La cultura cubana todavía está en formación

Afirma el Doctor en Ciencias Maximiliano Trujillo Lemes, invitado especial a la Primera Conferencia Científica Patrimonio e Identidad, desarrollada en la tercera villa cubana.

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Maximiliano Trujillo ofreció una conferencia magistral en el Museo Nacional de la Lucha contra Bandidos. (Foto: Carlos Luis Sotolongo)

Aunque camine por la céntrica calle 23 del Vedado habanero; aunque sus días transcurran cobijados bajo los brazos del Alma Máter, descubriendo a los estudiantes universitarios los caminos del pensamiento filosófico cubano, por las venas de Maximiliano Trujillo Lemes corre sangre trinitaria. Unos lo miran como el encumbrado Doctor en Ciencias; para otros, en cambio, siempre será el amigo de inteligencia desmedida, el eterno empedernido de las páginas impresas.

Si bien los asuntos laborales no le permiten visitar con frecuencia la ciudad que le vio nacer, lleva consigo sus raíces “y donde quiera que esté recuerdo las calles de piedra, la canchánchara, las descargas de trova, el aroma de Trinidad”, según confesó cierta vez en otra entrevista.

Ahora en calidad de personalidad invitada a la Primera Conferencia Científica Patrimonio e Identidad pone a consideración del público trinitario los resultados parciales de su pesquisa, aun inconclusa, Iglesia Católica y Cultura Cubana, espinoso sendero que pretende develar la implicación del catolicismo con los destinos constitutivos de lo que se ha dado en llamar la identidad nacional.

En medio de un breve receso Escambray lo interpela y, consciente del poco tiempo del que dispone, intenta aprehender las lecciones de vida de este cubano raigal.

¿Por qué este tema de investigación?

Durante casi 16 años he intentado indagar el pensamiento católico en Cuba por el vacío en torno a este tipo de investigaciones en el ámbito académico. En los últimos 20 años se han hecho trabajos sobre la relación Iglesia-Estado, pero pocas veces sobre los aportes del pensamiento católico a la identidad intelectual y cultural cubanas.

Se trata de recuperar como actitud investigativa y docente la impronta del pensamiento cubano en los destinos espirituales de la nación y la nacionalidad de la isla. Hemos tenido, sobre todo a la hora de acercarnos a la etapas de la Colonia y la República, un vacío en los estudios de pensamiento porque dichos estudios se redujeron a la historia de las ideas marxistas y excluyeron los aportes desde otras cosmovisiones a la construcción del mundo espiritual cubano, que solo ahora se va reconfigurando en el país.

¿Por qué el catolicismo específicamente?

La mayor parte de los estudios que se hacen sobre identidad en Cuba casi siempre asumen la influencia de ese catolicismo de forma difuminada, no lo ven como totalidad. Eso está vinculado a disímiles causales acaecidas a los últimos 50 años, pero estamos en otro momento donde se permiten no solo desarrollar este tipo de pesquisas, sino hacerlas públicas, compartirlas en el mundo académico y social para dejar bien claro cuáles son las manchas y las luces que el catolicismo le ha legado a nuestra cultura, en tanto ha sido, y fue durante mucho tiempo, la religión oficial del país. Por ahí vamos.

En su conferencia compartió resultados parciales…

Es más bien un recorrido desde siglos pasados al devenir histórico de esta religión bendecida y criticada al mismo tiempo, tronco fundacional de los españoles, máscara de otras prácticas como las africanas, sustento de fe para muchos mambises y luchadores de las diferentes etapas de lucha del pueblo cubano; incluso, instrumento mediador entre la cultura y los procesos sociales.

¿Qué opinión le merece el espacio de debate que intenta entronizar la ciudad como parte de este festival de las artes?

Si de algo están urgidos los pueblos, sobre todos los de la periferia, es de analizar la problemática de su identidad. Vivimos en un mundo donde las identidades nacionales son progresivamente amenazadas por la avalancha de los medios de comunicación de los centros de poder capitalistas, que desnaturalizan y folclorizan, en el peor significado de esos términos, a las culturas nacionales, convirtiéndolas en verdaderos espectáculos, vaciando sus raíces más profundas. Este tipo de eventos no solo permite pensar quiénes somos, sino de dónde venimos y prever quiénes podremos ser.

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“Los pueblos están urgidos de analizar las problemáticas de su identidad”. (Foto: Carlos Luis Sotolongo)

¿Los cubanos necesitamos mirar más hacia adentro?

Nosotros hemos estado muy pendientes del pensamiento europeo, con actitudes muy eurocéntricas frente a la historia de las ideas, y muy pocas veces nos hemos preocupado por el devenir de nuestros pensamiento latinoamericano cubano, y eso es una urgencia para la docencia y la investigación.

Cuba hoy se enfrenta a uno de los riesgos culturales e ideológicos más grandes de su historia. La apertura de la isla al mundo, que no está solamente vinculada al restablecimiento de las relaciones formales con Estados Unidos, sino a la entrada masiva del turismo, a la irrupción de los valores y/o antivalores de la globalización que pone en riesgo el juicio adecuado sobre los valores patrimoniales de la cultura nacional, material o inmaterial.

¿Por qué sostiene que la cultura cubana estaba todavía en formación?

Somos un país de cultura joven, corremos el riesgo de recibir las influencias de otras totalidades culturales con las que nos mezclamos y pueden desvirtuar los valores ya formados. Sobre nosotros gravita la frivolización de los productos culturales, sobre todo de la llamada cultura espiritual. Ello puede desconfigurar la aparente solidez de que somos porque, en realidad, todavía no logramos que la tradición de afiance sobre sí misma. Por tanto, corremos el riesgo de la vulnerabilidad.

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