Un proyecto sobre andamios

El minucioso trabajo de restauración abarca todas las partes del monumento.Especialistas vinculados al proyecto de Artes Visuales de la Uneac reparan monumentos con casi 100 años de existencia.

Con la mano derecha apuntando hacia el suelo, desde lo alto del pedestal que se erige bajo sus pies, Judas Tadeo Martínez-Moles de seguro agradecería a los restauradores del Centro Provincial de Patrimonio Cultural.

El trabajo que, por estos días, le practican a su estatua, creada en 1915, en una esquina próxima al parque Serafín Sánchez Valdivia se integra al programa de restauración y remozamiento emprendido a propósito del cumpleaños 500 de la villa espirituana.

Sobre andamios improvisados en lo que podemos definir como una carrera contra el tiempo, cuatro especialistas de Trinidad y Sancti Spíritus le devuelven la lozanía original a la escultura, la cual forma parte de las tres seleccionadas para su restauración general, junto a la de Rudesindo Antonio García Rijo, situada en un costado de la Iglesia Parroquial Mayor y la de las Madres, a la entrada del paseo de la Avenida de los Mártires.

IMPORTADAS DESDE ITALIA

De extraordinario valor califican los reparadores estas obras de arte, erigidas entre 1914 y 1915, en lo que se denominó una etapa de florecimiento constructivo de la villa y que figuran como únicas de su tipo en la provincia.

Oneida Delgado López, integrante del Grupo de Bienes y Muebles del Centro Provincial de Patrimonio Cultural en Sancti Spíritus, explicó a Escambray que se trata de un encargo minucioso y delicado, que requiere de paciencia y dominio de la actividad para acometer la restauración sin omitir ningún detalle.

“Los tres monumentos fueron construidos con mármol de Carrara, Italia —refiere la especialista—, apreciados por su blancura o con tonalidades grisáceas, casi sin vetas y grano de fino aspecto harinoso, como la de Judas”. Se dice, además, que fueron confeccionados en el exterior y trasladados hasta la villa para su posterior colocación.

Sin descender de las alturas Oneida, Alejandro y Yadier utilizan los escarpelos para eliminar el calcio acumulado por casi 100 años en muchas de las partes del monumento, debido a la emanación de los gases contaminantes a la atmósfera, de ahí la importancia de realizar primero la limpieza mecánica para determinar el grado de porosidad en que queda la superficie, utilizando, además, lija fina que permite emparejar las áreas y evita una nueva oxidación.

En una segunda fase del proceso se consolida la pieza con una solución acrílica elaborada con resinas sintéticas que le dan el acabado final al trabajo de restauración, el cual figura como una de las acciones que financia la Unidad Presupuestada de Comunales en la provincia, a propósito el aniversario 500 de la fundación de la villa.

LA VALÍA DE LA RECUPERACIÓN

Gilberto Benítez Iborra, al frente del equipo de restauradores de Trinidad, que por estos días presta servicio en la ciudad cabecera provincial, dijo que las piezas escogidas para la reparación nunca antes habían recibido una acción similar, solo mantenimientos ligeros, pero el grado de oxidación y deterioro presente en ellas demanda trabajos de más complejidad.

“Como parte de esta restauración —dice Gilberto— se le colocaron los dedos de las manos, rotos desde hace tiempo, a las estatuas de Rudesindo y de Judas, además de sellar las piezas en general, ya se concluyó la primera y se trabaja en los toques finales de la segunda; aunque esta es una labor de meses que hemos accedido a realizar en pocos días, por lo que exige mayor sacrificio de nosotros”.

Los expertos en el tema aseguran que el valor de la rehabilitación que le practican a las estatuas de mármol de Carrara, situadas en la ciudad cabecera espirituana, resulta inestimable, no solo por el monto económico, el cual puede ser alto si se tiene en cuenta, además, que los productos empleados son de importación y muy costosos; sino, porque le devuelve la integridad y le imprime mayor durabilidad a las piezas.

Los monumentos dedicados a Judas, Rudesindo o a las madres constituyen un tesoro del patrimonio espirituano, el cual debemos preservar, atender y venerar.

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