidumbre hace un lustro en la Empresa de Servicios de Ingeniería y Diseño de Sancti Spíritus comenzó a gestarse un proyecto para revivir el parque que delineó algunas propuestas, las cuales, redefinidas al calor de la vorágine que vive hoy la ciudad ante el advenimiento de su medio milenio, cambiaron perspectivas y ensancharon ambiciones.

Así lo atestigua el arquitecto Leonardo Pizarro Zulueta: “Se van a reinterpretar todos sus elementos en correspondencia con las funciones que debe tener esta plaza urbana, la más importante de la ciudad por ser el centro de toda la dinámica social y donde concurren edificios de alto valor arquitectónico. Se intentará armonizar tradición y contemporaneidad para convertirla en un espacio polifuncional”.

Las ideas, avaladas por un grupo de expertos, aunque apenas comienzan a materializarse en planos, ya apuntan hacia varias transformaciones radicales: cambio de las luminarias, supresión del cordón de cemento circundante que funge de banco y de los canteros, reinterpretación de la glorieta…

“Los valores identitarios de la plaza hoy no se conservan -sostiene Pizarro-, por lo que ninguna remodelación significa adulterarla, de ahí que se valore el cambio de su vocación y la reestructuración de elementos disonantes. Hay que convertir el parque en un espacio interactivo, donde las personas puedan disfrutar de un concierto de la Banda Municipal sin obstáculos constructivos, por ejemplo, y que posea elementos que lo identifiquen y lo singularicen, pudiera ser una estatua ecuestre de Serafín”. Una decisión respaldada por no pocos espirituanos, pues en una encuesta publicada en la página digital de Escambray más del 50 por ciento de los internautas corroboraba su preferencia de colocarla en ese sitio.

Más allá de esos propósitos, ante los que aún se arquean algunas cejas, reanimar el parque no se limita a esa especie de ombligo achatado que se erige como céntrico pedestal sino que se adentra también en las instituciones que lo rodean.

Para Roberto Vitlloch, director de la Oficina de Monumentos en la provincia, “el parque necesita puertas abiertas y convertirse en el centro de las acciones culturales de la ciudad. Se están caracterizando los locales de sus alrededores para redefinir sus usos a fin de darle mayor vitalidad a la plaza y renovar la vida de la urbe. Lo que se intenta es de cierta forma ordenar el plan de manejo para el Centro Histórico”.

Al rescate de fachadas, reconstrucciones de locales, erradicación de ciertas violaciones urbanísticas y aprovechamiento de los espacios se añaden los intentos de convertir al entorno y la plaza en un complejo cultural. “Para hacerlo posible -recalca Pizarro- hay que minimizar, en la medida de lo posible, las funciones administrativas de muchos inmuebles aledaños al parque”.

Y aun cuando pudiera sonar lapidario, a juicio de Vitlloch una certeza sostiene tamaños empeños: “El parque está muerto en estos momentos, por eso esta rehabilitación es darle respeto a Serafín, como se nombra la plaza. Más que una simple modificación, es crear las condiciones de capital de provincia que Sancti Spíritus no tiene”.

Nada más parecido a la monotonía: una glorieta silente -sin acordes de orquesta alguna-, un follaje escaso y la uniformidad de unas sillas que no permiten ni conversar de frente. Atributos más o menos variables, pero lo que sí saben quienes prefieren sentarse allí en las noches y lo que sí han sopesado los expertos hasta en la última línea de sus diseños es que mientras la cultura permanezca adormecida, solo el cambio de fisonomía no supondrá, a la larga, metamorfosis.

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