Niña espirituana vive en un hospital

Aunque Yésika es el caso más connotado por sus características, no es el único que recibe clases en el Hospital Pediátrico espirituano.A pesar de su padecimiento, Yésica ya está en segundo grado y cada día aprende más.

Yésika Mora Hernández tiene siete años de edad y de ellos hace más de seis que vive en la Unidad de Cuidados Intensivos Progresivos del hospital pediátrico José Martí de Sancti Spíritus, porque su enfermedad así se lo ha exigido.

Ella padece de un trastorno hereditario de las neuronas motoras espinales causante de atrofia y debilidad muscular, conocido en la literatura médica como enfermedad de Werdnig Hoffman.

Esa dolencia paralizante y degenerativa le impide el más mínimo movimiento de su cuerpo, pero no le ha afectado su intelecto, por eso expertos educadores elaboraron un programa pedagógico para ella, sin costo alguno para la familia, con la anuencia de sus padres y en coordinación con el equipo médico que la atiende.

Ya está en segundo grado y cada día aprende más, dijo a la AIN Yairé Hernández, su joven mamá, quien asegura que nunca podrá olvidar las atenciones recibidas en el centro hospitalario, para cuyo colectivo Yésika es como una hija adoptiva.

Cada semana la maestra ambulante María del Carmen Caballero asiste al “José Martí” para impartir clases a la menor y a otros niños que lo necesitan, pero al decir de esta educadora ningún caso la ha marcado tanto como este.

Hay que dedicarle mucho tiempo, robarle horas al sueño para prepararme y crear medios de instrucción cómo láminas y otros objetos que ayuden a su aprendizaje, afirmó la experimentada docente.

Los expresivos ojos de la niña están atentos a todo lo que le rodea y son el medio para comunicarse con el entorno, sobre todo con sus seres queridos, el personal médico que la asiste, y la maestra.

De completo uniforme escolar, junto a su mascota Lola, la muñeca que le hizo María del Carmen, Yésica comparte con su educadora los contenidos docentes.

La doctora Yanadis Gallardo manifestó que la vida de esta pequeña está confinada a un equipo de ventilación mecánica que le permite a los pulmones intercambiar oxígeno porque los músculos del tórax no tienen fuerza suficiente para expandirse.

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