Cuando la injusticia cobró la vida de ocho estudiantes

El 27 de noviembre de 1871 se escribió uno de los capítulos más trágicos de la historia de Cuba con el fusilamiento de los estudiantes de Medicina. La juventud espirituana no olvida el crimen

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Un edificio en la escala del tiempo 

Delante de la tumba del periodista español Gonzalo de Castañón, su propio hijo, tal vez sin proponérselo, demostró la ineficiencia del Cuerpo de Voluntarios de La Habana al sentenciar, aquel día de 1873, que nadie había profanado el sepulcro de su padre; el deterioro era el verdadero culpable de las ralladuras.

os años antes, el 27 de noviembre, ocho estudiantes eran conducidos hacia la explanada de La Punta para fusilarlos por el supuesto crimen de dañar el panteón del reportero peninsular; proceso judicial de sumo síntesis desarrollado en apenas 24 horas y cuya génesis resultó la denuncia del celador del cementerio de Espada en contra de 45 alumnos del primer año de Medicina.

De ellos, seis fueron liberados de los cargos y 31 permanecieron tras las rejas por distintos períodos de tiempo. Sin embargo, Alonso Álvarez de la Campa y Gamba (16 años), Anacleto Bermúdez y González de Piñera;  Eladio González Toledo, José de Marcos Medina, Augusto de la Torre Madrigal (20 años cada uno), Ángel Laborde Perera, Carlos Verdugo Martínez (17 años cada uno) y Juan Pascual Rodríguez Pérez (21 años) no corrieron tanta suerte porque los hallaron culpables.

Ni la defensa del capitán español Federico Capdevila, las protestas de su homólogo Nicolás Estévanez en el café de la acera del Louvre, la osadía de cinco negros que atacaron a las tropas que conducían a los prisioneros por las calles de la Habana Vieja o el atrevimiento del liberto Álvaro de la Campa, quien fue acribillado por las bayonetas al lanzarse con puñal en mano contra los soldados, lograron cambiar el fatídico destino de los jóvenes.

A las 4:20 p.m. del 27 de noviembre de 1871 Cuba se estremeció con los disparos en la planicie ubicada frente al Castillo de los Tres Reyes del Morro, donde los ocho universitarios inocentes, puestos de rodillas, con las manos esposadas, fueron ejecutados de dos en dos.

Sin embargo, lo que se suponía callara las voces de denuncia en el gremio estudiantil se erigió como estandarte de la masa joven para manifestarse en contra de las injerencias y luchar por la soberanía de su país.

Han transcurrido 143 años desde entonces y el crimen, calificado por el investigador cubano Raúl Rodríguez La O como uno de los más sangrientos de la historia patria, del cual no está todo dicho, permanece latente.

Por eso esta mañana los universitarios de Sancti Spíritus recordaron la efeméride en sus centros estudiantiles, hablaron de condenas inhumanas y reafirmación de los ideales. Mientras, en La Habana, caminaban rumbo al mausoleo de La Punta, con la impotencia que aún emerge el acercamiento a este episodio, tal vez porque las injusticias son imposibles de borrar de la memoria.

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