Del Yayabo hasta el Mariel

Carlos fue de los que más horas de producción acumularon durante su estancia en el Mariel.Durante siete meses encima de un Kamaz, Carlos Sáez Liñero integró el contingente de más de medio centenar de espirituanos que participaron en la primera fase del Proyecto Mariel, en La Habana.

La noticia le cayó de golpe: “Recoge, que te vas para el Puerto de Mariel”. Solo atinó a posar la mirada interrogante en el rostro del jefe que sin alterarse volvió a disparar.

—Ni preguntes, que nos espera trabajo en La Habana: construir unos cuantos kilómetros de terraplén.

No era la primera vez que Carlos Sáez Liñero desandaba la isla como chofer de su viejo Kamaz, aunque pensó que nada podía ser peor que su estancia en la recuperación de Santiago de Cuba tras el paso del huracán Denis, cuando en jornadas interminables, sin corriente y sin agua fría, él y sus compañeros recogieron miles de toneladas de escombros.

Esta vez no se trataba de una obra cualquiera; según los entendidos es uno de los proyectos constructivos de mayor complejidad y dimensión llevados a cabo en Cuba, al punto que necesita el aporte de especialistas en ingeniería marítima, ferroviaria, arquitectura, viales, expertos en la actividad hidráulica, alcantarillado, energéticos, telecomunicadores y medioambientalistas.

“Viajamos rumbo a la capital en septiembre del 2013 y a los espirituanos nos tocó ejecutar 7 kilómetros de terraplén para el ferrocarril que va del Puerto de Mariel a La Habana, específicamente el tramo Bauta-Punta Brava. Por donde debía ir la línea todo era monte y primero fue mucha la maleza que tuvimos que desbrozar y limpiar para crear un terraplén”, rememora, al tiempo que gesticula para ilustrar lo que significó para camioneros y buldoceros deshacerse de unos 30 000 metros cúbicos de material indeseable.

“Canito y William con los bulldozers abrían camino y arrancaban  manigua, y los camiones acumulaban diariamente 70 y 80 viajes para botar los escombros. Así estuvimos alrededor de dos meses hasta que llegó lo duro: el tiro de rocoso”.

Levantarse de madrugada para empezar a las cinco de la mañana fue lo más difícil durante jornadas enteras que se alargaban hasta mucho más allá del anochecer. Alrededor de una veintena de camiones de volteo y más de una treintena de equipos con el sello espirituano de la Unidad Económica Básica Movimiento de Tierra de la Empresa de Construcción y Montaje no detenían sus motores.

“Había que ir desde una rocosera en Ceiba del Agua hasta Bauta, ida y vuelta, eran 60 kilómetros, pero a veces cada carro recorría hasta 450 kilómetros diarios y no se podía parar porque echábamos el material y detrás venían poniendo la línea férrea, hasta esa presión teníamos. Mi viejo Kamaz respondió porque ese no se rompió nunca. En total fueron 55 000 metros cúbicos de áridos los que se trasladaron para ese lugar”.

A pesar de la lejanía, constructores como Carlos desisten hablar de  carencias y aseguran que son más las satisfacciones: un salario que se equiparó con el esfuerzo, incluida la estimulación en divisa, hospedaje con suficiente confort y buena alimentación, además de saberse protagonistas “de una obra que hacía tiempo no se realizaba en el país y que demandara de tanto esfuerzo y dedicación”.

Con sus días y sus noches, para el chofer del Kamaz y su brigada el Mariel fue otra prueba de fuego porque “ni el hecho de utilizar vehículos que casi extinguen su vida útil, ni las largas distancias recorridas, imposibilitaron materializar la primera fase de la obra”, que el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés llamó una de las inversiones más grandes de las acometidas en toda la historia de las construcciones del período revolucionario con la participación de 5 600 obreros de toda Cuba, como promedio.

One comment

  1. Tanto apuro sin una razón económica justificada… Todavía no hay ni una sola inversión produciendo en el Mariel y a este hombre y a su dinosaurio rodante por poco lo revientan,se lo que es estar detrás de un timón por horas.

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