¿Doping en Sancti Spíritus?

Dicen las bibliografías que la historia del doping traspasa los dos mil años. Lo confirman aquellos gladiadores de bíceps voluminosos que nos muestran en películas y series

Hoy el tema del dopaje intenta aparecer “hasta en la sopa”.
Hoy el tema del dopaje intenta aparecer “hasta en la sopa”.

Pero la modernidad, la ciencia y la tecnología han favorecido tanto su expansión como las vías de enmascaramiento. Incluidos los escándalos mayúsculos de la exclusión de parte de los rusos de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, el veto para el país completo de los Paralímpicos o el fichaje del ciclista norteamericano Lance Armstrong, de un tiempo a esta parte el doping le disputa el hit parade a los resultados deportivos más espectaculares.

En este último caso, según expertos, 250 pruebas practicadas validaron la inocencia. Pero en la 251 apareció la evidencia y se derribó la leyenda de quien ganó siete títulos consecutivos del Tour de Francia.

La tesis es aritmética: en el mundo deportivo todos son vulnerables y sospechosos hasta que se demuestre lo contrario. Cuba, que ha pregonado con ejemplos su postura contra el doping y que ha inscrito, lamentablemente, nombres esporádicos en las listas, prefiere adherirse a ese axioma y como es lógico Sancti Spíritus también.

Aunque no ha tenido el revuelo de los rusos, el país ha detectado  consumo de medicamentos vedados. Más allá de la cocaína y la marihuana, el dopaje, según Remberto Pérez, director del Centro Provincial de Medicina Deportiva, se define como “el uso de métodos prohibidos y/o administración de sustancias prohibidas por los atletas con el objetivo de aumentar el rendimiento deportivo por una vía no fisiológica”.

Por aquello de poner primero la teja… desde hace un tiempo la provincia es garante de esta lucha. Pero con los últimos truenos, se precisa oxigenar un asunto que para muchos resulta lejano. Además de controles realizados de forma esporádica en el Mundial de Béisbol de 1996, torneos de baloncesto y carreras de ciclismo, hoy el tema intenta aparecer “hasta en la sopa”. Así lo reafirmó un seminario provincial impartido por Pérez Farfán.

“El año pasado en Topes de Collantes se advirtieron irregularidades en algunos ciclistas y eso obliga a redoblar el control. Todos los municipios tienen la lista actualizado de las sustancias prohibidas. Como los test son costosos y se priorizan las competencias, lo primordial es mantener el programa de educación y lucha a través de conferencias, videos, charlas y controles”.

Aunque no se excluye la prevalencia de móviles que en otros lares condicionan el doping (comercialización, dinero fácil, fama, celebridad), lo más preocupante pueden ser las prácticas de ingerir,  medicamentos para bajar de peso, aumentar la fuerza y la energía, “Algunos entrenadores cuando quieren buscar un rendimiento superior al que les proporciona el entrenamiento, buscan la pastilla. No es que el atleta no pueda usar medicamentos recuperantes que existen en el alto rendimiento, pero tiene que ser autorizado”, prescribe el doctor.

Pero en otro sentido el galeno es tajante: “Para nosotros los más de 900 atletas de la EIDE son vulnerables, como todos los del alto rendimiento. En diciembre se hará un control antidopaje masivo a la Lino Salabarría y eso debe preocupar y ocupar no solo a los médicos”.

No le falta razón. Pese a que Sancti Spíritus cuenta con su brigada provincial antidopaje y homólogas en los municipios, aunque existe divulgación en la familia deportiva y hasta muchos de los padres han sido instruidos, el peligro acecha.

Con lo dados que somos a violar leyes y preceptos, ¿qué garantías existe de que se cumpla lo que se dispone? En las ansias de tener hijos o miembros campeones algunas familias se convierten en cómplices, cuando promueven el uso de medicamentos de dentro y de “afuera”.  “Hoy todo el mundo se mete en Internet y ahí están los fármacos o se los mandan el tío o el primo”, previene Remberto y advierte: “El castigo no exonera a quienes no lo conocen. El diurético, por ejemplo, se usa para bajar de peso. El atleta toma algo  porque hay que salvarle la vida, pero lleva un proceso que incluye varias prerrogativas y niveles de aprobación”.

Hoy los métodos de dopaje se refinan. Está quien se reinyecta su sangre o se trasfunde la ajena y hasta se idea el doping genético, algo así como con un clon para ganar a lo Rambo. De ahí que la WADA (Agencia Mundial Andipodaje) con sus 35 laboratorios, incluido el cubano, depura sus métodos de detección. La Unesco ayuda con financiamiento, el Comité Olímpico Internacional aumenta su lista de sanciones y el Comité Paralímpico se puso en guardia tras algunos tiempos asombrosos en Río este año.

Mas las “probetas” aun son pocas. Fuera del contexto deportivo, un proyecto provincial de educación en temas de dopaje, que dirige el propio Remberto, amplía el observatorio. “En los gimnasios se está dopando la gente”. Aun desde la aparente tranquilidad con que lo espeta, el asunto asusta: “Se inyectan aceite de maní para buscar fuerza y eso es un error porque rompe la estructura del músculo”.

Muchos creen que es cuento de camino y ni saben la realidad del fisiculturista brasileño Romario Dos Santos, quien estuvo a punto de que le amputaran sus brazos por sus inyecciones de aceite en los bíceps.  “Con entrenamiento normal es imposible que el cuerpo se transforme de esa manera”, añade el doctor.

Y porque los tentáculos del doping traspasan los escenarios deportivos habla de un alcance mayor del proyecto. “Pretendemos recoger muestras en escuelas no deportivas porque tenemos evidencias de que en algunos de esos centros se pueden estar dopando con el consumo de pastillas algunos adolescentes y jóvenes. Hay manifestaciones de conducta en lugares públicos que indican que puede estar la droga.

Cuba y Sancti Spiritus no son, ni por asomo las realidades de Rusia, China, Estados Unidos o Jamaica. Mas allá del daño a la salud que van desde calambres, arritmias, afecciones cardíacas, trastornos, impotencia, hasta la muerte, está lo ético, en cuyo terreno no todos quieren jugar. Y eso precisa de un “laboratorio” colectivo, donde la más simple observación puede ser el método más fiel

“Si un atleta esta semana hizo tiempo de 1.04 minutos y a la siguiente baja del minuto, síguelo”, diagnostica finalmente Remberto.

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