La distracción y el error son fatales

sancti spiritus, salud, ebola, medicos cubanos, sierra leona, africa, dia de la medicina latinoamericanaMiguel Sacerio Caballero, uno de los colaboradores espirituanos en Sierra Leona asegura que la valentía no es otra cosa que aprender a superar el miedo

 

Antes de que aquella nave blanca, que permanecía apostada en una de las pistas del Aeropuerto Internacional José Martí, se lanzara de canto contra la noche, el doctor Miguel Sacerio Caballero volvió a estremecerse. Antes, incluso, de poner un pie en la escalerilla del avión quizás le rondó de nuevo ese salto en el estómago al pensar en los suyos que a esa hora tal vez dormían en su casa allá en Jatibonico.

Ni en ese instante vaciló —aunque tampoco niegue que más de una vez el temor se le abalanzara—, acaso porque lo había decidido sin excusas: ayudar a contener la epidemia de ébola, incluso a riesgo de su propia existencia, sería otro de los pasajes en su batalla diaria por salvar vidas.

Han pasado más de dos meses de que se le arremolinaran de golpe tantas emociones y justo hoy, luego de que una retahíla de preguntas lanzadas por esta reportera le asaltara su buzón de correo electrónico, regresan las confesiones.

“El miedo es una característica del ser humano, pero lo más importante es superarlo y en eso consiste la valentía —revela—. Al subir la escalerilla del avión sentí orgullo por poder saludar personalmente a nuestro presidente Raúl Castro, le mandé saludos al más grande de la historia: Fidel Castro Ruz, y luego comencé a pensar en el regreso”.

Después de varias horas de vuelo, Sierra Leona se le desnudó sin tapujos y allí, con los dos pies en tierra, comenzó a sentir los primeros desgarros: “Al llegar vimos un aeropuerto totalmente vacío, sin más pasajeros que nosotros. Nos recibieron el embajador de Cuba, la jefa de la misión médica de Sierra Leona y miembros del Ministerio de Salud de esta nación. Cuando partimos a nuestro destino vimos un país extremadamente pobre y desgastado por una larga guerra civil recientemente; eso me encogió el alma”.

Eran las primeras heridas. En Freetown, ese lugar donde hoy vive y sana, ha visto nacer un hospital exclusivo para el tratamiento de los pacientes con ébola, gracias a la cooperación de la organización británica Save the Children, y también le ha visto de cerca la cara a la muerte.

La mayor cantidad de fuerza de trabajo es nuestra y se trabaja las 24 horas dividido en cuatro turnos. Cuando se llega al hospital el jefe del team médico distribuye los equipos con el plan a realizar y al entrar el tiempo de estancia es de 40 minutos a una hora.

“Comenzamos a trabajar el 5 de noviembre luego de un entrenamiento intensivo por expertos de la Organización Mundial de la Salud. El hospital tiene características únicas, ya que fue diseñado específicamente para tratar esta enfermedad y no existe otro en el país. La mayor cantidad de fuerza de trabajo es nuestra y se trabaja las 24 horas dividido en cuatro turnos. Cuando se llega al hospital el jefe del team médico distribuye los equipos con el plan a realizar y al entrar el tiempo de estancia es de 40 minutos a una hora. En estos momentos se están recibiendo casos de otros hospitales y la cantidad es muy variable. Aquí existe capacidad para 100 camas, pero aún no está terminado el hospital y ahora estamos trabajando con 20 camas”.

No experimentó jamás en México —adonde llegó en el 2007— ni en Venezuela, hace un quinquenio atrás, esa incertidumbre de andar todo el tiempo sobre el filo de los riesgos. Pero el ébola no entiende de desprevenidos, por eso ha tenido que aprender a respirar debajo de aquellos trajes impermeables, de los nazobucos, de las gafas obligatorias y hasta ha debido habituarse al rigor de medidas extremas como la que le hizo negarse a acceder a cierta petición periodística: “Lamento no poder complacerte con una foto mientras trabajo —me escribió—, porque no se pueden usar cámaras; todo lo que entra a ese hospital es llevado a un crematorio para evitar contaminación”.

