Trinidad y Sancti Spíritus: Ecos del medio milenio

sancti spiritus, trinidad, aniversario 500 de trinidad, aniversrio 500 de sancti spiritusLa única provincia en Cuba con dos de las primeras villas bajo su jurisdicción saca cuentas de los beneficios que dejó el aniversario 500.

Quinientos años después resulta imposible asegurar, con pruebas científicas, que la tercera villa que las huestes ibéricas llamaron La Trinidad nació atada a las raíces de un jigüe, que el padre Bartolomé de Las Casas ofició realmente la primera misa de Sancti Spíritus y que en ese acto litúrgico el fraile pronunció su ya antológico Sermón del Arrepentimiento. Quinientos años provocan demasiada incertidumbre.

La culpa la tuvo don Diego Velázquez de Cuéllar, que se dedicó a sembrar asentamientos por toda Cuba sin preocuparse demasiado por la constancia histórica —“de eso se encargarán los cronistas”, seguro pensó—; o los incendios en el Archivo de Indias, en España, que redujeron a meras especulaciones las fechas de nacimiento de las primeras comarcas insulares.

Entre las escasas certezas, sin embargo, figura una que se celebró por estos lares con bombos y platillos: el medio milenio de Trinidad y Sancti Spíritus, ambas fundadas en 1514 con pocos meses de diferencia y a la exigua distancia de unos 80 kilómetros; una exclusividad que hace única a esta provincia.

Para semejante acontecimiento el territorio venía preparándose a fuego lento desde hace cinco años, cuando se crearon grupos asesores en los dos municipios que, con mayor o menor tino, marcaron los cauces de la festividad: la preservación del legado arquitectónico, el fomento de las tradiciones autóctonas, la gestación de un programa cultural y recreativo de envergadura…

De cuántas expectativas se cumplieron y cuántas quedaron traspapeladas desde entonces han dado fe trinitarios y espirituanos, justo quienes cargaron sobre sus hombros el ajetreo constructivo previo a la celebración y protagonizaron luego el particular movimiento telúrico de los cinco siglos.

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UN DON DEL CIELO

Con la pintura aún fresca en los antiquísimos muros de mampuesto y una avalancha inusitada de visitantes cubanos y extranjeros, recibió Trinidad el pasado mes de enero su quinto centenario, un cumpleaños de trascendental relevancia que aglutinó a los más disímiles sectores sociales.

En ello coincide Víctor Echenagusía, especialista de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios, quien por aquellos días declaró a la prensa: “Creo que en un acontecimiento tan importante como este se ha intentado, incluso, rebasar los límites de lo que se hace habitualmente; siempre hay quien piensa que pudo hacerse más, pero se trata de un lugar con ciertas limitaciones. Aplaudo el extraordinario esfuerzo de la sociedad civil en su conjunto, porque este es el aniversario de todos”.

Al borde de la celebración alcanzó un ritmo vertiginoso el amplio proceso inversionista y de restauración emprendido durante décadas en el sureño municipio. La reapertura al público de instituciones como el Museo Romántico, sometido a una reparación capital y que, dicho sea de paso, aún se duele de no pocas fisuras; el Centro de Interpretación de la Ciudad, que funciona en la llamada Casa Frías y expone en la planta baja la maqueta del Centro Histórico; y la Casa Malibrán, que en el segundo nivel acoge el Centro de Documentación del Patrimonio.

La vorágine de aperturas y reaperturas durante los primeros días de 2014 benefició también a la infraestructura hotelera y extrahotelera de la ciudad, el valle y la península, con la puesta en marcha de nuevos servicios que se suman a las acciones de mejoramiento que se desarrollaron en instalaciones ya existentes en el municipio y a las labores constructivas que aún se acometen en el Palacio Iznaga y La Popa.

La indagación en las raíces trinitarias como parte de un coloquio académico y la posterior semana de festejos populares terminaron por redondear la agenda de celebración de una villa que, no obstante, reclama con insistencia opciones recreativas desligadas del turismo, más acordes al bolsillo y el espíritu de la ciudad, y la consolidación de las acciones constructivas más allá del Centro Histórico.

