Cabaiguán: A la usanza de dos siglos

Cabaiguán festeja historia y tradiciones a 200 años de su primer asiento como núcleo urbano.Sin ínfulas de urbe, Cabaiguán festeja historia y tradiciones a 200 años de su primer asiento como núcleo urbano.

Aunque algunos la conocen como tierra de iguanas, ni ejemplares vivos o fósiles de esta especie certifican el significado del vocablo Cabaiguán, nacido de la jerga aborigen subyugada por los peninsulares hace cinco siglos en el posterior hato homónimo, mercedado a Bartolomé Jiménez por el Cabildo de la Villa del Espíritu Santo.

Faltaría un poco entonces para que en la intersección de los caminos a San Cristóbal de La Habana y San Juan de los Remedios apareciera el germen del futuro pueblo, como lo confirmó la Guía del Forastero de 1814 y alrededor de 30 años después el señor Jacobo de la Pezuela en el Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la Isla de Cuba.

Ya a finales del siglo XIX la incipiente villa disponía de telégrafo, escuela, y producto de las reconcentraciones durante las dos guerras, un amasijo de guajiros plantaron sus pocas pertenencias junto al fortín español, que resguardaba el orgullo de la metrópoli.

El suburbio fecundaría definitivamente con la introducción del ferrocarril, que lo conectó a los principales puertos de Cuba y con ello, al mundo. La necesidad de fuerza de trabajo en las plantaciones tabacaleras engordó el núcleo poblacional con miles de emigrantes de las Islas Canarias, que hicieron un pacto para siempre con el suelo cubano.

“La modernidad irrumpió principalmente en la calle Valle, que en 1909 tenía un taller tipográfico donde se publicaba el periódico El Heraldo. También en ese año se instituyó la sociedad Colonia Española. En 1918 se construye la iglesia católica bajo la advocación de la Virgen del Carmen por la Orden de los Carmelitas Descalzos”, detalla a Escambray Mario Luis López Isla, escritor e investigador cabaiguanense.

La primera película la proyectó en 1910 el llamado Cine Didáctico, una iniciativa fílmica de algunos vecinos. Dos años más tarde, la familia Capirot construyó un teatro completamente de madera y con acústica perfecta. Muchos artistas visitaron su escenario y buscaron el deleite local.

“Sylvia Seidel, la diva desnuda, danzó sin ropas y acompañada solo por su abanico. Tinny Griffyn, la bailarina más gruesa del mundo, con sus 600 libras de peso, bailó y cantó corridos mexicanos, sones, boleros y hasta canciones en inglés”, asegura López Isla a este semanario, de acuerdo con sus incursiones en la prensa de la época.

Por ese tiempo ya en Cuba lo identificaban como el pueblo de los verracos y resulta, quizás, su más notorio sobrenombre. La tradición popular otorga la autoría a José María, el borracho, quien “aprovechaba su vena jocosa para ganar dinero al mostrarse simpático, cuando el tren hacía la parada de rutina”, refiere la escritora y editora Marlene García Pérez.

Junto a la estación de ferrocarriles pululaba un embarcadero de cerdos, y el personaje anunciaba la parada de la graciosa manera, que más tarde hasta los propios maquinistas corearon: “¡Señores pasajeros, estamos llegando a Cabaiguán, el Pueblo de los Verracos!”.

Los cláxones de los primeros tres patás sonaban en las vetustas calles ahora colmadas de ferreterías y tiendas. El desarrollo azucarero inquietaba con el central Cabaiguán, más tarde convertido en refinería de petróleo. La instalación de aparatos telefónicos por la Cuban Telephone Company caracterizaron también el impulso financiero.

El Comité Pro-ayuntamiento, creado desde 1909, logró en 1926 que Cabaiguán obtuviera la categoría de municipio. Un año después, al trazarse el recorrido de la Carretera Central, y visto que este evadía al pueblo, varios lugareños entre los que despuntaron el libanés José Chamán y el ingeniero Manueal Coroalle, decidieron cambiar la ruta de la importante vía.

“Viajaron a La Habana para entrevistarse con el secretario de Obras Públicas, doctor Carlos Miguel de Céspedes — y cuenta la historia que durante la visita del dignatario al recodo espirituano, el libanés le entregó a nombre de los cabaiguanenses un cheque con la suma de 4 000 pesos—. Pidió permiso para ir al baño y no demoró ni un minuto en regresar eufórico”, narra Mario Luis.

Frente a los anfitriones y los demás invitados el representante del gobierno articuló un emotivo discurso donde afirmó rotundamente que la Carretera Central pasaría por Cabaiguán, porque el próspero pueblo lo merecía. Junto a ella un arbolado paseo de 400 metros de largo le imprimió modernidad y elegancia a la incipiente urbe.

Una joya de su patrimonio lo constituye la Virgencita, remanente alegórico en la tradición oral, pues, aunque falta la imagen de la Patrona de Cuba, los cabaiguanenses la nombran para referirse a la popular esquina, adjunta al hoy parque infantil Serafín Sánchez Valdivia, sitio donde radicó el antiguo fortín español.

