¡Caramba, Fidel!

Estas son las líneas que mayor esfuerzo  me han exigido en mi corta carrera periodística, y tal vez, cuando pasen los años y me pese caminar, sigan siéndolo.

fidel castro, lider historico de la revolucion cubana, revolucion cubana, comandante en jefe
No recuerdo un amanecer tan frío, no recuerdo a un pueblo despertarse tan silencioso….

 

Mi madre tuvo unos cuantos años para pensar aquella inocente pregunta que de niño le formulé. Mami, ¿Fidel se va a morir un día? Y hoy, después de tanto tiempo, amanecí con la noticia.

No recuerdo una madrugada de tantas vueltas en la cama, de tantas llamadas, de tantos mensajes. Esta ha sido la madrugada más larga de mi vida. No recuerdo un amanecer tan frío, no recuerdo a un pueblo despertarse tan silencioso, tan lleno de gente; pero tan inhabitado por almas, almas arrancadas por la consternación.

Aquello de verlo de cerquita es un sueño no cumplido, no cumplido como aquello de decirle a pocos metros gracias por todo, de decirle gracias por lo que soy. Pero me queda la tranquilidad de haber gritado en cada plaza ¡Hasta la victoria siempre, Comandante!, y de haberlo gritado como parte de esa fuerza que se llama Cuba. De haberlo gritado como lo haré siempre.

¡Caramba, Fidel!, te me vas, te me vas el 25 de noviembre, te me vas otra vez en el Granma y ese es mi único consuelo para este día que nunca quise vivir, para este día para el que nadie se preparó. Y si te vas en el Granma vas a volver, y si vas a volver siempre habrá Moncada, Sierra y Revolución.

Por estos días estaré más cerca de ti y aprovecharé para darte mi firma, para firmar el concepto de Revolución, para que lleves a tu reposo la firma de este joven, como muchos, dispuesto a continuar.

Y las lágrimas que ahora me interrumpen un día pasarán, y pasarán porque los nacimientos son felices, y tú, tú ahora eres semilla, tú ahora naces otra vez, naces para cuidar nuestro camino, tu camino que sigue, que es largo y que nosotros desandaremos.

¡Caramba, Fidel!, me preparaste para tantas cosas, me diste tantas buenas noticias, me dijiste tantas cosas duras; pero para esto nunca me preparaste, ¿o sí? Tal vez sí y no me di cuenta, no lo quise asumir como no lo asumo hoy.

¡Caramba, Fidel! Ahora puedo decirte ¡Hasta siempre!, o que siempre te llevaré conmigo, o que una foto tuya estará en mi cuarto, en mi aula o en mi cartera. Y puedo decirte mil cosas más. Pero sabes Fidel, la verdad no sé cómo despedirme de ti. Tal vez porque esto no sea una despedida. No, no lo es.

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