Del ébola Miguel solo conocía lo estudiado en no pocos libros; mas, en medio de aquellas naves altísimas que semejan una sala de hospital, de aquellos cuerpos al borde de los quebrantos que aclaman socorros, de los tratamientos urgentes que intentan asir vidas comprobó que en la epidemia la desprotección es uno de los mayores peligros y que la muerte, por más acostumbrada que sea, siempre deja cicatrices.

“En este tiempo lo que más me impresionó fue la muerte de una niña de 9 años. Los primeros síntomas de esta enfermedad son hipo, decaimiento, fiebre, pérdida de apetito pero las complicaciones son shock hipovolémico, convulsiones y sangramientos masivos que llevan a la muerte. La forma de protegerse es concentrarse en cada paso a realizar; la distracción y el error son fatales”.

Acaso por eso cada día lo acecha el mismo desvelo: salvar. Y mucho antes de que Freetown despierte, ya anda Miguel regulando el goteo de sueros, indicando medicamentos, sanando… Lo calla, quizás porque prefiere evadir hazañas y porque es un hombre de palabras esquivas como se me figura en esas líneas digitales que lo traen de vuelta.

“En este tiempo lo que más me impresionó fue la muerte de una niña de 9 años. Los primeros síntomas de esta enfermedad son hipo, decaimiento, fiebre, pérdida de apetito pero las complicaciones son shock hipovolémico, convulsiones y sangramientos masivos que llevan a la muerte.

Pero hoy, 3 de diciembre, amanece diferente en aquellos parajes africanos. “Felicita a todos los trabajadores de la salud a nombre de todos los espirituanos que estamos acá en esta riesgosa lucha”, solicita en el último mensaje llegado a mi correo.

Tal vez hoy no haya tiempo para los acostumbrados festejos por el Día de la Medicina Latinoamericana ni le atiborren de regalos, pero al menos a solas en aquella habitación de hotel donde habita tendrá la cercanía de este diálogo a ciegas y a lo mejor hasta se le despabilará ese sueño recurrente que le rondó antes, incluso, de poner un pie en la escalerilla del avión, como confesara: “Espero que el regreso sea con mucha seguridad y que al cumplir las normas internacionales, después de la cuarentena tendré un feliz regreso a casa”.

2 comentarios

  1. Gracias al MÉDICO Miguel, así con mayúsculas, por su valor, por su desinterés, por su desprendimiento, por luchar con riesgo para su propia integridad, a nombre de todos nosotros, contra una enfermedad que, si no es controlada, costara de seguro millones de seres humanos, GRACIAS A EL Y A TODOS LOS HERMANOS QUE ESTÁN EN ESA TRINCHERA PARA BIEN DE LA HUMANIDAD……MUCHAS GRACIAS Y FELICIDADES POR EL DÍA DE LA MEDICINA LATINOAMERICANA, reitero para este espirituano y para todos aquellos que están allí, sin miedos, serenos, firmes y cuidando de sus vidas que ya no les son propias, por lo importantes que son para toda la raza humana….MUCHAS GRACIAS.

  2. Alberto Hernández Mursulí

    Sin dudas esta misión se las trae muy difícil para todos estos compatriotas que sin basilar en nada ni nadie han partido a un destino desconocido y aunque han sido severamente entrenados, no deja de ser una misión muy riesgosa y sabiendo que ya hay un compañero de ellos que está enfermo por esta causa, las conclusiones que sacamos de todo esto es lo que ha dicho Miguel que tienen que protejerce hasta lo imposible, descanzar todo lo necesario y estar atentos a todo lo que pueda ocasionarles cualquier contaminación, pensamos aquí en el central Uruguay de Jatibonico donde vive la familia de este humilde yn abnegado trabajador de la salud. esta misión no se parece a ninguna de las otras ya que la muerte los está rondando sin cesar por lo que proponemos que al regreso de estos compañeros se les otorgue un reconocimiento de primer valor en todos los sentidos.

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