Penetrar las barreras del silencio

La escuela especial para niños sordos e hipoacúsicos Rafael Morales González, única de su tipo en la provincia espirituana, prepara para el futuro a quienes padecen de dichas incapacidades

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Por la fisonomía constructiva y el lugar donde se encuentra ubicada —la céntrica calle Raymundo—, la escuela especial para niños sordos e hipoacúsicos Rafael Morales González, en Sancti Spíritus, parece, más bien, una vivienda habitada por una familia numerosa. Tal impresión no resulta una hipótesis equivocada. Basta abrir la reja, cruzar el umbral y llegar a un aula para percibir un ambiente donde no hay más que la perseverancia.

Aquí los salones de clase parecen los de una casa de muñecas: pequeños, llenos de colores, ambientados con cientos de figuras, con un mobiliario casi diminuto; aquí los cuartos parecen los de un cuento infantil; aquí los profesores constituyen, en realidad, padres; aquí se lucha por traspasar la barrera del silencio que la vida impuso a varios pequeños.

PUERTAS ADENTRO

Cada día 20 niños inician su jornada de clases. Si bien el diagnóstico principal es la incapacidad auditiva, algunos presentan patologías asociadas como retraso mental severo o retardo en el desarrollo psíquico. A su alrededor, más de 40 trabajadores vigilan que no quede ningún asunto pendiente ya sea en materia docente, condiciones de salud o alimentación.

“La escuela tiene tres asignaturas específicas: Lenguaje de Señas Cubanas, Educación Auditiva y Tratamiento para el Desarrollo de Habilidades Comunicativas —explica la máster en ciencias Yamilé Borrell Pérez, directora—.Trazamos estrategias para desarrollar el lenguaje oral en el caso de los hipoacúsicos, y el de señas y la lectura labiofacial para los sordos. Dada la diversidad de patologías asociadas e intelecto de los estudiantes, vamos midiendo, a modo de termómetro, los avances comunicativos de cada uno”.

Así, la mañana la ocupan, además, Matemática, El mundo en que vivimos, Lengua Española —esta última una de las más complejas a la hora de impartir, pues ante la imposibilidad del habla, el niño sordo debe aprender los vocablos a partir de mímicas—; mientras, la tarde deviene escenario, entre otras, para la Educación Física y la Computación.

Asoma entonces la figura de Martha Martín López, psicopedagoga del centro, encargada de activar todos los procesos cognitivos de los alumnos como aliciente a su discapacidad. Ella constituye un eslabón clave en la formación vocacional.

“Desde edades tempranas les enseñamos que sus limitaciones no constituyen freno para desempeñar determinadas tareas. Eso sí, requiere de mucha dedicación porque, junto a su discapacidad auditiva, tienen afectada la abstracción, la imaginación creadora, la memoria a corto y largo plazo porque el mayor por ciento del aprendizaje se obtiene a través de la audición. Por eso resulta vital activar el resto de los procesos cognitivos”, apunta Martín López.

PUERTAS AFUERA

La labor de la escuela Rafael Morales González no se realiza, como muchos piensan, de manera aislada, como si se tratara de una sobreprotectora esfera de cristal.

Cada vez aumentan las instituciones estatales que, guiados por los profesores, estrechan lazos para favorecer la inserción social de los pequeños. Por eso el centro provincial se erige como el sitio cultural más importante de la comunidad a través del trabajo mancomunado con la escuela de música Ernesto Lecuona, el complejo deportivo Sala Yara, la escuela especial Abel Santamaría, la primaria Julio Antonio Mella, la Fábrica de Vinagre, la Feria Agropecuaria Diego Luna (donde los pequeños están reciben los beneficios de la equinoterapia), entre otras entidades.

A la vez, se hace énfasis en la capacitación a la familia “para que aprendan a interactuar con el niño sordo a través de las señas, su lengua natal, y contribuyan a la formación de habilidades y valores en sus hijos”, subraya la psicopedagoga.

Pero el quehacer tampoco se ciñe a quienes permanecen internos o seminternos. Velar por los niños incluidos (aquellos que están en una escuela de aprendizaje normal ya sea porque los padres no apostaron por la institución especial o porque concluyeron el sexto grado en la Rafael Morales), recae también sobre los profesionales del centro espirituano.
“Atendemos a 59 niños incluidos en la provincia —señala Mislay González Hernández, subdirectora docente—. Tenemos dos maestras de apoyo que les brindan el asesoramiento y atención”.

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COSECHAS

El momento más difícil con que deben lidiar educadores y auxiliares pedagógicas es cuando despiden a quienes han visto acogido crecer con devoción maternal por más de seis años.

Mas, las nostalgias a veces llaman. Por eso Luis Manuel Hernández Hernández, Elianna Torres Díaz y la instructora de arte Damay Beltrán García, tres jóvenes que una vez ocuparon las sillas estudiantiles, se erigen como profesores en las materias de Lenguaje de Señas Cubanas, Computación y la especialidad de Artes Plásticas, respectivamente.

“Ellos son la prueba fehaciente de la superación y el sacrificio. Los alumnos pueden verse reflejados en ellos y proyectarse para el futuro. Esa es nuestra misión: integrar al niño a la comunidad como un ente activo”, refiere Mislay.

Sin embargo, quizá la mejor noticia que ha recibido la escuela especial Rafael Morales González en los últimos años sea la donación de un audiómetro, instrumento vital que permite medir la pérdida auditiva y cuyo monto sobrepasa los miles de dólares en el mercado internacional, gracias a un convenio entre el Ministerio de Educación y el de Salud Pública.

“Ahora podemos realizar las audiometrías directamente en la escuela —alude la directora— porque antes lo hacíamos en el Hospital Pediátrico, lo cual implicaba el traslado de los muchachos. Además, el nuevo equipo es portátil; por tanto, puede llevarse hasta donde tenemos niños incluidos para actualizar su diagnóstico”.

Semejante alegría impulsa a los profesores a penetrar cada mañana las barreras del silencio para que la mudez y la hipoacusia no tengan el estigma de la soledad. Por eso encima de cada pizarra reza una frase a modo de credo, pronunciada por Vygotsky, uno de los más destacados teóricos de la psicología del desarrollo: “El problema de la educación de los sordomudos constituye el capítulo más atractivo y difícil de la pedagogía”.

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