Romance de un maestro bueno

Este 4 de mayo se celebran 99 años del natalicio del insigne maestro cubano. A 99 años de su natalicio, Raúl Ferrer aún inspira a educadores y alumnos que conocen su historia, imprescindible dentro de la pedagogía cubana.

Aunque se pudiera quizás escribir entre rimas, para encontrar los versos que le agasajen, este romance lo hacemos en prosa, porque Coralia, Aldo, Piro, Braulio o Marianito, nunca olvidaron los días en que ir al aula a recibir clases les parecía una fiesta.

Y es que en aquel entonces, por el central Narcisa del norte de Yaguajay, un poeta y pedagogo con mil trucos les enseñaba a leer o escribir, de ciencias o de aritmética sin que ellos lo supieran, porque el estudio lo convertía en divertimiento y eso les hacía aprender recreándose, que es la mejor forma de hacerlo.

Lo que mi aula necesita/ no cabe aquí:/  no tengo pupitres,/ ni libros, ni lápices,/ ni libretas, ni/ una pared decente/ para un retrato de Martí./ ¿El desayuno escolar,/ y la merienda/ ¡Jamás los vi!/ Pero de lo imprescindible/ dos cosas hay aquí:/ tengo un puñado de niños/ Y ellos me tienen a mí.

Nacido en la localidad de Meneses, en el municipio de Yaguajay, hace 99 años este 4 de mayo, Raúl Ferrer legó a nuestra enseñanza una obra importante de ejemplo y consagración, que fue premiada con la Distinción por la Cultura Nacional, la medalla Manuel Ascunce Domenech y la orden Rafael María de Mendive.

En la década del 40 del siglo pasado se graduó como maestro y entregó saber con bondad a los hijos de las familias humildes, sin importar procedencia, raza o sexo, pues su batalla siempre radicó en la formación de valores, arma principal de las nuevas generaciones, junto al conocimiento.

Al llegar los piojos a su aula resolvió el problema con inteligencia, y puso tal ternura en el acto, que les mandó a cada padre el mismo mensaje: “Cúrele los piojos a su hijo, que alguien se los pegó”, pues el objetivo no fue apenar al piojoso, sino combatir los bichitos en todas las cabezas.

Y cuando los vecinos del ingenio le cuestionaron en público la disciplina de Dorita, les respondió con mucha dedicación hacia ella. Al pasar los días convirtió a la niña en ejemplo, porque cada educador debe conocer bien a la alumna malcriada para extraerle sus mejores virtudes.

Cuando se premie el cariño/ y lo rebelde del alma…/ Cuando se entienda la risa/ y se le cante a la gracia…/ Cuando la justicia rompa/ entre mi pueblo su marcha/ y el tierno botón de un niño/ sea una flor en la esperanza/ habrá que poner al pecho/ de mi niña una medalla…

Raúl ayudó a organizar la Campaña de Alfabetización y como parte de su obra literaria encontramos los libros El romancillo de las cosas negras y otros poemas y Viajero sin retorno. Aunque el tiempo transcurra veloz, los versos y enseñanzas de este gran pedagogo siguen multiplicándose de boca en boca, pues todos quisieran, en alguna enseñanza, contar con un maestro como él.

Nota: Los versos reseñados en el trabajo aparecen en el libro Sueños y cuentos de la Niña Mala, del escritor espirituano Julio M. Llanes.

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