Los enigmas de Wilfredo Prieto

El  rigor y la sencillez en sus ideas, su estilo abstracto y provocador lo convierten en dueño de contundentes e inolvidables imágenes.Sus códigos toman absoluta distancia de todo lo convencional, con una obra controvertida.

Graduado como pintor en el Instituto Superior de Arte en el 2002 y una obra marcada por ese conceptualismo visible que despierta incertidumbres o certezas, las creaciones de Wilfredo Prieto, sin embargo, se alejan del lienzo y el pincel para aparecer como performances, instalaciones, intervenciones públicas o simples objetos que sugieren lo más insospechado.

Aunque nació en Zaza del Medio, el nombre de este creador prácticamente se desconoce en la geografía espirituana, pero se reconoce en los circuitos internacionales de las artes como figura imprescindible de la plástica cubana más reciente. Decenas de exposiciones personales y colectivas presentadas desde Tokio hasta Nueva York; desde Barcelona hasta México le han abierto como a pocos las puertas del mercado.

Con expresiones artísticas radicalmente contemporáneas, recibió el reconocimiento precoz de la crítica: en el libro 100 artistas latinoamericanos, publicado en 2007 en Madrid, solo él y otro pintor con menos de 30 años aparecieron entre el centenar de creadores contemporáneos más importantes de la región. El  rigor y la sencillez en sus ideas, su estilo abstracto y provocador lo convierten en dueño de contundentes e inolvidables imágenes.

Con residencia actual en Nueva York y anteriormente en otras urbes como Barcelona o La Habana, Wilfredo Prieto echa muchísimo de menos a su pueblo, ese lugar campestre donde creció y a donde siempre regresa; ese sitio entrañable donde se definió como artista: en parte por la soledad del entorno que lo obligó a descubrirse a sí mismo, en parte por las influencias de su hermano José Perdomo, quien también estudió pintura.

¿Cómo un artista que se crió entre vegas de tabaco y rebaños de ganado entró por la puerta de principales museos en Europa y Estados Unidos? ¿Por casualidad las apariencias de vivir en metrópolis han borrado la ingenuidad de sus esencias?

Un crítico cubano, Gerardo Mosquera, habla del fenómeno del guajirismo, dice que los que están moviendo el panorama cultural en el país son guajiros. Creo que este gran experimento que ha sido Cuba todos estos años demuestra cómo en el arte se trata de una sensibilidad, no de un contexto, no de una formación, no de una educación, no de una economía, sino de un talento. Por eso perfectamente se puede tener ese gran logro encima de una montaña y nada en el mismo centro del Vedado.

No haber nacido en Londres ni en Nueva York te obliga a acelerar tus procesos de pensamiento, de sensibilidad; te da nuevas herramientas, obliga a buscar nuevas formas del conocimiento y a conocer mejor tus capacidades.

En cuanto a lo segundo, pienso que, al contrario, la vida acelera tus esencias siempre, desarrolla las capacidades. Uno tiene una estructura como persona, que incluye la ética, la educación, esas cosas y creo que estar en Manhattan me hace más guajiro todavía e incluso me hace disfrutar más mis propias cosas, descubrir la cultura propia y a mí mismo, lo más básico.

Por eso siempre tengo como una tendencia de volver, no puedo estar más de dos meses fuera de Cuba, siempre tengo como una necesidad de Zaza, que es como un antiestrés, no te imaginas el placer de venir aquí a tomar el oxígeno de verdad puro. Creo que eso es algo que nosotros no valoramos para nada hasta que no lo podemos comparar, hay muchísima desorientación de cómo se vive, por ejemplo, en Miami, que me parece la ciudad más aburrida del mundo, donde no podría quedarme nunca.

¿Por qué si se graduó de pintura Wilfredo Prieto jamás exhibe un cuadro?

Eso es una evolución normal, una lógica. Cuando niño dibujaba en un papelito, después cuando más grande pintaba en un lienzo y cuando más adulto hablas desde la realidad y con la propia realidad, existen otras herramientas, otros recursos de comunicación muy diferentes. Para mí la pintura se convierte hoy día en un límite, por ejemplo, desde aquí veo una mata de ciruela con una gallina y no pinto eso, es una representación de la representación. Me parece mucho más comunicativo poner la mata de ciruela y la gallina en la exposición, así tenemos el olor, el movimiento, el peso, recursos comunicativos que están ahí.

