Rafael Saroza Valdés: suena, guitarra mía

El músico compuso más de medio centenar de piezas en su corta vida.Nacido en Trinidad, este cantautor constituye uno de los pilares de la trova tradicional de la tercera villa cubana.

El alma de Rafael Saroza Valdés sigue escuchándose en su Trinidad natal en voz de trovadores como Isabel Béquer, Pedrito González, Carlitos Irarragorri y de otros que lo veneran. Músico bohemio y poeta, a pesar de su breve vida dejó un legado que reclama una mirada más detenida.

Nacido el 29 de agosto de 1901, regaló a la música cubana más de medio centenar de piezas, entre estas, Guitarra mía, sin dudas, la que cuenta con más versiones y que ha acompañado a no pocos amoríos: Suena, guitarra mía,/ lindo tesoro de inspiración./ Suena, que tú eres vida,/ eres arpegio de mi canción…

Pero a este creador se le deben, además, temas como Cabecita loca, Tus lágrimas, Plegaria, ¿Por qué?, Soledad, Jamás, A Conchita Téllez, Cubanita, Quién fuera luna y Celos.

Mas, ¿cómo nació la pasión de Rafael Saroza por la música? La investigadora Dulcila Cañizarez asegura que Paula Valdés, la madre de este trinitario, resultó clave a la ahora de encauzar las inquietudes artísticas de su hijo, a quien matriculó en la Escuela Municipal de Música al fundarse esta en 1908. En esa institución estudió guitarra, teoría y solfeo.

Rafael Saroza se sumergió en la trova tradicional gracias a Lorenzo Guerrero, con quien cantó hasta 1925. Desde hacía rato ya componía. “Las canciones de Rafael Saroza presentan una línea melódica romántica y bien estructurada, con acompañamientos de excelente armonización”, ha sostenido Dulcila Cañizarez.

En 1925 formó un dúo con Juan (Juanico) Castiñeira, que actuó en varios teatros de Trinidad, y específicamente en el Armenteros amenizó las películas silentes. Al fallecer Juanico, se unió musicalmente a Rafael (Felo) Pomares de la Roca, con quien se presentó en diversas locaciones de la propia villa.

Lamentablemente, perdió su voz luego de cumplir los 35 años de edad como consecuencia de la tuberculosis; sin embargo, aseguran que sus manos siguieron pulsando la guitarra hasta que murió el 7 de septiembre de 1942.

La propia Dulcila Cañizarez indica que Saroza reveló sus tres amores: su madre, su guitarra y la novia inasequible, “pues los padres de ella rechazaban sus relaciones porque él era un humilde y modesto trovador bohemio”. Inspirado en esas devociones, este trinitario aportó sus creaciones, que debieran escucharse más.

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