Martí y las nuevas generaciones

En el aniversario 161 del natalicio del Héroe Nacional cubano, un sincero homenaje.

En la fecha de tu cumpleaños quiero agradecerte por la compañía en la vida de los niños y adolescentes de Cuba. Llegas con las lecturas de La Edad de Oro por la maestra de cualquier nivel de enseñanza. Cuentos, vivencias y consejos son comunes en sus páginas. ¿Quién no recuerda a Meñique, a Nené Traviesa o a los héroes Bolívar, Hidalgo y San Martín?

Con el crecimiento de los infantes te develas en lírica, sencillez en la rima llena de valores. Aun así te conviertes en estrofas profundas llenas de la libertad, en “encrespados Versos Libres”. Sin dudas, la independencia de la  Patria vuelve a ser tema recurrente.

La existencia de tantos textos tuyos al alcance de la mano confirma la prolífera obra, llena de la agitada vida y del clamor constante acerca de una República con todos y para el bien de todos. El presidio, el destierro y la lejanía de tu hijo no te hicieron abandonar la idea que te llevó a la lucha.

La guerra necesaria, en los albores de 1895, aflora para los habitantes más jóvenes del archipiélago a través del estudio de la emigración cubana en los Estados Unidos. Solo que a veces se te dogmatiza y no entiendo por qué. Tú, Apóstol, sentiste el goce de la naturaleza y los libros de ciencia, las sensaciones gratas de la buena música y la honda poesía. Percibiste el disfrute en el constante intercambio espiritual del hombre, sentiste las privaciones de la vida como cualquier otro ser humano, tal vez incluso más, con el grillete, como lo tuviste, atado al pie de 16 años.

Los jóvenes de hoy se crean su propia imagen de quien no solo supo mostrar la necesidad de la independencia de Cuba, sino que hizo todo cuanto estuvo a su alcance para conseguirla y alertó sobre los peligros que amenazaban la integración latinoamericana. En ese haber tuvo una familia de la que fue amantísimo hijo, padre, hermano…

Pepe Martí cumple 161 años. En su honor, una gigante Marcha de las Antorchas en la capital cubana vuelve a ser el regalo para el hombre sincero.

La autora es estudiante de Periodismo de la Universidad Central de Las Villas.

