Molino de arroz Manolo Solano busca calidad en su producción

A inicios de diciembre la producción del Manolo Solano rebasaba las 6 630 toneladas de arroz consumo.La planta espirituana abastece de arroz a casi todo el mercado turístico nacional y a la red de tiendas en divisas del país.

Aunque las terrazas y los hombres que allí laboran son responsables directos del incremento que exhibe Sancti Spíritus en la producción de arroz, no puede ignorarse en ese resultado la industria procesadora y, en particular, el molino Manolo Solano, encargado de abastecer con un cereal de alta calidad a casi todo el mercado de la infraestructura turística nacional y, prácticamente, a la totalidad de las tiendas recaudadoras de divisas en el país que comercializan el alimento.

Tal misión no es nueva para el colectivo de más de un centenar de trabajadores; empezó en la década del 90 del siglo pasado, a la par del funcionamiento de esos mercados en la isla. Solo que al paso de los años la planta, ubicada en la barriada espirituana de Colón, fue puliendo su desempeño hasta llegar al montaje de una moderna tecnología y hoy la industria atesora la mayor capacidad entre las insertadas a estos destinos en la isla.

Alrededor de la calidad gira la eficacia del molino y de ella dependen sus ventas en divisa (principal objetivo), “porque es un mercado exigente, de ahí que este año más del 40 por ciento de la producción ha salido al 4 por ciento de nivel de granos partidos, la categoría más competitiva en el mundo”, manifestó Yosvany Aquino, director de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Manolo Solano.

CLAVES DEL MOLINADO

¿Solo la tecnología marca la diferencia a la hora de entregar un arroz consumo de calidad?, preguntó Escambray.

El componente técnico incide —responde Orlando Santos, jefe de producción—, pero si algo funciona aquí es un seguimiento al flujo productivo muy riguroso, fíjate que hacemos ocho o nueve pruebas por hora hasta lograr estabilidad en el proceso, ayudado por un laboratorio con moderno equipamiento, y eso garantiza la calidad del grano”.

Agrega que para tener una producción competitiva se requiere también la estabilidad de la cosecha, “pues la calidad empieza con ese arroz que viene del campo, que esté cortado con el nivel de madurez idóneo; después intervienen la planta y el hombre”.

A inicios de diciembre la producción del Manolo Solano rebasaba las 6 630 toneladas de arroz consumo (el plan era 6 600), enmarcadas entre los niveles del 4, el 10 y el 20 por cientos de composición de granos partidos; tal adelanto creaba condiciones para superar al cierre del año las 7 000 toneladas y satisfacer otros pedidos del consumo nacional.

“Desde la década del 80 del pasado siglo no se alcanzaba esa magnitud productiva, resultado determinado por el cambio tecnológico, la entrada estable de materia prima, la consagración del colectivo y la eficiencia industrial, medida en el aumento del rendimiento: por cada 100 libras de arroz cáscara, se obtienen 67.22 de arroz consumo”, explica Yosvany Aquino.

SENTIDO DE PERTENENCIA

El joven Alain Fernández lleva solo tres años de molinero; sin embargo, denota dominio del oficio. “Es un trabajo difícil, los turnos son de 10 horas, hay que estar velando el proceso continuamente, sobre todo los pasos principales: descascarado y el pulido final, ahí se decide la calidad del grano”.

Debajo de la línea el veterano Alfredo Bron no detiene su faena de limpieza y apenas repara en que cada día barre unos 200 metros cuadrados de superficie; “se produce alimento, aquí no puede haber churre, el área tiene que estar limpia”.

El orden y los bajos niveles de ruidos distinguen también la planta, que tiene la capacidad de aportar diariamente 45 toneladas de arroz consumo. La misión de abastecer buena parte del mercado nacional en divisa trasciende además por contar con la mejor comercializadora de su tipo en el país en los últimos cinco años.

Tener vendidas hasta inicios de diciembre casi 3 700 toneladas en CUC es un medidor de la calidad, asevera Pastor Román, especialista de la actividad en la UEB. “Hay que complacer al cliente con un producto competitivo, que evite al país tener que importarlo; para ello aplicamos encuestas y mantenemos un seguimiento a esa satisfacción, hasta ahora no tenemos rechazo de la producción”, puntaliza.

El “Manolo Solano” asume una encomienda no menos importante: allí radica el taller encargado de confeccionar y reparar las piezas para la industria arrocera de la provincia y cuenta, además, con una brigada de montaje de silos.

Trabajadores y dirigentes concuerdan en que los sistemas de pago repercuten sobremanera en los resultados de la planta y en la estabilidad laboral. “El colectivo se toma las cosas a pecho, cuanta tarea hay que hacer la gente responde; siempre nos estamos midiendo con los demás molinos para estar en la delantera y tener una industria competitiva a nivel nacional”, define Yosvany Aquino.

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