La seducción de Yaguajay

    La caballería que llegó a La Habana el 26 de julio de 1959 salió 11 días antes de Yaguajay. (Foto: Perfecto Romero)
La caballería que llegó a La Habana el 26 de julio de 1959 salió 11 días antes de Yaguajay. (Foto: Perfecto Romero)

El lugar donde protagonizó su más heroica hazaña militar representó para Camilo mucho más que un simple escenario de guerra.

El fatídico día en que Cuba entera se quedó esperándolo, aquel miércoles 28 de octubre de 1959, Camilo Cienfuegos había anunciado un via­je suyo hasta Yaguajay, el sitio don­de consumó la más impresionan­te de todas sus hazañas militares y también donde ganó muchos de sus mejores amigos.

Félix Torres, el hombre que lo recibió con los brazos abiertos en los montes de Jobo Rosado, en la zo­na norte de Las Villas, contó tiem­po antes de morir que el Señor de la Vanguardia tomó tal determinación en la misma pista del aeropuerto de Ciudad Libertad a solo minutos de abordar el Cesna 310 C, de color rojo y blanco, identificado como FAR-53, que lo llevaría a Ca­magüey.

Hasta la capital del país había viajado Félix, viejo militante comunista y guerrero a toda prueba des­de los tiempos de la dictadura de Machado, para tramitar con su je­fe recientes desencuentros con al­gu­nos luchadores del Movimiento 26 de Julio que no veían con buenos ojos al Partido Socialista Po­pular.

Quizá para rebajar las tensiones de aquella conversación que no du­ró más de 18 minutos, Camilo se ajustó el sombrero de Félix, le aseguró que en su cabeza lucía mucho me­jor y luego de cederle el suyo, lo tran­quilizó con un compromiso que de­safortunadamente no alcanzaría a cumplir.

—El sábado 31 nos vemos en Ya­guajay, le dijo.

EL REGRESO DEL HÉROE

Camilo operó en territorio villareño justamente desde el día en que, asido a una soga para que no se lo llevara la crecida, cruzó el río Jatibonico del Norte —7 de octubre de 1958— hasta su partida triunfal rumbo a la capital del país, el primero de enero de 1959. “Ochenta y siete días con sus noches”, precisa Gerónimo Besánguiz Legarreta, di­rector del Complejo Histórico eri­gido a la memoria del héroe, en Ya­guajay, y uno de los hombres que más profundamente ha estudia­do esta parte de la epopeya cubana.

Incontables resultan, sin embargo, las visitas que realizó Camilo a Yaguajay o a los poblados circundantes luego del triunfo revolucionario. “Se sabe que estuvo en Ve­ne­gas en un baile donde actuaba Bar­barito Diez —cuenta Geró­ni­mo—, en Jarahueca, en Meneses, en el cen­tral Narcisa, en el propio Ya­gua­jay en varias ocasiones, en Zulueta, donde lo hicieron Hijo Adoptivo en abril, en General Ca­rrillo, Remedios, Placetas y Caiba­rién, pero así, lo que se dice saber exactamente cuántas veces regresó a este territorio, creo que nadie pue­da precisarlo”.

Fotografías de la época y el testimonio de los habitantes de la región devuelven a un Camilo con camisa a cuadros rojos y negros lo mismo re­partiendo tabacos y caramelos so­bre el guardafangos del jeep, que proponiendo un plan de desarrollo turístico para la zona o rindiendo cuentas sobre una tarima de su com­promiso con recaudar fondos para formar la cooperativa pesquera que prometió.

El combatiente Roberto Sánchez Bartelemy, conocido por Lawton, invasor de la Columna 2 y tesorero del Frente, acostumbraba a rememorar un viaje suyo en enero de 1959 a Yaguajay “con un maletín lleno de dinero” y el mandato de Camilo de pagar todas las deudas que había contraído la tropa rebelde en los días finales de la guerra.

Para Lawton lo más simpático había ocurrido en la tienda de Ra­món López, un comunista español radicado en el central Narcisa, quien a finales de diciembre del 58 no tuvo otra opción que mandar un recado al jefe rebelde cuando el crédito concedido a la tropa había su­perado los mil pesos: “Oiga, dígale al Co­man­dante que lo de la campaña está muy bien, pero que yo no soy un hombre rico, que desde que pueda me pague para poder comprar más mercancías”.