One comment

  1. Jose Antonio Soto
    Este artículo es un análisis médico-histórico sobre las circunstancias en que murió José Martí realizado por el doctor José Antonio Soto, médico cubano residente en Miami
    Ciento dieciocho años después de su caída “de cara al sol”, en la ribera del Contramaestre, el apóstol de la independencia cubana parece aún revelar detalles sobre el misterio mismo de su muerte. Un análisis minucioso de los originales de la autopsia hecha por el doctor Pablo Valencia, el 23 de mayo de 1895, descubre la trayectoria de los proyectiles, y por tanto, los posibles órganos involucrados y hasta la localización de los soldados enemigos cuando se produce la muerte del “delegado” del Partido Revolucionario Cubano.
    Muchos han escrito sobre los motivos de su participación directa en la contienda, de la trayectoria del cuerpo ya sin vida e incluso sobre las heridas heridas sufridas. Pocos autores han procedido respetando el documento guardado tras las celosías del Archivo Nacional de Cuba. Los originales de la autopsia, accesibles por internet, son el único testimonio de quien observó a detenimiento el cadáver de José Julián Martí Pérez. Apartándonos de la lúgubre frialdad, típica de tales manuscritos, y de las limitaciones de la ciencia forense, aun en pañales para la época, se lee un texto detallado sobre las trayectorias balísticas, la dentadura, los tegumentos, las heridas y otras características del cuerpo inánime del Héroe Nacional de Cuba. Todos datos de primerísima importancia para el investigador de cualquier época.
    ¿Cuántos le dispararon? ¿Desde dónde? ¿Qué órganos afectaron los tiros? ¿Cayó con vida? ¿Fue rematado? Cada pregunta es un resorte de revisiones documentales, iconográficas, anatómicas, radiológicas, cartográficas y hasta satelitales. Por primera vez he podido juntar datos de tantas ramas del conocimiento sin perder mi objetivo guía: saber de qué murió el apóstol Martí. ¿Podría haber sido salvado entonces, y ahora?
    LA AUTOPSIA
    El doctor Pablo Aureliano de Valencia Forn escribió de puño y letra “…estaba regularmente nutrido, de constitución regular y temperamento bilioso. Aunque delgado, bien conformado, de estatura regular, pelo castaño oscuro muy rizado; una pequeña calvicie en la coronilla y entradas muy pronunciadas en las sienes; frente ancha y despejada; cejas de igual color que el pelo y no muy pobladas; ojos claros…”. No consta en ningún otro documento que Martí tuviera ojos claros, pero su cuerpo exhumado cuatro días después del deceso, se encontraba ya en estado de descomposición. La coloración de la córnea, el débil cristal que cubre la cámara anterior del ojo, se torna blanquecina después del cese de la vida. Junto a la turbidez y el resecamiento de los humores oculares puede tomar una pigmentación azulada. Se dice que Martí tenía de por sí los ojos pardos; quizás esto explica tal observación. Lo del “bigote fino y poco poblado”, que también aparece en el documento, viene a colación con la referencia del apóstol en su Diario de Campaña el 14 de Mayo, cinco días antes de su inmortalidad; lo llamó “cuidador”, pero seguido aclaró que era una visita del “barbero”.
    “…Una herida de bala penetrante de pecho…”, prosigue el doctor Valencia, “…cuyo orificio de entrada parecía corresponder a la parte anterior del pecho, a nivel del puño del esternón el cual había sido fracturado, presentando al parecer dicha herida su orificio de salida por la parte posterior del tórax, en el cuarto espacio intercostal derecho, como a diez centímetros de la columna vertebral…”. Lesión extensísima de la vulnerable arquitectura que guarda el corazón, los grandes vasos y los pulmones. Luego de atravesar la piel la bala fracturó lo que algunos llaman “la tabla del pecho”, justo en el área por donde transcurre el cayado aórtico. Por esta porción de la arteria mayor del corazón corre a presión el torrente sanguíneo hacia al resto del cuerpo.
    Siguiendo la trayectoria balística, el proyectil vino desde arriba, desde la izquierda y de delante hacia detrás. La bala debió arrastrar pequeñas porciones del hueso que actuaron como esquirlas de fragmentación causando daño adicional a su paso por tejidos blandos. El orificio de la espalda, en el cuarto espacio entre las costillas y a unos diez centímetros de la columna, en el lado derecho, explicaría la ruptura inevitable del pulmón de ese lado y seguro que de alguna arteria y bronquio. En 1907, la exhumación hecha en presencia del hijo, José Francisco Martí y Zayas Bazán, evidenció algunas costillas rotas en dos partes, posiblemente un efecto directo o de la onda expansiva del disparo; entonces se atribuyó a putrefacción. Paro cardíaco (por asistolia), la pérdida súbita de sangre (hipovolemia aguda) y paro respiratorio secundario a la ruptura del pulmón (pneumotórax post-traumático), son algunas de las teorías que explicarían el fallecimiento casi instantáneo de uno que no temía morir en la manigua redentora.
