Mi razón de ser es dar clases

La satisfacción de ayudar en un programa que ha sacado del analfabetismo a unos cinco millones de personas sirve de aliento para Luis Eyén.Declara un joven espirituano que funge como asesor de la Misión Educativa Cubana en Haití.

Cuando en marzo de 2001 Leonela Relys Díaz recibía la encomienda del Gobierno de la República de Cuba de crear una cartilla de alfabetización que combinara letras y números, por sugerencia expresa del entonces Presidente Fidel Castro, Luis Eyén Reina García aun vestía uniforme azul y estaba a meses de comenzar su licenciatura en Educación Primaria.

Doctora en Ciencias Pedagógicas, Leonela había participado en la histórica Campaña de Alfabetización en la isla. Cumplió la encomienda en cuestión de semanas y meses después ya se ultimaban las cartillas y los guiones de las clases televisadas que pondrían en pie de paz a casi 30 países del mundo.

Así, mientras el joven bebía cápsulas de magisterio para saciar su sed infinita de enseñar a los demás, nacía el programa “Yo sí Puedo”, que le daría abrigo muchos años después en el primer país en acoger a los alfabetizadores cubanos.

A Eyén, como se le conoce en su ámbito laboral, le espolea siempre una necesidad imperiosa de aprender, así que tras vencer la Maestría en Ciencias de la Educación en 2011 se enfocó en estudios de doctorado que ahora realiza. Cuando se vio instado a dejar su puesto de vicedecano de Investigaciones y Posgrados en la Facultad Educación Infantil de la Universidad de Ciencias Pedagógicas para fungir como asesor del programa de alfabetización en Haití, sintió que aquella sería una nueva forma de realización personal. “Además de la lectura, me gustan la locución, la investigación y lo más importante y mi razón de ser en el mundo de la pedagogía: dar clases”, declara en entrevista vía correo electrónico, tras recordar que es oriundo de la localidad de Júcaro, en el municipio de Yaguajay.

¿Qué labor específica realiza allá?

“Me desempeño desde el pasado mes de marzo como asesor pedagógico de la Misión Educativa, lo cual presupone el trabajo metodológico en cada uno de los departamentos donde existe presencia cubana directa. Llegué al país el 26 de agosto de 2013, como uno de los 26 asesores del programa cubano de alfabetización Yo sí puedo, o Wi, mwen kapab traducido al creol, lengua oficial de la República de Haití, durante dos años. Comencé a trabajar en el departamento Sur, cuya capital es Okay (Les Cayes en francés  y Los Cayos, en español) y a partir del mes de noviembre me trasladé al departamento Oeste, en Puerto Príncipe”.

¿Cuáles han sido sus vivencias en estos 10 primeros meses?

“Durante  mi estancia en el Sur realicé supervisiones, impartí formaciones. Es algo maravilloso ver cómo esas personas que no tienen formación pedagógica se apropian de la técnica para la enseñanza de la lectura y la escritura, y luego la aplican con los participantes. Llama mi atención el que hombres y mujeres iletrados, muchos con una avanzada edad, que se ocupan del mercado, la agricultura, entre otras tareas, muestren siempre su interés por asistir a los centros. Ellos agradecen infinitamente la labor de Cuba en este aspecto, lo expresan con tremenda alegría y satisfacción”.

¿Ha chocado con la verdadera pobreza del pueblo haitiano?

“La pobreza marca a todas esas personas incluidas en el programa. Resulta impresionante que jóvenes con 18 años nunca hayan tomado un lápiz en sus manos porque su situación económica no les permite pagarse los estudios, eso hace ver una vez más las notables diferencias de clases que existen”.

¿Cómo sortea las barreras del idioma?

“En el país se hablan dos lenguas: el creol y el francés. La primera es la materna y la segunda se habla en los espacios oficiales, pero en la escuela se enseña como si fuera la materna. Lo que sucede es que estas personas, como nunca fueron a la escuela, no conocen más que el creol. Pero para mí esa no ha sido una barrera, pues en el curso escolar 2009-2010, cuando me desempeñé como asistente de lengua española en Francia, tomé clases para aprender el francés. Existen similitudes entre este y el creol, lo que me ha facilitado también aprender este último”.

¿De qué se vale para sobrellevar la separación de su familia?

“He tenido que saber combinar el trabajo con la distancia que me separa de mi querido hijo Fréderic, a quien dejé en los brazos de su madre cuando a penas tenía ocho meses de nacido. Ya dice papá, mamá y otras palabras, sabe pedir el agua, camina, corre, juega, va al círculo infantil y no he podido disfrutar de esos bellos momentos suyos.

“Sin embargo, hay algo que  me ayuda a aliviar esta nostalgia. Es saber que estoy colaborando para que un país que lo necesita verdaderamente logre hacerle frente a ese fenómeno social tan agraviante que es el analfabetismo. Llevo como consigna estas palabras de nuestro Martí: Ayudar al que lo necesite no es solo parte del deber, sino de la felicidad”.

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