Un artista es un comunicador que usa muchos elementos de la propia realidad, no es que seamos artistas visuales, sino también trabajamos con el sonido, con el olfato, hay una cantidad de recursos visuales que uno no se puede perder. No puedes dejar que un  medio te esté limitando; al contrario, hay que abrirse mucho más a esas maneras de comunicar la realidad de hoy.

Habitualmente usted se aparta de lo tradicional y asegura que trata de mantenerse libre de cualquier consideración histórico-cultural, que se distancia de sus raíces y hasta de su personalidad, ¿acaso niega el valor de la identidad?

No, al contrario, creo que uno lo que no puede caer nunca en los clichés. El riesgo más grande es cuando tratas de autodefinirte como cubano, enseñando la banderita, el escudo o la rumba, entonces entras en cliché y vas contra tu propia autenticidad.

Lo importante es quitarte los prejuicios, o sea, lo que piensas que eres y esa es la manera de realmente ir a tus raíces, a tu cultura, a tu esencia. No estoy haciendo una exposición en ninguna parte del mundo pintando la mata de palma, ni la mata de coco porque entonces lo que estoy haciendo es destruyendo mi propia identidad, mi propia realidad. Lo que estoy haciendo es cada vez ser más honesto, más profundo y esa es mi forma de ser más cubano y estar más cerca de mi isla.

Por ahí existe una confusión muy grande con la idea de vender una imagen. No se vende una imagen. Uno es uno y no tiene que estar diciendo yo soy cubano. Tú eres cubano y ya eso está en la esencia, en los ritmos, en los movimientos que haces. Lo que hay que tener es el suficiente desprejuicio para poderlo hacer con autenticidad y no estarte guiando por esos esquemas que te has creído que son tus esquemas. Así lo han hecho los grandes pensadores de este país, los más auténticos como Martí: han tenido esa capacidad de borrar los clichés, los dogmas y ser ellos mismos. Esa es la mejor forma de ser cubano.

Sus respuestas casi siempre trasmiten cierto titubeo, ¿de dónde vienen y hacia donde fluyen las eternas dudas de Wilfredo Prieto?

El día que no tenga una duda de algo voy a ser la persona más aburrida y más triste del mundo. Creo que uno tiene que estar dudando continuamente, tiene que tener una convicción de lo que está haciendo, pero a la vez tiene que tener una duda presente. En el punto exacto en que estás seguro de lo que estás haciendo es precisamente que estás haciendo algo mal.

Eso es como un medidor que tengo. Cuando puedo estar de jurado en algún evento y veo un artista muy tímido es porque está haciendo algo nuevo, no está seguro. Pero no es solo en el arte, también en la filosofía, la ciencia, en otros campos: cuando estás lleno de dudas es cuando realmente estás creando, ahí entra lo novedoso. Cuando tienes seguridad es porque estás copiando, imitando y por eso creo que es importantísimo estar siempre cuestionándonos a nosotros mismos, ser muy autocríticos, estar dando una vuelta a todo.

¿Ese estilo provocador, absurdo, repleto de alusiones que predomina en su obra constituye una patente exclusiva para públicos elitistas, otra manera de desafiar la realidad o uno de esos mensajes simbólicos que se deberán descifrar?

No sé de todas esas categorías. Hablo de la realidad y comunico a través de mi experiencia las cosas que vivo y esas son las reflexiones que van en el trabajo. No tengo una intención provocadora, muchas veces es hasta todo lo contrario.

El arte evidentemente es una cuestión sumamente elitista pero no para el que tenga dinero, para el primer mundo ni nada de eso, sino elitista para una sensibilidad. Estoy haciendo un trabajo que puede entender todo el mundo e intento que eso se logre, no quiere decir que siempre lo consiga. Está esa tensión de llamar al arte conceptual  como algo alocado y no, es una necesidad que tenemos todos e incluso en un país tan rico de conocimientos como Cuba es una necesidad vital. Mi obra está hecha más al alcance de la gente que disfruta la vida o quiere entender la manera de pensar de otro, que reducida a un público específico.

El arte siempre ha tenido un rechazo o una asimilación, lo importante es que se genere un criterio de movilidad, de entendimiento. Lo interesante de la vida no es estar viendo la novela todas las noches, sino que constantemente haya un tema de superación.

La mayoría de sus obras coquetean con lo efímero, ¿acaso no le angustia la posibilidad del olvido cuando pasen los años?

