Héroes indefinidos

En centros educacionales también se estampan los héroes indefinidos.Llegado el punto donde proliferan estos héroes indefinidos, cabría replantearse en manos de quién se ponen los muros y las fachadas devenidas sitios para conmemorar a los patriotas.

 

Existen ciertos lugares en Sancti Spíritus donde se estampan héroes que no son los nuestros. Se parecen, pero esas figuras de trazos grotescos solo comparten algún que otro rasgo fisonómico con los hombres y mujeres que históricamente nos enseñan a honrar, nada más.

En el presunto caso de tratarse de un desliz por parte de este observador, deduzco que los autores tuvieron como patrón la fotografía menos feliz de cada mártir, las imágenes de “lo que usted no vio” o, quizás, la caricatura hecha por algún compañero de lucha en la manigua o la Sierra en un rato de descanso.

De a poco las paredes de empresas, escuelas urbanas y rurales, círculos infantiles… transmutan en una especie de tapiz surrealista signado por la presencia de rostros de escasa estética, más próximos a la parodia que a la legitimación de los próceres. Por eso no es extraño ver la figura de Martí con una delgadez extrema, a Maceo con un bigote prominente o al Che con una barba demasiado tupida, por aludir solo a los más recurrentes.

Frente a dichos ¿retratos? el proceso de identificar varía de acuerdo con la capacidad de asociación de cada cual —sí, porque no piense que es algo sencillo—. Por eso no resulta extraño ver a los niños boquiabiertos, intentando dilucidar a quién tienen delante. Y esto solo ocurre cuando, en medio de la burda imitación, salta a la vista un elemento capaz de desbloquear la mente. Por ejemplo: una sonrisa amplia para reconocer a Camilo, una boina con una estrella para el Che… De lo contrario, queda la duda.

Entonces lo que estuvo concebido para fomentar el respeto hacia quienes vivieron por y para Cuba desencadena una acción contraproducente que repercute de manera gradual en las lides ideológicas, sobre todo en los más pequeños.

Nadie sale ileso del sutil acto de deslegitimación y hasta aquellos que aún no han pasado a la eternidad sufren las consecuencias. Llegado el punto donde proliferan estos héroes indefinidos, cabría replantearse en manos de quién se ponen los muros y las fachadas devenidas sitios para conmemorar a los patriotas.

La identificación, vista desde la Psicología, se asume como la apropiación por parte del individuo de las características físicas o psíquicas de otra persona con la que sienten una conexión. Pero no creo posible establecer el mínimo contacto con reproducciones imprecisas.

Si Martí, el Che, Maceo, Celia, Vilma… lo supieran, de seguro prohibirían entregar óleos y pinceles a aficionados inexpertos que lastran la iconografía de los mártires.

Sobre la villa del Yayabo se cierne una avalancha de hombres con machete en mano y uniformes verde olivo; uno tiene una pluma en la mano y viste de negro, otros desembarcan de un yate. Me parecen conocidos, pero cuando me acerco no logro identificarlos.

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