Jatibonico marcó un hito

Manuel Enrique Gómez del Olmo estuvo entre los rebeldes que combatieron para liberar esta población, entonces de Camagüey, y hoy un próspero municipio espirituano

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El espirituano Manuel Enrique Gómez del Olmo recuerda casi cada día su participación en la liberación de Jatibonico, a donde llegó formando parte de las tropas del Pelotón 6 de la Columna No. 8 Ciro Redondo, al mando del entonces capitán Erasmo Rodríguez —pseudónimo de guerra del conocido dirigente proletario Armando Acosta Cordero—. Lo recuerda porque, siendo una localidad menor que Sancti Spíritus, allí costó muchísimo más trabajo la victoria.

Lo impresiona, porque, en Jatibonico hubo que combatir por casi cinco días contra los soldados del cuartel y contra tres refuerzos sucesivos del régimen procedentes de Ciego de Ávila, los cuales llegaron precedidos por tanques y con apoyo aéreo, y porque fue el único lugar del actual territorio espirituano en que algunas posiciones pasaron de manos varias veces. Fue el único caso —vale referir— en que el cuartel cercado fue asistido por tierra.

SE INICIAN LAS ACCIONES

Al cabo de 56 años, Manuel Enrique rememora: “Nosotros salimos de Sancti Spíritus el 27 de diciembre de1958 por la carretera de El Jíbaro, porque los puentes de la Carretera Central estaban destruidos o inutilizados por nuestras fuerzas, y además nos podía sorprender la aviación del régimen.

En una primera escala acampamos cerca de la —fábrica— Nestlé y luego seguimos a pie por La Ferrolana a coger El Majá y entramos por una finca próxima al central Jatibonico. Ya en la madrugada del 28 de diciembre nos distribuyeron en grupos y continuamos el avance por la vía férrea hasta la casa del central donde nos emboscamos, porque había guardias en el puente del ferrocarril sobre el río Jatibonico y también en el puente de hierro de la Carretera Central.  

¿Quién era su jefe directo?

“Mi pelotón iba al mando del teniente Manuel Castañeda, y los otros cuatro los dirigían los tenientes Wilfredo Aleaga, Denis Antúnez, José M. Cordero, y el que encabezaba personalmente nuestro jefe, Erasmo Rodríguez.

¿Qué plan de acción tenía su grupo?

“Nosotros debíamos esperar desplegados cerca del puente de la línea a que Manolito, un combatiente nuestro, tirara contra las postas con su M-3 desde el lado opuesto, para nosotros romper el fuego contra los guardias que cuidaban el viaducto.

“Pero Manolito no acababa de tirar, que era la señal que esperábamos, y nosotros tampoco rompimos fuego, hasta que los soldados se retiraron precipitadamente y ocupamos la posición. De allí fuimos a la casa del jefe de la guarnición, que era un chalé en las afueras. Procedimos a rodear la casa y desde dentro nos empezaron a gritar que él estaba en el cuartel, que nos fuéramos, porque su mamá anciana estaba enferma y todas esas cosas”.

¿Fue entonces que pusieron cerco al cuartel?

“No, nosotros continuamos en fila india hacia el cuartel, pero pronto tuvimos que detenernos, porque los soldados ocupaban algunos locales cercanos, como la fábrica de piensos y además eran cuatro veces más numerosos y tenían mejores armas.

“En la parte frontal del cuartel tenían emplazadas ametralladoras, calibre 50, 30 y otras armas. Por eso nos acercamos hasta donde pudimos por la parte del cementerio y desde allí disparamos contra el reducto enemigo, que respondió con todo y tuvimos que alejarnos para buscar mejores posiciones”.

¿Cómo afecta a su pelotón la llegada de refuerzos enemigos?

“Sí, pasado un tiempo nos enteramos que por la Carretera Central banda Ciego de Ávila venía un refuerzo de varios camiones con soldados, precedido por una tanqueta, y hacia allá fuimos algunas fuerzas para tratar de impedir su entrada en la localidad.

“Nosotros nos desplegamos en abanico y tratamos de pararlos, combatiendo contra ellos por más de media hora, pero finalmente lograron abrirse paso y seguir hacia el cuartel hasta unirse a los guardias cercados. En los días siguientes entraron más refuerzos.

Se ha dicho que en los días de la batalla los rebeldes se retiraron de algunos puntos que ocupaban y que luego volvían y continuaban el asedio. ¿Hasta dónde es cierto esto?

“Hay que reconocer que no fue fácil, pues a menudo teníamos que evacuar las posiciones. Eso ocurrió junto al cementerio, y luego en la Carretera Central, frente a refuerzos adversarios, y también en los alrededores de la fábrica de piensos, debido a que éramos muy inferiores en número y armamento…

“No obstante lo anterior, a no ser algunos sitios como la fábrica de piensos en la parte inicial de la lucha, la población estaba en nuestras manos desde la mañana del 30 de diciembre, y los guardias, que sumaban unos 400, cercados en el cuartel”.

LOS ÚLTIMOS MOMENTOS

Se sabe que el cuartel de Jatibonico se encontraba hacia el sur de la localidad, aislado de la población, y con pocos puntos vulnerables por donde se le pudiera atacar, sobre todo con armas de infantería. Gómez del Olmo recuerda a propósito:

“Nosotros nos acercamos bastante en varias ocasiones, hasta que el último día, ya con el pueblo hacía rato en la calle celebrando la victoria, llega el capitán Erasmo Rodríguez y, tras concertarse una tregua, deja caer sus armas y avanza desarmado hacia el cuartel. Él entró en la fortaleza enemiga gritando: ‘¡Arriba, que el tirano se fue!’, ‘¡Viva la Revolución!’, y otras cosas, y todo esto rodeado de soldados armados, pero ya desmoralizados.

“Era la segunda vez que entraba allí, porque la primera los jefes no aceptaron la capitulación de la tropa, pero ya en esta ocasión Batista se había ido, toda Cuba era territorio libre y a los guardias no les quedaban alimentos ni agua, así que no tenía sentido que continuaran resistiendo y muriendo por una causa perdida”.

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