Energía para la naturaleza

A orillas de la comunidad espirituana de Banao el campesino Freddy Alonso ha convertido la finca en un polígono de cómo explotar y cuidar la tierra.

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En el expediente campesino de Freddy Alonso está registrado su apego a entregar los productos al Estado. (Foto: José Luis Camellón / Escambray)

Hace poco tiempo el marabú y la maleza ocupaban casi todo el suelo en la finca La Energía, cerca de Banao y bordeada por las carreteras hacia Trinidad y Pojabo. Tan improductivo paraje reinó hasta que Freddy Alonso de la Paz y Yalibetty Delgado Chico anclaron en el ondulado terreno y algo más que la alianza matrimonial; llevaron también la experiencia campesina, el conocimiento y una fórmula de labranza que enyuga lo antiguo y lo moderno bajo la premisa de producir en armonía con la naturaleza.

Una parte de la finca enseña ya el rostro de los cultivos, de las crías de animales, el cuidado del suelo; la otra, espera el cercano desmonte. Allí el aire sabe a oxígeno, el paisaje revela diversidad, las abejas tienen trabajo seguro.

En todo el lugar rigen las leyes ambientales decretadas por este campesino de 42 años: miles de pencas de guano prendidas de las palmas, unos 2 000 postes nacientes sembrados, pasto de alpargata en los terrenos de crianza para proteger la tierra de la erosión y una ancha trocha cortafuego que circunda toda la finca.

“La capa vegetal en Banao hay que cuidarla mucho, es de poco grosor”, expresa el productor en clara alusión a la tesis que sustenta la explotación de esos suelos pertenecientes a la Cooperativa de Créditos y Servicios Ramón Pando.

Relata que es nativo de la zona, hijo de campesino y a los ocho años empezó su relación con el campo. “Ensartaba cebolla y con ese primer dinerito me compré mi cama; luego de joven, para ir a los carnavales de Sancti Spíritus, mi papá me decía: escurre la vaca y con lo que hagas, vas a la fiesta”.

La ocupación que implica vincularse a la cebolla, el tomate, los cultivos varios y la ganadería, no le frenaron las ansias del saber y el antojo fue, nada más y nada menos, estudiar junto a su esposa la carrera de Ingeniería Agrónoma.

“En un primer momento no aceptaban que matriculáramos, nos decían que los cursos por encuentro eran para los obreros, pero encontramos el apoyo de un Matemático, hicimos las pruebas de ingreso y empezamos. Fue duro, tenía que estudiar y trabajar la tierra, atender animales, los dolores de cabeza me mataban y tuve que definir horarios, organizarme mejor; estudiamos seis años y acabamos en el 2006”.

En el expediente campesino de Freddy Alonso está registrado su apego a entregar los productos al Estado, diplomas y reconocimientos atestiguan el cumplimiento de los contratos. Otro hecho habla de su persona: a los 20 años era secretario del Comité de Base de la UJC en la cooperativa e inició la militancia en las filas del Partido.

¿Por qué tanto interés en aprender?

El conocimiento no se niega nunca, pero el que más sabe de Agricultura no sabe nada, en el campo se dan a diario situaciones, problemas que te obligan a buscar la solución en los libros. En esa finca todos los días aplico la universidad, ese nivel me dio la capacidad de hacer mejores análisis, aplicar bien la economía y trato de hacer las cosas una sola vez.

Mi esposa lleva el control económico; además, es como una guía técnica de la finca, me da su opinión, todos los días echamos un conversado de lo que se hizo, lo que está por delante. Siempre está preocupada en mantener un fondo para las cosechas; ella dice que da ideas, que la experiencia la pongo yo.

¿Solo el conocimiento hace parir la tierra?

El campo es de constancia, un día tras otro; trato de hacer una agricultura sana, sin aplicar tantos químicos, tengo vínculos con centros de investigación y busco mucho el intercambio de experiencias.

Estas lomas son muy secas, faltaba el agua, prácticamente la finca me daba pérdidas. Busqué alternativas, un equilibrio para explotar estos suelos, introduje animales, logré la diversidad productiva.

Mi esposa dice que soy muy buscador de agua y, en verdad, ese es mi sueño; en dos años he hecho 15 pozos y casi todos me han salido buenos; es que más lindo que el agua no hay nada.

¿Qué otras prácticas rigen el trabajo en la finca?

Todo lo escribo, planifico las actividades, les hago a los obreros que contrato una agenda para el día de manera que aprovechen la jornada.

Aquí la mayor parte del trabajo se hace a mano, la siembra es al estilo indio, haciendo un hueco y echando la semilla, el cangre. Tengo tractor, picadora, pudiera usarlos, pero lo primero que haría es acabar con el suelo. Creé un implemento que ara y deja el suelo intacto, no invierte el prisma y los microorganismos no se desplazan. Estoy sembrando, produciendo comida en estas lomas sin dañar la naturaleza.

Los estudios me han permitido desarrollar la habilidad, el conocimiento, no hacer las cosas a capricho. Uno tiene que saber de todo, ser el dueño no quiere decir que no voy a trabajar; ahora llevo como 15 días de vaquero, ordeñando, la gente aquí no es estable, pero tengo un compromiso de entregar leche y lo cumplo.

Además de esta finca atiendo otra entregada por el Decreto-Ley No. 259, y el trabajo apenas deja respiro; este año tengo como plan más de 20 000 litros de leche, me reconocieron por el aporte de tomate y cebolla a la industria y en el 2014 fui seleccionado el mejor productor de semilla de cebolla Caribe en Banao.

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