La Amistad echa raíces

El mal estado de los viales deviene preocupación principal.Poblado por gente de muchas partes, humilde y atada al surco, el asentamiento taguasquense hace honores a su nombre.

La Amistad y sus alrededores parecen esconder bajo tierra algún  atractivo natural capaz de despertar el interés de los emigrantes. Cuentan que fueron dos o tres canarios los primeros en establecer allí las sitierías, después se arrimaron a los fértiles suelos familias de lugares cercanos; en la actualidad, habitan el asentamiento cerca de 900 pobladores, muchos llegados de Oriente, CamagUey, Camajuaní, Cabaiguán…

La raíz migratoria parece ligada al surco. “Estas tierras ven el agua y se vuelven locas, las plantas parten con tanta fuerza que cuidado con eso”, dice el campesino Michel Zamora, tratando de explicar ese apego a la tierra.

Tan cotidianas son las ocupaciones que pocos allí reparan en los orígenes del caserío, mucho menos del nombre. Sin embargo, Nilvia Martín ha dedicado tiempo a hurgar en ese pasado sin ser oficialmente la historiadora de la comarca.

“Lleva este nombre porque antes existían varios comercios en la zona, uno de aquellos comerciantes, cuando reunió algún dinero, montó su negocio de tienda, barbería y molino y lo nombró La Amistad. Entonces eran tres o cuatro casas, después fue creciendo, se hizo el batey de la Cooperativa de Producción Agropecuaria José Martí —ya extinguida—, la escuela y otras viviendas e instalaciones”.

El estirado caserío, situado entre Zaza del Medio y La Rana, devino una zona de mucha vida económica, porque entre el tabaco, la ganadería, el ajo, los cultivos varios y el arroz, la gente y la tierra descansan poco, según manifiesta Alberto Brito, un veterano anclado allí desde 1952.

LOS VIALES PREOCUPAN

El deterioro de los viales es la queja más recurrente, lo que más preocupa a la población, comenta Nilvia Martín, trabajadora del centro comercial de la Agricultura enclavado en la zona y agrega: “El consultorio se ha mantenido con un médico extranjero o cubano; la bodega tiene estabilidad, pero la parte cultural está apagada, son muy pocas las opciones recreativas más allá del termo de cerveza, la botella de ron o el dominó”.

Alexander Corrales, administrador de la bodega y delegado de la Circunscripción No. 42 —una de las tres en que se divide el lugar—, explica que la reparación de la carretera Zaza del Medio-La Rana estuvo proyectada para el segundo trimestre del año y, hasta el día de la visita de Escambray, no se había hecho nada.

E acuerdo con su criterio, el mal estado de los caminos dificulta el acceso del transporte y también repercute en el deterioro de esos medios. En su agenda otro planteamiento de los electores son los problemas con el alumbrado público.

“Ahora está golpeando mucho la recogida de los desechos sólidos, ya que Comunales eliminó el salario del trabajador que se ocupaba de eso mediante tracción animal, con la idea de que el carro de Zaza del Medio cubriera esta ruta, pero en la práctica eso no ha funcionado y la comunidad se está llenado de microvertederos en las cunetas, en los alrededores, en medio de una situación ambiental delicada”, expresa el delegado.

A otros habitantes de La Amistad les preocupa el cierre del aula de preescolar para el siguiente curso también la falta de medicamentos, lo cual los obliga a trasladarse a La Larga.

Agustín Quesada pondera la vida tranquila del caserío.GARANTÍA DE EMPLEO

Además de la tierra como fuente principal de empleo, en la comunidad y los alrededores se concentra una infraestructura socioeconómica que quizás no tenga repetición en otras áreas rurales de la provincia. A los establecimientos tradicionales, entre ellos bodega, consultorio médico, círculo social y escuela, se le unen la base municipal de guaguas escolares, el taller central de la empresa agropecuaria del territorio, almacenes de suministros agropecuarios y varias cooperativas.

Las estructuras del Gobierno mantienen acercamiento con el batey, asevera Agustín Quesada, otro de los delegados del Poder Popular, quien comenta que allí la vida hace honor al nombre del caserío y la gente desde que llega trata de entablar relaciones.

“Hay sus excepciones, pero la juventud de aquí no está perdida, trabaja y da la cara a la producción”, comenta.

“Mire lo que son las costumbres, en La Rana las personas se dan la mano, aquí, todo el mundo te dice adiós y la vida es pasiva”, expresa desde el portal de su casa Evelín Quesada, en un intento por reafirmar la vocación amistosa de la comunidad.

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