Lo que hago no es efímero, muy pocas veces he hecho obras efímeras, aunque no se trate de una escultura en mármol que dure toda la vida y a la que en ocasiones le pasamos cientos de veces por el lado y la olvidamos porque no comunicó nada. La memoria humana y el pensamiento son más importantes que el objeto.

Lo de efímero es relativo, lo primordial es el impacto y la comunicación de una imagen; cómo la reflexión de ella, de una película, de un ballet o de un teatro puede cambiar a una persona, a una sociedad, a un pensamiento social en un segundo.

Una de sus creaciones se vendía en alrededor de un millón de dólares en una Feria Internacional de Madrid y habitualmente su trabajo resulta bien cotizado, ¿de qué manera conjuga los no pocas veces antagónicos intereses del arte con los guiños del mercado?

Al mercado uno tiene que saberlo manejar, tener la capacidad de que tu obra no cambie por el mercado, sino que el mercado tenga que cambiar por tu obra. Lo importante para un artista es mantenerse firme en sus ideas, en la morfología de su trabajo y que no hayan transformaciones complacientes por el mercado. Ese sí es un combate bastante difícil, sobre todo para las generaciones jóvenes porque es muy fácil hacer una obra complaciente y empezarla a vender; lo difícil  realmente es hacer tu obra firme y que el mercado tenga que adaptarse completamente a lo que estás haciendo. Tienes que estar muy tranquilo y muy seguro.

Después de más de una década de experimentación constante, ¿cambiaron los códigos de Wilfredo Prieto o asume el reto de improvisar indefinidamente?

Asumo el reto de improvisar indefinidamente y por eso decía que lo más trascendente es saber que nuestra profesión se llama creación; por lo tanto, en el momento que uno empiece a ser repetitivo o ya no exista el componente de experimentación, todo se vuelve lineal. Lo que no me puede pasar es aburrirme, lo que me tiene que pasar es estar constantemente en movimiento.

Algunos críticos no muy benevolentes con su obra consideran que asumir el conceptualismo ha implicado para usted evadir el choque con los conflictos medulares de la nación y refugiarse en los más elevados intelectos como defensa y ataque para la controversia o la enajenación.

Yo creo que eso es lo que le pasa a esos críticos, están hablando de ellos mismos. Esas cosas siempre las dicen. Hay un problema muy serio, la crítica se supone que es una herramienta para ayudar a visualizar el pensamiento que está pasando, un  crítico bueno se supone que tiene un ojo de adelanto, que es capaz de ver qué está pasando culturalmente en el país. Hay una confusión, a la crítica le toca un papel constructivo y no destructivo sin necesidad. No es que no se pueda hacer una crítica, es una cuestión de cómo entender la propia realidad y cómo estar capacitado para entender los cambios en la cultura, en el arte. Sé que es muy difícil, pero tienen que estar abiertos a las cosas nuevas que están pasando porque no todos, pero algunos de esos cambios son positivos.

La crítica cubana tiene una crisis muy grande en este momento, quizás tenga que ver mucho con la formación, quizás con el viajar por las nuevas generaciones para ver otras cosas y no encerrarse en la idea de que esto es conceptual y no es cubano. Nada más cubano que eso mismo. Lo cubano no es el negrito con los caracoles porque el sentido de cubano evolucionó muchísimo y está evolucionado mucho hoy día. Sancti Spíritus no es el Yayabo o el cuadrito con las tejas, es una serie de jóvenes con preocupaciones muy interesantes y cuestiones culturales muy dinámicas que están pasando. Sancti Spíritus es otra cosa mucho más inteligente, no se puede encerrar.

No estoy en contra de la crítica negativa, al contrario, es cuando más aprendo, pero cuando es inteligente y cuando es buena de verdad; cuando sientes un crítico con fibra detrás, eso es material de oro porque sabe desmontar tu trabajo, darte luces, es un crecimiento cultural realmente, pero cuando está en la tontería de decirte las cuatro cosas que ya has oído desde primaria, no, porque no evoluciona nadie.

Creo que mi autorrealización está en que logre entender la realidad que estoy viviendo, mis experiencias y que eso lo pueda pasar a los demás, hasta ahí llega mi responsabilidad. Algunos piensan que porque un artista vende ya es buen artista y no, al revés, casi siempre los buenos artistas no venden. Este es un problema complejo porque en los medios tampoco cambió el pensamiento.

