Periódico de Sancti Spíritus

Flores mustias

Pena y dolor, como bien apunta el remitente, trasunta la cuestión que lo llevó a escribir a esta columna luego de sepultar a su madre, fenecida el pasado 3 de octubre en el poblado de Guayos.

“Como todos los seres humanos que queremos a nuestros fallecidos, solicitamos a Cabaiguán ofrendas florales que debimos ir a recoger a aquella localidad. Es triste y bochornosa la mala calidad de dichas coronas, aquello no es comparable con nada que parezcan flores, solo despojos de gajos con tres o cuatro clavelones secos (…)”, narraba Néstor Hernández López, residente en la calle General Carrillo No. 76, Guayos.

Luego de cuestionar la sensibilidad de quienes laboran en la confección de dichas coronas, el lector da constancia de un dolor agregado por ese lamentable hecho y opina que resulta ilógico pagar 20 pesos por cada una de esas ofrendas, ya que, a su juicio, “no valen ni un centavo”. Su aspiración, escribe, “es que nuestros muertos tengan al menos un homenaje digno, con flores que nos llenen el alma de satisfacción”, añade.

Ante esta y otras quejas relativas a la mala calidad de las flores disponibles en la red estatal, Escambray contactó con Félix Pizarro Martínez, director de la Empresa de Floricultura y Jardinería Sancti Spíritus, quien explicó que la citada entidad, en funcionamiento desde comienzos del año 2013, arrancó sin los recursos necesarios, por lo que el 50 por ciento de los jardines permanecen sin riego al carecer de turbinas, aunque sí se dispone de 18 sistemas de riego que permanecen sin explotar. Ello se debe, dijo, no a la falta de financiamiento para adquirir dicho equipamiento, sino a la ausencia de mecanismos que permitan implementar tal gestión.

Según afirmó, también les ha afectado la deficiente calidad de la semilla, la cual “se ha venido mejorando mediante la compra a particulares en La Habana”, ya que tampoco se la suministran, como mismo sucede con los fertilizantes y pesticidas. Todo esto pese a que la Empresa de Floricultura y Jardinería pertenece al Sistema de la Agricultura Urbana, cuyos organopónicos sí se priorizan desde el punto de vista de los aseguramientos.

Si el hombre no vive solo de pan y si la mencionada asociación nació con fines cuya nobleza nadie discute, ¿cómo es que no se les garantizan las condiciones mínimas para un servicio de calidad? ¿Tendrán los dolientes, en los momentos más tristes, que conformarse con ofrendar exclusivamente flores mustias? A esa hora, aunque nadie atine a escribir en el libro de quejas y sugerencias de la funeraria de turno, duele el alma, no sin razón.



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