Renacimiento atrasado (+fotos)

Nuevas aulas debieron estar listas en la escuela primaria José Mendoza García, de Trinidad, antes de iniciar el período lectivo; mas, la falta de materiales atrasa el calendario de entrega.

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La escuela primaria José Mendoza García figura entre las de mayor matrícula del municipio. (Foto: Carlos Luis Sotolongo Puig)

Al percibir el trasiego de planchas para remozar el techo, ladrillos y sacos de cemento durante la pasada etapa estival, la educadora María Caridad Marrero Manresa creyó regresar a los días de cuando el huracán Lily dejó una estela de caos en la escuela primaria José Mendoza García, esa suerte de segunda casa que ha visto crecer y envejecer tras un cuarto de siglo de permanencia allí.

Cuando atisbó a lo lejos, respiró aliviada: no se barrían escombros ni árboles destrozados, sino que nacían aulas en el campo de la segunda área docente, otrora en ruinas, y la biblioteca cambiaba su añeja cubierta de tejas por una más resistente a las inclemencias del tiempo.

Si el ímpetu del comienzo hubiese continuado, a estas alturas el único centro estudiantil de la villa afiliado a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) estaría dando el último retoque, y los alumnos de preescolar hubiesen estrenado locales hechos a su medida desde el pasado septiembre. Mas, en plena vorágine constructiva el camión que transportaba los materiales quedó sediento de combustible, y los vagones, picos y palas también salieron de vacaciones.

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Más allá de la escasez de recursos, ha faltado coordinación entre las partes. (Foto: Carlos Luis Sotolongo Puig)

CRONOGRAMA

El crujir de las puertas, la gotera sutil anunciaron hace más de 20 años el incipiente deterioro del centro escolar; señales que no supieron interpretar quienes lideraban el ámbito educacional del municipio y vieron en el arreglo epidérmico el remedio a los males que comenzaban a gestarse. Hoy, la Dirección Municipal de Educación contrata a la Empresa de Conservación y Restauración de Monumentos para intentar devolver la lozanía perdida.

“La primera parte de la reparación comprende seis aulas nuevas, baños, la biblioteca escolar y dos departamentos en el lado posterior de esta —detalla Isora Ramírez Mendicuaga, directora—. Las labores constructivas favorecerán el trabajo de los docentes, atendiendo a que la matrícula sobrepasa los 960 estudiantes, de ellos más de 600 están seminternados. Una vez concluidas las labores, los profesores van a poder trabajar con 25 alumnos, como está estipulado”.

Una rehabilitación de tal envergadura; sin embargo, también acarrea ajustes en el funcionamiento institucional y ciertos imprevistos. “El monto inicial era de 8 000 pesos, pero la sustitución de la carpintería en otras aulas, que ya estaba en muy mal estado, provocó que el presupuesto aumentara mucho más de lo previsto. Para no interrumpir el proceso docente-educativo reagrupamos varios destacamentos con dos maestros; en este sentido la escuela no ha sufrido consecuencias”, agrega la funcionaria.

Pero amén de los resortes para enfrentar períodos de campaña; amén de los contratiempos que supone toda rehabilitación, el cronograma de ejecución ya rebasa los límites de lo permisible.

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El cambio de cubierta en algunas aulas evita la presencia de filtraciones. (Foto: Carlos Luis Sotolongo Puig)

TRANSPORTE A LA FUGA

Alejados del bullicio de los alumnos, dos jóvenes albañiles, egresados de la Escuela de Oficios perteneciente a la Oficina del Conservador, “estiran” a más no poder los recursos a su alcance. “Estamos fundiendo piso porque no podemos trabajar en otras actividades por falta de materiales”, explica Guillermo Hernández Cabriales, jefe de Brigada, quien alude a la construcción de las seis aulas levantadas desde cero, el baño y la rehabilitación de la biblioteca para demostrar que los nueve trabajadores que acometen la labor no se han dormido en los laureles. “Aparte de eso dimos mantenimiento a dos aulas más, pintamos el comedor de la escuela y arreglamos la cerca”.

Pero las reparaciones ya deberían exhibir otros progresos…, inquiere Escambray.

“El problema ha sido la escasez de materiales. Educación es quien tiene que ponerlos. Ellos no tienen transporte ni nosotros tampoco. Hace días me dijeron que pondrían un camión para trasladar los materiales, pero no acaba de llegar. En estos momentos estoy para’o por eso. Me queda otro baño, la electricidad, la pintura y el fino. Al paso que vamos esto demora”.

De modo que también se aplazarán las restantes fases del proyecto, que abarcarán resarcimientos en el centro de la escuela y la sustitución de carpinterías y cubiertas en otras zonas.

Mientras, la educadora María Caridad Marrero Manresa continúa descubriendo a los pequeños el universo de las letras y los sonidos. De vez en cuando cree escuchar un pitido a lo lejos. Entonces camina presurosa al área constructiva para ver si al fin llegó el transporte para concluir esta suerte de renacimiento atrasado. Hasta ahora la ilusión le ha jugado una mala pasada.

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Una gran problemática resulta el mal estado de la carpintería exterior del inmueble. (Foto: Carlos Luis Sotolongo Puig)
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Los jóvenes constructores están bien preparados para asumir una reparación de semejante envergadura. (Foto: Carlos Luis Sotolongo Puig)
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El comedor del centro exhibe ahora un mejor semblante gracias al mantenimiento. (Foto: Carlos Luis Sotolongo Puig)

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