Yudit Vidal concilia la tradición con la modernidad (+ fotos)

Así lo expresó la Doctora Alicia García Santana en la inauguración del proyecto artístico Entre hilos, alas y pinceles, liderado por la pintora de la mano de 20 artesanas de Trinidad

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Desde este jueves la aguja que recorre la tela, la penetra y a partir de infinitos ardides la transforma en una pieza utilitaria de exquisito acabado, junto al pincel que acaricia el lienzo virgen e inmortaliza en él, color mediante, las más variopintas imágenes… no recorrerán nunca más caminos separados gracias a las musas de la pintora trinitaria Yudit Vidal Faife, quien por vez primera concilia la lencería y las artes plásticas en un solo concepto; iniciativa sin precedentes en la villa sureña.

La otrora casa de las Sánchez, actual Museo de Arquitectura Colonial, acoge más de una veintena de obras de gran formato que han dejado el carácter utilitario de constituir, simplemente, un tapete, un mantel, un camino de mesa… para convertirse en piezas donde el pastel seco, la sanguina, el carboncillo, el acrílico sobre tela, las agujas de tejer, el carretel de hilo hablan el mismo idioma: el de la tradición.

“Vidal concilia lo antiguo con lo moderno en una extraordinaria comunión en su afán por dignificar la labor del artesano, muchas veces menospreciada, y ofrecer un discurso artístico que pone de manifiesto la autenticidad de Trinidad en el universo de la lencería. A la vez, el público tiene la posibilidad de comprobar cómo la obra de Yudit gana en madurez y expresión”, comentó a Escambray la Doctora Alicia García Santana.

La investigadora y autora del libro Trinidad de Cuba: un don del cielo apuntó además que Entre hilos… ofrece una “posición de vanguardia que debe llamar la reflexión y marcar al rojo vivo, con indeleble huella, el quehacer y el corazón de los trinitarios”.

De manera especial, Yudit significó los aportes de Teresa Toscano Ruiz y María Matilde Puig Paneca, paradigmas para las generaciones de artesanas del terruño colonial, a quienes se les rinde homenaje póstumo en la expo a través de la presentación de una de sus obras.

“No ha sido un camino fácil —alude Vidal Faife—. Pintar sobre una pieza que ya estaba deshilada o bordada requirió de mí un cuidado extremo. Tuve que trabajar con sumo cuidado para logar el equilibrio entre el pincel y la aguja para que uno no le robara protagonismo a la otra. Pero me gustan los retos y, al final, Trinidad lo merece y la gente lo valora”.

Y grande es la recompensa, pues ya es un hecho que en marzo próximo la exhibición partirá hacia la Casa de la Obra Pía, en La Habana Vieja, patrocinada por el proyecto Palomas, liderado por Liset Vila.

Será que los espíritus de la villa reconocen a sus artistas genuinos, esos que se resisten a la inercia y el encasillamiento para redescubrirla hasta el último momento; será que los espíritus de la villa saben del desvelo de Yudit y las artesanas en su empeño por defender a mansalva esa parte del patrimonio inmaterial y demostrar que en Trinidad el pincel y la urdimbre comparten la misma magia.

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