El pecado de la carne

La obra Carnicería, del dramaturgo Ulises Rodríguez Febles, es el más reciente estreno de Cabotín Teatro

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Con la obra Carnicería Laudel de Jesús y Cabotín Teatro hurgan en la realidad cubana. (Foto: William García Periut)

Con la obra Carnicería, del dramaturgo matancero Ulises Rodríguez Febles, Laudel de Jesús y Cabotín Teatro hurgan en la realidad cubana, ponen la mirada de artista en las repercusiones ideológicas y sociales de los aciagos años 90. Cabotín sigue una línea de producción teatral en la que se verifica un constante interés por la existencia del hombre de a pie; clara intención de desmigajar sus interioridades, acceder a su mundo y localizar su angustia.

A propósito del texto y a modo de aviso sinóptico, el teatrólogo español José Luis García Barrientos refiere: “La hambruna de los primeros 90, una vaca presuntamente atropellada por el tren e inmediatamente descarnada, aún viva, por los vecinos en Carnicería, con el trasunto ideológico de un viejo militante desgarrado entre sus principios y el hambre de su familia”.

Desde El concierto —estrenada por Cabotín Teatro en el 2011—, se estrecha el binomio dramaturgo-director. Ahora con Carnicería se reafirma el matiz sociológico de las obras de Ulises Rodríguez Febles y la mano de escarpelo que guía la dirección de los espectáculos citados.

Laudel traza una dinámica peculiar para la convención dramática: siempre cuidadoso con los planos espaciales y temporales, enfático en la dirección de actores, convocados al encuentro con la verdad de la escena. El elenco saca a la luz los entresijos de la familia cubana. De Jesús guía la atención del espectador desde lo intelectual hasta lo sensitivo: a ratos molesto, a ratos adolorido, a veces calmo, a ratos riendo, así se descubrirá frente a esta última producción de Cabotín Teatro. Es probable que en Carnicería riamos, aunque lo verdaderamente risible aquí es que tales acontecimientos resultan, al mismo tiempo, insólitos y posibles.

En el 2015 festejaron su primera década de laboreo teatral con una constante: la dramaturgia cubana contemporánea. Juegos sucios en el sótano, Tren hacia la dicha, Triángulo, El concierto, Un mar de flores… redimensionan una realidad nacional que se empeña en “meter cabeza” en la actualidad. Carnicería es el reciente aporte de este colectivo, que regresa siempre a lo cubano. Esta poética discursiva se perfecciona en su diálogo con el público y coloca al actor como el centro de la escena.

Cuando acudí a la función tuve la impresión de verme en un espejo, en una casa cubana actual. En general el elenco mantuvo un equilibrio en la calidad de las interpretaciones, la dosificación de los registros vocales y el buen decir en la enunciación de los textos, además de los códigos que manejaron en los silencios y la contención de la energía en las escenas de mayor tensión devinieron efectivas armas de las que se valieron en sus desempeños.

Los creadores del espectáculo se apartan del simple entretenimiento o de las convenciones teatrales más esteticistas. Una vez más se implican en un exclusivo trabajo de investigación que desea incidir en el espectador, movilizar, atraer nuestra atención exponiendo artísticamente acontecimientos bien cercanos. Cabotín Teatro quiere que dialoguemos desde nosotros mismos.

Si el teatro quiere recobrar alguna vez su finalidad —afirmaba el director y productor teatral Erwin Piscator—, si quiere ser centro cultural, punto de cristalización social, factor vivo de una comunidad humana que merezca este nombre, tendrá que seguir, sin separarse del desarrollo histórico general, por el camino cuyas estaciones se designan aquí.

One comment

  1. Buen artículo; pero mejor la obra “Carnicería”. Solo que quisiera saber dónde? y cuándo? la presentaran nuevamente………..

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