Crónica de una visita anunciada

El anuncio del Presidente norteamericano Barack Obama de visitar Cuba tuvo repercusión inmediata en los medios y desató un mar de conjeturas y opiniones, la mayoría favorables, ante este nuevo acontecimiento

Obama está consciente de que en los Estados Unidos crece el interés por hacer negocios con Cuba. (Caricatura Osval)
Obama está consciente de que en los Estados Unidos crece el interés por hacer negocios con Cuba. (Caricatura Osval)


Este es un paso coherente con el rumbo impreso por Obama a su política hacia Cuba desde el anuncio simultáneo realizado por él y el Presidente cubano Raúl Castro el 17 de diciembre del 2014, acerca de la decisión de los dos países de restablecer relaciones diplomáticas, después de que fueran rotas en enero de 1961.

Desde los primeros días posteriores a esa trascendental noticia, Obama siempre se mostró dispuesto a venir a la isla cuando las condiciones resultasen propicias, y ahora lo consideró así, después de un grupo de avances en el largo camino hacia la normalización plena de los vínculos mutuos.

En los últimos meses y tras arduas negociaciones se logró que el Departamento de Estado obtuviera en el Congreso la retirada de nuestra patria de la lista de países que auspician o apoyan el terrorismo, en tanto se avanzaba en acuerdos sobre la protección del medio ambiente, el convenio sobre aviación civil, la eliminación de algunas trabas derivadas del bloqueo y se creaba en Washington el grupo de trabajo Engage Cuba, a manera de lobby promotor del acercamiento bilateral.

También ha contribuido a la atmósfera necesaria para la aproximación el continuo intercambio de funcionarios de alto nivel, como los secretarios de Agricultura y Comercio de los Estados Unidos a la perla antillana, y el ministro cubano de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, a Washington, quien aún se encontraba en territorio norteño cuando Obama hizo pública su visita.

La oposición en el Capitolio —y más allá— vino de la misma minoría recalcitrante de siempre en el Partido Republicano, empezando por los senadores y aspirantes a candidatos presidenciales, Marco Rubio y Ted Cruz; el demócrata Robert Menéndez, la expresidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara, Ileana Ros-Lehtinen, entre otros dinosaurios de la política yanqui.

A este grupo —ciertamente influyente— no le ha importado para nada que en julio pasado, un mes antes de que el secretario de Estado John Kerry viniera a La Habana para dejar inaugurada oficialmente la embajada de su país, una encuesta del Pew Research Center arrojaba que el 73 por ciento de los estadounidenses aprobaban el restablecimiento de relaciones y el 72 por ciento se pronunciaba por el levantamiento del bloqueo, cifras que han seguido creciendo.

Obama está consciente de que en los Estados Unidos crece exponencialmente el interés entre corporaciones y empresarios por hacer negocios con Cuba y que, en momentos de crisis económica mundial, sumar un mercado en crecimiento de más de 11 millones de consumidores no es cosa a despreciar.

Para los cubanos, sorprendidos por el anuncio del Presidente estadounidense de su decisión de venir a Cuba los días 21 y 22 de marzo, constituyó —a pesar de todo— otra sorpresa la forma en que lo informó el mandatario, como si se tratase de una decisión unilateral suya, no consultada con la otra parte.

Comoquiera que sea, y a pesar de la expresada buena voluntad de la administración Obama, los cubanos no podemos olvidar ni por un segundo con quiénes estamos tratando, y que la manzana que se nos ofrece, con casi total certeza, lleva en sí los gérmenes tóxicos de la subversión para la disgregación.

2 comentarios

  1. Cada vez q algo bueno intenta abrirse paso, articulos asi le salen al paso…gasto de tinta y electricidad!

  2. En todo jardin se encuentran manzanas podridas…
    Por favor, cuando venga que traiga muchas manzanas…
    Los pasos de Obama referente a Cuba reflejan sòlo cambios positivos para la isla.

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