    “…Otra herida de bala en el cuello cuyo orificio de entrada estaba debajo de la barba como a unos quince centímetros de la misma y a cuatro de la rama derecha del maxilar inferior y cuyo orificio de salida se encontraba por encima del labio superior, lado derecho, cuyo labio se hallaba destrozado…”. Este disparo pudo haber tocado una estructura clave: el bulbo carotídeo. Dicha estructura, parte de la ramificación de la arteria carótida interna, que lleva la sangre al cerebro por el lado derecho, puede causar al ser estimulada, el “reflejo del bulbo carotídeo muerte” y conducir al paro cardíaco. El reflejo baroreceptor ha sido postulado como la causa del cese instantáneo de la vida en el ahorcamiento, la estrangulación y hasta en la a veces fatídica estimulación erótica. El proyectil vino del lado derecho, de atrás hacia adelante y muy probablemente de abajo hacia arriba. Sin duda, debió al menos, estimular el bulbo carotídeo. Antonio “el mulato” Oliva, uno de los fusileros que disparó y se atribuyó la muerte del apóstol por razones obvias de matón, aseguró según testigos, que había disparado desde un “yerbazal”. Esto coincide con la trayectoria balística de la ojiva; sin embargo, el disparo del cuello pudo ocurrir segundo al del pecho y la pierna derecha.
    “…Otra herida, igualmente de bala, en el tercio inferior del muslo derecho y hacia su parte interna…”. El doctor Valencia subraya algunas de sus notas. No describe orificio de salida en la pierna derecha, pero en la exhumación del 24 de febrero de 1907, se notó rotura de la tibia y la fíbula derecha, cerca de la rodilla. La entrada del proyectil por el lado interno del muslo derecho, junto a las lesiones óseas encontradas sin orificio de salida, indican una trayectoria balística desde arriba hacia abajo y desde la izquierda. No hay registros de haberse encontrado algún proyectil en el cuerpo del “Presidente” mambí. Tal vez podría estar impactado todavía entre las gruesas paredes de sus huesos sagrados.
    EL LUGAR DE LOS HECHOS
    Las heridas han de verse en relación con el lugar donde fueron causadas. Martí fue emboscado. De acuerdo con los orificios de entrada y salida, dos de los tres disparos vinieron desde arriba. Uno desde abajo o al menos desde la altura de un hombre a pie. Las fotos actuales de satélite (Google Imagery © 2014.Landsat, U.S. Geological Survey. “Obelisco de Dos Ríos. Muerte de José Martí Pérez”) muestran una tupida flora en toda la cuenca del Contramaestre, incluido el sitio marcado por Máximo Gómez como el lugar de su último aliento. La vegetación tropical consta de árboles frondosos, descritos por Martí con sumo detalle en sus días finales (Diario de Campaña. Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1985). Al final de la guerra los españoles muy probablemente habían aprendido la lección de los insurrectos quienes causaban numerosas bajas a los ibéricos al usar los maderables cubanos como torres de tiro. Hasta hoy, la geografía local ha sido poco transformada por la mano del hombre y el hábitat ha sobrevivido. Areas naturales, similares topográficamente al sitio del obelisco actual, se repiten a lo largo del serpentuoso Contramaestre. Aparecen pequeños claros entre yagrumas, cedros, quiebrahachas, júcaros, almácigos, ceibas y caobas. Todo perfecto para emboscar desde las alturas y evitar el temible machete.
    LA SECUENCIA FINAL
    La sucesión de heridas más lógica en relación con el lugar de los hechos y las trayectorias balísticas determinadas por la autopsia sería la siguiente: José Martí cabalgaba al frente de la tropa próximo a la ribera cuando se produce un primer disparo al pecho que lo hace caer hacia atrás sobre el lomo de “Baconao”, su caballo de batalla. La bala lo atraviesa sin tocar la escápula, un hueso de la espalda que algunos suelen llamar “la paleta”, debido a la posición de sus brazos hacia adelante y al centro aguantando las riendas. Un segundo disparo, posiblemente de otro tirador, penetra el muslo derecho que queda expuesto y levantado por las fuerzas de tracción y gravedad. Mientras se adentra moribundo en la emboscada, un tercer tirador, desde la posición de rodilla en tierra o de pie, le dispara al pasar y lo impacta en el cuello. Martí finalmente cae. “Baconao” corre herido también “chorreando sangre” y regresa solo hacia las tropas mambisas. Martí fue seguido de cerca por otros libertadores que se involucraron en una balacera relámpago. Todo debió transcurrir de segundos a minutos. Cuando el cuerpo fue encontrado, Martí ya era mártir.
    Sobre la caída del apóstol las hipótesis pueden ser infinitas, pero el margen para teorías fundamentadas en el estudio de las heridas, la trayectoria balística, su secuencia y la relación con el lugar de los hechos, es muy estrecho. Nadie ha atestiguado un tiro de gracia. Las heridas no mostraron signos forenses de haber ocurrido a corta distancia, y la única lesión descrita con desgarro fue la del labio (de salida). La autopsia, aunque limitada si la medimos por los estándares actuales, es de extraordinario valor tanatológico, y la recopilación de datos de las exhumaciones parecen armonizar con el deseo omnipresente del jóven Martí:
    “No me pongan en lo oscuro
    A morir como un traidor;
    Yo soy bueno, y como bueno
    ¡Moriré de cara al sol!” .
    El doctor José Antonio Soto, MD es especialista en Medicina Familiar. Autor y comunicador médico. Graduado del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, Cuba en 1987. Graduado del Programa de Medicina Familiar en la Universidad de Miami/Jackson Memorial Hospital con estudios de Postgrado en la Universidad de Harvard en 1999. Actualmente trabaja en práctica privada y como Instructor Clínico de Medicina Familiar con la Ross University School of Medicine.

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