Nísperos con olor a tilapia

Las 46 hectáreas con que cuenta la presa El Níspero, en el municipio espirituano de Yaguajay, se destinan solamente a la producción de especies acuícolas

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Cerca del manantial que da cauce al río Jatibonico del Sur surgió hace unos años la presa que lleva por nombre El Níspero, en correspondencia con el sitio donde abundaban plantaciones de la jugosa fruta, procedente de España y que los moradores del lugar recolectaban para comercializarla en otras partes de la región, donde constituía una atracción al paladar.

Pero de aquella prolífera manifestación frutícola no queda nada, a no ser el referente, que distingue a una de las tres granjas de ceba de tilapias existentes en la provincia y que, como parte del programa de desarrollo de la Acuicultura, a partir del 2007 comenzó a enviar a la industria procesadora de Sancti Spíritus varias toneladas de esta especie, genéticamente mejorada, a las que muchos conocen como giff.

Siete años antes, El Níspero permanecía rodeado de manigua y weiler, pero poco a poco se convirtió en una de las granjas de desarrollo más consolidadas del territorio, a tal punto que aquellas primeras 66 toneladas de tilapia cosechadas con talla comercial hoy se multiplicaron para alcanzar más del doble de la producción.

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APEGADOS A LAS JAULAS

Desde la orilla cualquier visitante se regodea viendo a los hombres de piel curtida pasar mucho tiempo dentro del agua para alimentar, jaula por jaula, a los miles de peces que crecen dentro de las estructuras de acero y malla, acción que repiten tres veces por jornada, sin que la lluvia, el viento o el frío constituyan obstáculos.

Rogelio Mesa Arcia, el jefe de granja, quien además es el cocinero, el estadístico…, destaca: “Nadie imagina cuánto esfuerzo realizamos para sacar provecho al embalse, que por mucho tiempo estuvo cubierto de malangueta. El cultivo intensivo de tilapia es muy complejo, pero los peces son como hijos que llegan pequeñitos y, luego de muchos cuidados, se convierten en adultos, así es esta labor, dura, pero sensible a la vez”.

A la hora de la alimentación los criadores, cinco en total, se suben a diferentes chalanes para trasladar el pienso desde la orilla hasta el centro del embalse, donde se encuentran las hileras de jaulas colocadas de forma paralela, que se sostienen por un cable de acero, muy resistente, para evitar su desplazamiento.

Israel Venegas Rodríguez (criador) cuenta sus vivencias: “Cuando comencé en la Acuicultura no imaginaba que el trabajo fuera tan complejo, mucho más que trabajar la tierra, pero a la vez es muy reconfortante. Uno observa el crecimiento del animal casi a diario, su comportamiento por si aparecen enfermedades, si les falta oxígeno, en fin, nos familiarizamos tanto con esta tarea que acabamos siendo biólogos sin pretenderlo”.

Rivel, José Luis, Yasmani y Cirilo realizan exactamente las mismas funciones, aunque con un número de jaulas asignadas a cada uno, que no dejan margen de tiempo para el ocio.

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CÍRCULOS REPLETOS DE PECES

Con la colocación de tres jaulas circulares en el 2014, las cuales se suman a las 310 cuadradas existentes en la granja, se incrementa considerablemente la producción. Hoy disponen de un mayor número de animales en desarrollo y de comportarse bien la siembra y el arribo de los recursos que se emplean en la ceba, podrán alcanzar las 140 toneladas previstas para el año.

Juan Antonio Bienes Hernández, el técnico en Acuicultura de la granja, habla del impacto de las cestas circulares en El Níspero. “Resulta una experiencia nueva para nosotros, pero tienen una gran ventaja y es que un solo criador puede alimentar en alrededor de 30 minutos a unos 200 000 animales. Esa misma cantidad de tilapias es el equivalente a la capacidad de 130 jaulas cuadradas, por lo que el esfuerzo del encargado de atenderlas es mucho menor.

“No obstante, las circulares también tienen sus contratiempos, pues para el pescador resulta más difícil realizar los muestreos a la biomasa, los exámenes de calidad, en fin, el manejo”, aclara el técnico.

Pasadas las doce del mediodía, cuando el sol está en lo más alto del horizonte y sus rayos caen con fuerza perpendicular sobre el rostro de los criadores, termina la segunda ronda de alimentación del día. Al verlos esparcir sobre las jaulas el pienso con la paciencia que exige dicha acción, surge una interrogante: ¿cómo pueden calcular la dosis exacta de alimento por jaula?

“Los peces avisan —dice el técnico—, las primeras raciones la devoran con rapidez, luego van comiendo más despacio hasta que compruebas que ya saciaron el hambre y se sumergen en el fondo, eso indica que ya están satisfechos”.

Ya en tierra firme, después del recorrido en bote por las hileras de jaula miró al interior del embalse: de un lado, la malangueta que lucha por invadir los espacios limpios; del otro, los acuicultores que tratan de detenerla aplicando disímiles variantes hasta que caigan los primeros aguaceros y la fuerza de las aguas la arrastre río abajo por el aliviadero; solo así podrán expandir sus trampas de peces hacia otras partes de la presa.

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