El arte tiene que ser un regulador de lo que está pasando para que todo se mantenga en su equilibrio exacto e ir regulando las cosas que están pasando hasta con la economía, la política. Todos estamos ahí en esa compensación, nosotros no nos hemos vuelto el Caribe isleño este que vende la negra y la mata de coco gracias a  la cultura que tenemos aquí, pero si fuera por esa crítica estuviéramos también con la mata de coco vendiendo la mulata y la playa.

Usted comentó que muchas veces el buen arte no coincide con el que vende bien, pero su obra se comercializa bien.

Pues tendré mal arte…  No, me refiero con eso a que no necesariamente un buen artista tiene que tener una página web, una galería, al contrario, los buenos artistas nacen sin el mercado, están en su vida, no tienen esa ayuda de nadie. Lógicamente, después al final siempre hay un momento que todo tiene un premio, hay museos que ya comienzan a valorar eso como algo que se está generando, que es importante, lo compran y empiezas a formar parte de ese circuito. Pero no es que vayas al circuito, sino que el circuito llega por tu momento, por lógica y la sociedad te lo agradece.

Durante años ha vivido como un trotamundos. Cuéntenos de su agenda durante el 2012 y qué espera de la musa para este 2013.

Recientemente terminé un proyecto en la Sala de Arte Público Siqueiros, en México, con una exposición que incluía una pieza diaria. Ahora tengo proyectos personales en Tasmania y en Madrid. Después, en  Bélgica. Estoy más dedicado a los trabajos personales porque me dan más libertad para explorarme, aunque también continúo con las exposiciones colectivas. En Cuba participé en la Bienal de la Habana, con una pieza que se llamaba El circo triste.

Nunca espero nada de la musa, siempre voy a buscar a la musa, ella tiene que andar a la viva conmigo. El proyecto más importante en que estoy trabajando actualmente es el del puente aquí en Zaza. La idea es hacer como una carretera con el símbolo del infinito, que representa un viaje a ninguna parte, que vuelve a sí misma. Lleva un puente, es una construcción supercomplicada porque es una escultura que tiene una dimensión ingeniera, como 1 000 metros de largo y unos 200 metros de ancho. Ya estoy investigando y empezando a tener apoyo del Ministerio de Cultura, del gobierno local. Estamos localizando un espacio, estoy muy interesado en que sea en Zaza por razones obvias, pero también estoy interesado en que sea una pieza que hable de la descentralización del arte. Voy a intentar localizar fondos fuera de Cuba que puedan apoyar la construcción de todo eso, me imagino que, si todo marcha bien, en tres años se pueda terminar.

Si en lugar de desarrollar las artes plásticas sintetizara su propia biografía, ¿qué escribiría en el párrafo más importante?, ¿qué incomoda y qué contenta a Wilfredo Prieto?

Está dura esa pregunta. Lo más importante para mí fue la educación. Haber tenido la suerte de contar con el sistema de educación cubano completo en su plenitud, en su mejor momento de funcionamiento. La segunda parte que agradezco es haber vivido el período especial, fue un momento maravilloso de formación, nos hizo a los jóvenes cubanos tener una madurez acelerada, quemar etapas, entender muchas cosas difíciles como la ética, el ayudarse, el entender a las personas. El lujo más grande que he vivido ha sido el período especial, todos esos conflictos, esos problemas humanos, estar con los pies en la tierra y empezar después a entender el sentido del arte de verdad.

Me incomoda y me contenta  mi obra: me incomoda cuando estoy en ese estrés, cuando estoy buscando una idea, hay un sufrimiento tan grande, tan grande que no hay sensación humana que pueda explicarlo. Pero después llega una satisfacción igualmente grande cuando por fin aparece el resultado.

¿Por qué no ha vuelto a exponer en Sancti Spíritus?, ¿acaso es una plaza demasiado insignificante para un artista cosmopolita y famoso?

No, al revés, sería algo muy importante, lo que hay es que preguntarle a la gente de Sancti Spíritus por qué no me invitan, porque con muchísimo gusto dejaría todo lo que tenga que hacer y vendría a exponer. Lo mismo me pasa en La Habana, no sé si es que piensan que estoy muy ocupado y nadie me invita a una exposición. Yo encantado incluso de venir a un Fernández Morera, a Trinidad, pero no se da. Me encantaría estar aquí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *