Rascacielos en blanco y negro (+ fotos)

Edificio 12 plantas, en Olivos I.Falta de mantenimiento, reparaciones incompletas e indisciplinas sociales al por mayor laceran el edifico más alto de Sancti Spíritus.

La fotografía cambió de color. El tiempo no solo la pintó de sepia. Pereza y angustia colorean la fachada, los amplios ventanales y hasta los umbrales hacia adentro. La supervivencia socava los días con sus noches. Aquellos destellos de estatus citadino que llegaron con el estreno se apagaron ante la desazón. El único rascacielos de la villa se desnuda a la intemperie, en blanco y negro.

Con una mirada en perspectiva, desde el suelo hacia las nubes, el edificio Doce Plantas aún impone autoridad en Los Olivos espirituanos. Pero solo por la altura. Las expectativas caminan por el sótano. Mucho ha llovido desde 1986, cuando una de las ciudades más rurales de la isla parpadeó asombrada ante la magnificencia de este inmueble con cerca de 40 metros de altura y 138 apartamentos, además de un lujoso restaurante, oficinas de correo y oficoda, tienda, peluquería, farmacia y consultorio.

DE FRENTE A LA FACHADA

El 2 de febrero del 2013 Escambray respondía con interrogantes a una carta firmada por los inquilinos de esa edificación, donde enumeraban infinitas quejas sobre el funcionamiento y deterioro constructivo acumulado en la única construcción de este tipo en la provincia. De regreso al lugar más de un año después, poco ha cambiado.

“Desde hace varios meses comenzaron a hacer una reparación, pero para los problemas esenciales, los que los vecinos más necesitan resolver, dicen que no hay dinero y se mantienen: el cambio de la carpintería, muchos cristales de las ventanas exteriores se han roto, están partidos o clausurados y ese tiene que ser un material resistente al viento y la lluvia, con una protección especial por la altura. Lo otro que demandan es un arreglo completo a las tuberías hidrosanitarias por la cantidad de filtraciones interiores que existen. Nada de eso se ha solucionado”, resume Zarahí Fernández, encargada del Doce Plantas.

¿Y qué se ha solucionado?, inquiere Escambray después de leer un resumen donde se incluyen, además, lamentaciones sobre los elevadores, la iluminación, las antenas, los tanques de agua, la cisterna, la turbina, los contadores y hasta las antenas de televisión y el pararrayos.

“Brigadas de la ECOA-49 pusieron manta impermeabilizante en los ocho apartamentos del último nivel, empezaron a cambiar las puertas de los cuartos eléctricos y contra incendios, colocaron lámparas en interiores y exteriores, repararon la cisterna, pintaron casi todo por dentro y por fuera”.

Sin embargo, Escambray pudo constatar destilaciones sanitarias con sus respectivos hedores y filtraciones incluso en algunos apartamentos de ese último piso, las más graves quizás en el número 1008, donde su propietaria Digna Ramírez lleva a punta de memoria todo un glosario de los aguaceros que llueven más adentro que afuera en la sala de su casa.

“Llevo 28 años aquí y cuando llueve tengo que sacar el agua con haragán. He hecho demandas, contratado abogados, me han atendido en algunos despachos y en otros me dejan esperando. He pagado muchos trabajos de mi bolsillo. Una vez se me quemó el televisor y tengo que arrinconar los muebles cuando hay temporal. Algunas filtraciones anteriores se resolvieron, pero esta se mantiene”.

Además de ciertos padecimientos crónicos, determinados trabajos quedaron inconclusos —según aclara la encargada—, porque a los constructores los movían hacia otras obras o escaseaban los materiales: falta por impermeabilizar la cubierta del restaurante y aleros peligrosos; casi la mitad de las puertas no se han cambiado, ni se han puesto todas las lámparas previstas; falta una mano de pintura; los tanques de agua siguen con filtraciones; y en la cisterna, a pesar de la notable mejora, se mantienen los escapes de agua.

¿Cómo valoran la calidad de los trabajos terminados?

“La calidad de los trabajos es mala. Esa brigada es de pintores, no de albañiles; por ejemplo, las puertas en los cuartos contra incendios están mal puestas. La pintura que dieron fue agua, quedó todo veteado. La impermeabilización quedó mejor. Una brigada de trabajadores por cuenta propia está mejorando ahora los exteriores”.

DETRÁS DE LA FACHADA

Comparar el Doce Plantas con el Burj Khalifa, la estructura más alta construida por el ser humano, con 828 metros de altura en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, constituye verdadera herejía, broma o cuando menos una severa atrofia óptica. Ni siquiera esta modesta edificación podría equipararse con el capitalino Focsa, entre las Siete Maravillas de la Ingeniería Civil cubana.

Sin embargo, a pesar de las distancias y de su existencia en serie en varias ciudades cubanas —como un sistema semiprefabricado, adaptado al país a partir de tecnología del antiguo campo socialista—, este componente del entorno espirituano también merece ser salvado por su utilidad doméstica y social. Para ello, no basta con una mirada al otro, también resulta preciso y urgente barrer con energía detrás de la fachada.

Porque la mugre, el descuido y la indisciplina social campean en no pocas áreas del inmueble, donde se almacenan trastos viejos, murciélagos, basura y hasta excrementos en alguno de los clósets; por no escribir de puertas arrancadas, paredes maltrechas, cristalería sustituida anárquicamente por aluminio, entre otros tributos de común naturaleza con el desbarajuste que hoy padecen no pocos espacios de la isla.

“Eso no hay forma de controlarlo, el edificio tiene tres entradas. A veces los vecinos están disgustados porque plantean sus problemas, no se los resuelven y como represalia hacen estas cosas. Cuando ven algún progreso, como ahora que están los constructores, tiran menos churre”, admite la encargada.

De las hermosas 24 nuevas lámparas exteriores solo alumbran dos porque al resto le robaron los bombillos ahorradores.Pero lo peor aparece en ese ánimo canibalesco de lo ya compuesto en el Doce Plantas, donde de las hermosas 24 luminarias recién estrenadas en los exteriores solo alumbran dos porque se robaron el resto de los bombillos ahorradores; como también desvalijaron en los pasillos interiores una docena de lámparas de luz fría con sus protectores metálicos, más algunos tubos fluorescentes. Otros hechos delictivos también empañan la imagen del edificio, como hurtos de bicicletas y en el consultorio.

“Esa instalación es administrada por la Vivienda Municipal. Cuenta con una encargada y una junta de vecinos que, de conjunto con todos los convivientes y con las organizaciones políticas y de masas existentes allí, deben cuidar los bienes, velar por que se cumplan las normas y evitar las indisciplinas”, considera Rosa María González, subdirectora de Administración de la Vivienda Provincial.

Además, complementa la encargada, ya se encuentran en fase de contratación tres custodios para el horario nocturno y así también poder activar los elevadores las 24 horas. Elevadores que, dicho sea de paso, cuesta una fortuna arreglar y se mantienen a veces rotos.

PERSPECTIVAS EN EL CENTRO DE LA FACHADA

A pesar de este paisaje nada alentador, las puertas no se han cerrado para el Doce Plantas, esa edificación que aún contribuye al estatus citadino de Sancti Spíritus. Freddy Cabrera, subdirector de Conservación en la Unidad Provincial Inversionista de la Vivienda, detalla las perspectivas.

“Las patologías del edifico nacieron con él porque tuvo problemas constructivos, pero con el tiempo se han acrecentado por falta de mantenimiento y por la mala explotación de los vecinos: por ejemplo, los trabajadores del restaurante pelaban viandas y secaban los calderos en la cubierta y eso la deterioró. Ya hablamos con ellos para evitarlo. También en el interior de los inmuebles los dueños con solvencia hacen adecuaciones, dejan tuberías empotradas, rompen algunas e impiden su mantenimiento. En estos casos deberían buscar asesoría técnica para respetar los sistemas que dan vitalidad al inmueble”.

Vista del acceso al edificio desde la Avenida de los Mártires según el proyecto de rehabilitación para las áreas exteriores. Pero las acciones estatales de mantenimiento y reparación también han faltado.

“Faltaron los recursos, la fuerza especializada y la visión para elaborar un programa de mantenimiento por partes. Es complejo. Las políticas han migrado, antes todo era responsabilidad estatal, hoy las intervenciones dentro del apartamento corresponden a los dueños y nosotros respondemos por los elementos comunes: carpintería, redes hidrosanitarias, electricidad y pintura exterior, el entorno, los elevadores”.

Si la solución de los problemas más gordos de la edificación depende de ustedes, ¿qué perspectivas existen para dar una respuesta concreta?

“Existe un proyecto para la carpintería que ya fue avalado por el Instituto de la Vivienda. Es un trabajo grande que implica cambiar los cristales por persianas galvanizadas laqueadas en blanco, combinadas con cristalería. Queremos comenzar este año. Ya estamos coordinando con los productores de estos elementos. Tenemos el dinero, pero en un año no se puede enfrentar todo, es un proceso paulatino donde el apoyo de la población es importante”.

¿Y el cambio o reparación de las tuberías hidrosanitarias?

“Se está proyectando, pero es todavía más complejo porque habrá que interactuar y llegar a entendimientos con la población. Es más hacia el futuro”.

Algunos vecinos consideran que están gastando recursos en los detalles menos esenciales, ¿por qué comenzaron por la imagen exterior?

“De nada, algo; de seguir parados empezamos para que no continuara el deterioro. Se elaboró un proyecto para mover la arquitectura del entorno, que también beneficia a la población. Incluye un parqueo de bicicletas, mejorar el de autos, un parquecito para niños. Queremos terminar esta parte para el aniversario 500”.

En perspectiva, a mediano y largo plazos, aparecen además soluciones paulatinas para la mayoría de los desvelos de la vecindad, incluso se aprobó el financiamiento para una nueva turbina; en tanto otras preocupaciones se mantienen en trámites. A pesar de las limitaciones, lo material parece tangible. Lo que sí no va a bajar por elevador y ni siquiera se financiará en divisa es el imprescindible resguardo de los vecinos por ese espacio terrenal y aéreo donde anclaron sus vidas. La fotografía ya aparece en blanco y negro. También se puede desvanecer.

4 comentarios

  1. FELICITACIONES A ESCAMBRAY POR EL TRABAJO QUE REALIZA EN LA GESTIÓN DE LA CALIDAD TOTAL DE NUESTRA PROVINCIA.
    SOLO DESCUBRIENDO LAS VERDADES Y FACILITANDO LA COMUNICACIÓN ENTRE LAS PARTES SE PUEDE MEJORAR CONTINUAMENTE.
    SI CADA ORGANISMO HACE BIEN SU PARTE TODOS SE BENEFICIAN.

    DICE UN PROBERVIO CHINO: “CASAS LIMPIAS Y CON BUENA ENERGÍA, PUEBLO LIMPIO Y CON BUENA ENERGÍA”
    MEJOREMOS NUESTRAS CASAS, NUESTROS EDIFICIOS, NUESTROS VECINDARIOS, NUESTRAS CALLES Y NUESTRAS CIUDADES Y MEJORARÁ NUESTO PAÍS…
    NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE, ES NECESARIO UN AMBIENTE BENÉFICO PARA NUESTRO DESARROLLO INTEGRAL.

  2. ISMAEL!!! PERO TU ESTAS LOCO!!!! DEMOLICION!!!! JAJAJAJ CON EL TRABAJO QUE COSTÓ LEVANTAR ESO!!! JAJAJA LA TERCERA MARAVILLA DE LA ARQUITECTURA ESPIRITUANA!!!! LUEGO DEL PASEO LLENO DE HUECOS Y AHORA DEL PARQUE, DIGO DEL OSARIO!!!

  3. Por que el estado ha de responers por los elementos comunes.Lo justo y logico es que sean los propietarios a traves de un fondo comun como se hace en el resto del mundo.Estoy seguro que sifuera asi,estaria mejor cuidado

  4. No será mañana, pero, será su demolición, de este y de todos los que han hecho en todo el país. Esos inventos rusos ninguno funcionó bien.

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