—Camilo dice que lo que pasa es que las guerras son muy caras, intentó justificarse el tesorero.

—¿Caras?, dígamelo a mí —le re­plicó el comerciante—, que al me­nos esta la estoy pagando solo.

A CABALLO HASTA LA HABANA

Apenas 21 días antes de desa­parecer, el 7 de octubre de 1959, Ca­milo regresa a la zona de Jobo Ro­sado en ocasión del primer aniversario de la llegada de la columna invasora Antonio Maceo a Las Vi­llas, tras un azaroso peregrinar ba­jo ciclones, emboscadas y hambre permanente. “Yo besé la tierra vi­llaclareña”, le escribió entonces a Fi­del en carta emocionadísima des­de el mismo campamento a don­de aho­ra regresaba un año después.

Después de la rendición del cuartel de Yaguajay, el héroe preparó inmediatamente su partida hacia la capital del país. Foto: Perfecto Romero

En Jobo Rosado le habló al pueblo congregado y al final de la jornada se sumó como uno más a aquella festividad campesina, que co­menzó con el almuerzo en casa de Onelia Borroto y Mongo La O “sentado en el piso y con una fuente en la ma­no”, según revelan los testimonios, y terminó en el central Nar­cisa, don­de había establecido su co­man­dan­cia para el asalto final a Yaguajay.

Tiempo antes, el 10 de julio, se había aparecido de improviso en Me­neses para entrevistarse con un viejo amigo suyo en aquellos lares: Troadio Camacho, con quien venía urdiendo la intrépida aventura de llegar hasta el Capitolio con una caballería de campesinos a celebrar el inminente aniversario del asalto al cuartel Moncada.

Según contó la viuda del colaborador, ese día Camilo se acostó a descansar en el propio cuarto de Tro­a­dio, luego probó en plena calle un caballo joven que este había comprado en 200 pesos y desde la cabalgadura le aseguró a su due­ño que en aquel mismo entraría el próximo 26 de julio a la capital del país.

En la conversación acuerdan par­tir hacia La Habana el día 15 de julio y cuando Troadio le habla de gestionar las casillas para trasladar por tren los animales, él le interrumpe con una resolución absoluta: “No, Troadio, la cosa es a caballo hasta La Habana”.

CHEO MANIGUA, MANOLO MATOJO Y PERSONITA

Luis Manuel González Castro, quien todavía goza de buena salud en Yaguajay, dice ser uno de los combatientes del Frente Norte de Las Vi­llas que perdió definitivamente su nombre gracias a las ocurrencias de Camilo.

“La columna estaba recién llegada y Félix Torres nos estaba presentando uno por uno, entonces cuando llega mi turno Félix le dice: Mire, Comandante, este es Manolo, el her­mano de Cheo Manigua* y en­se­guida él le respondió: Bueno, si el hermano es Manigua, él puede ser Ma­tojo y desde entonces todo el mun­do, mis compañeros, mis vecinos, mi familia, hasta mis hijos me llaman Manolo Matojo”.

Otro que corrió la misma suerte fue el guerrillero Evelio Torres Mo­rales, uno de los hermanos del Co­mandante Félix Torres, que enseguida fue rebautizado por Camilo como Personita, un alias que según el Señor de la Vanguardia se correspondía con la figura del pintoresco combatiente, quien fuera además práctico de las fuerzas rebeldes.

“Saldrá Personita con cinco es­copeteros en busca de mercancías”, ano­ta en su Diario de guerra el en­tonces capitán y médico de la co­lumna Sergio del Valle Jiménez el 4 de no­viembre de 1959, cuando ya el apo­do, literalmente, se había regado en­tre la tropa.

Cuentan los combatientes del Fren­te que por esa fecha Camilo ha­bía ordenado instalar un teléfo­no de magneto en el campamen­to, pero al descubrir que la línea había quedado a muy baja altura, se mo­lestó y pidió explicaciones a los responsables de aquella encomienda.

—Comandante, el que puso la línea fue Personita, le dijeron.

—Bueno, no he dicho nada en­tonces —respondió Camilo—, si fue Personita quedó alta.

*Alias del combatiente Mario José González Castro, integrante del destacamento guerrillero Máximo Gómez, del Partido Socialista Popular.

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