No por gusto la doctora Alicia García Santana, en un artículo publicado en Escambray durante el jolgorio trinitario del 500, señalaba la urgencia de que los ciudadanos lograran convivir con el patrimonio en una relación de provechos mutuos que permita preservar para la posteridad un legado que la propia especialista ha calificado en todas las tribunas como “un don del cielo”.

LA QUE SE LLAMÓ DE SANCTI SPÍRITUS

Hasta que vieron el parque Serafín Sánchez virado patas arriba, la retroexcavadora levantando por los aires el antiguo pavimento y los bordes de la nueva plaza invadiendo metros y metros de calle; hasta que el cemento comenzó a fraguar y los mismísimos aguaceros de mayo hicieron una pausa para el acontecimiento, los espirituanos no creyeron que su ciudad, la cuarta fundada en Cuba —por más que le duela a Camagüey—, había cambiado realmente.

“Este es el parque que merecía Sancti Spíritus desde siempre”, comentó por aquellos días a Escambray un yayabero de la vieja guardia que no se acostumbró nunca al muro perimetral que, hasta hace apenas unos meses, constreñía la plaza central.

Muchos pensaron que no daría tiempo: primero, la muy discutida fase de proyecto, que se cocinó durante más de un año; luego, las labores constructivas se detuvieron varias semanas por las pesquisas arqueológicas entre los restos de la iglesia localizada bajo los cimientos hasta que, finalmente, las brigadas comenzaron a fundir paño tras paño.

¿El resultado? Un parque que dejó boquiabiertos hasta a los curiosos que chequeaban a diario el avance de las obras. Al costo de 700 000 pesos, la remodelación integral incluyó el restablecimiento de las áreas verdes, la reconstrucción de aceras, la pavimentación de las calles, la instalación de bancos y luminarias, además de las acciones de conservación de 18 edificios de su entorno.

Además de la nueva plaza central —valga aclarar: sin estatua ecuestre de Serafín Sánchez—, la cuarta villa de Cuba asistió a un proceso de revitalización inusual que abarcó, desde acciones cosméticas como la pintura de fachadas en las principales arterias, hasta la restauración de inmuebles patrimoniales y la apertura de centros que han beneficiado desde entonces el panorama sociocultural del territorio.

Entre estos espacios destaca la Casa Natal del Mayor General Serafín Sánchez, que fue completamente reparada; la Casa del Conservador de la Ciudad, una edificación que representa lo más autóctono de la arquitectura decimonónica espirituana y que, envuelta en una lamentable madeja de trámites, aún mantiene sus puertas cerradas al propósito con el que fue concebida; el Ocio Club Boulevard y la Taberna Yayabo, dos centros recreativos de gran aceptación; el Hostal Don Florencio, que salvó de la debacle a un edificio ecléctico de valía y el establecimiento El Convenio, convertido en un mercado de la red Ideal.

Hasta hoy llegan, igualmente, los ecos del maremágnum cultural que se vivió el pasado junio, una jornada de celebración que inundó plazas públicas y callejuelas empedradas, todo lo cual pareciera haberle levantado la autoestima a la cuarta villa de Cuba.

Como una fiesta de la identidad calificó Yoel Gallardo Silva, presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular, el jubileo por los 500 años; una euforia que demostró cuánto puede desperezarse Sancti Spíritus a golpe de voluntad y, como es lógico, de presupuesto.

Hasta el Papa Francisco felicitó a la villa por su medio milenio de historia en un mensaje en el que además explicita su deseo de que los espirituanos progresen “en sus esfuerzos por ser cada día más justos y solidarios”.

Seis meses han pasado desde entonces, tiempo suficiente para aquilatar en su justa medida la magnitud de los festejos y para recordar lo que publicó Escambray al calor del medio milenio: “Si ya la ciudad demostró que sí, que puede, y se sacudió con fuerza ese complejo de víctima que la tenía paralizada, ahora debe probar con la misma vehemencia que es capaz de mantener el ritmo telúrico que se ha agenciado, para que la transfiguración física y espiritual de por estos días no sorprenda, como el cometa, una vez cada 500 años”.

One comment

  1. Me quedo con el Sancti Spiritus ( de hecho dos) que hay en Espana. Son mas pequenos pero con mucho mas valia.

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