“Los choferes que recorrían toda la isla, tomando en consideración la existencia en la parte occidental de la llamada Virgen del Camino, y en la oriental de la Virgen del Cobre, instaron a colocar una imagen mariana en el centro de Cuba”, explica Mario Luis a Escambray. Actualmente, varias autoridades estudian la posibilidad de devolverla a su lugar, puesto que más que un hecho religioso significaría el rescate de un símbolo de nuestra cultura y nacionalidad.

La Torre de Yero, armazón de columnas y pilastras coronadas con una campana, a más de 7 kilómetros del entramado urbano, se distingue en Cabaiguán como la única edificación del siglo XIX, rescatada en 2010 por iniciativa de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en el municipio.

Personajes célebres dentro de la comunidad existieron desde sus inicios: el Hombre Rojo o Cañambrú, un bandido oriundo de las Islas Canarias, con tamaña vocación para el hurto que sus víctimas le achacaban poderes mágicos. Robó casas, fincas y vendedores ambulantes en toda la zona, hasta que decidió moverse a Taguasco.

Además, Manuel de Jesús Ramírez, conocido por Vilo, quien le lanzaba piedras a los muchachos que buscaban entretenerse propinándole ofensas. Ganó popularidad pues asistía a todos los entierros y lloraba al muerto hasta sin conocerlo. “Muchos irresponsables lo incitaban a gritar públicamente ¡Viva Fidel!, y lo hacía en el acto, sin saber el riesgo que corría”, refiere Mario Luis.

A lo largo del tiempo otros sobrenombres se le sumaron. El inicio de las fiestas populares y la elección de las damas más agraciadas, hizo que varias cabaiguanenses ganaran durante la primera mitad del siglo XX certámenes de belleza a nivel de país, estos hechos le adjudicaran el mote de pueblo de las mujeres bonitas.

Por poseer la mayor cantidad de inmigrantes isleños vivos, una población mayoritariamente de ese origen, además de un cúmulo de tradiciones del archipiélago español que aún perduran, como la emblemática Danza Isleña Portadora de Pozas, patrimonio de esa cultura en América, ganó el epíteto de capital canaria de Cuba.

Cabaiguán mostró resistencia en la seudorrepública frente al capital norteamericano y su clase obrera manifestó descontento por el monopolio del tabaco. “Destaca el alzamiento de La Llorona, donde fueron asesinados ocho jóvenes revolucionarios del municipio y la creación de células del movimiento 26 de Julio, con Faustino Pérez Hernández como jefe máximo”, detalla a Escambray la también investigadora Marlene García Pérez.

Permeada de la herencia hispánica, la cultura cabaiguanense posee un movimiento literario trascendente en el país, con más de 200 libros publicados y autores que defienden y sienten a Cabaiguán aunque los separen kilómetros de distancia.

El premio Casa de las Américas Gumersindo Pacheco, radicado en el exterior desde la década del 90, en entrevista exclusiva a este semanario manifestó incondicionalidad a su pueblo: “Siempre recurro a él en los momentos felices y en los momentos tristes, forma parte de mí mismo. Por eso cuando regreso le digo aquí estoy, no he muerto, te quiero y te recuerdo como siempre”.

Por su parte, Senel Paz, escritor y guionista de cine, autor de obras tan prominentes como el relato El lobo, el bosque y el hombre nuevo,   sentenció: “Con nuestro vivir hemos acumulado una historia digna de contar y guardar. A los niños y jóvenes, hay que acercar y enamorar de su pueblo para que se reconozcan en el pasado. Así tendremos la certeza de que siempre, en cualquier parte, los que aquí nacimos o vivimos, seremos, además de cubanos o cubanas, cabaiguanenses”.

Estas palabras forman parte del prólogo del texto Cabaiguán 200 Cultura y tradición, un libro publicado junto a Once poetas a la sombra y que festejarán, además de un cúmulo de actividades desde el próximo lunes 22 hasta el 28 de diciembre, el par de siglos en este municipio.

La inauguración de la taberna 1814 El Crispín, el parque 200 aniversario, exposiciones, un coloquio sobre la historia local, la premiación del concurso literario Cabaiguán 200 y una sesión solemne de la Asamblea Municipal del Poder Popular encabezan las propuestas.

Y si ciudades chinas o europeas celebran sus despampanantes 4 000 años de existencia, e incluso, las primeras villas fundadas en Cuba cumplen medio milenio de vejez, dos centurias pueden sonar poco llamativas; mas, sin ser París o La Habana, Cabaiguán resalta por una singular característica: el amor infinito que sus hijos le profesan.

One comment

  1. Bonita vista de mi pueblo, en el cual vivo hace 45 años, pero no todo es así. La mayoría del pueblo tiene muy deterioradas sus calles (las que quedan), existen muchos microvertederos comunitarios en muy mal estado y animales sueltos en las vía, y en varias zonas el mal olor de la crianza excesiva de cerdos es un contaminante a la orden. Dos siglos de existencia y no se le dio la misma connotación que a la Villa del Espiritu Santos. Felicidades Cabaiguán.

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