En tierra de samba, ¿podrá bailar el son?

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El boxeador espirituano Yosbany Veitía puede oxigenar el medallero cubano.

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Río arde para el mundo

En imágenes inauguración de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro

Varios espirituanos en acción este sábado en Río 2016

Sancti Spíritus en Río 2016: Adrián Puentes acierta con récord personal (+fotos)

 

Río de Janeiro se vacunó a prueba de escándalos y pudo por fin inaugurar sus Juegos, a punto de ahogarse en las aguas virulentas de la crisis política del país y el chuchuchú del dopaje ruso.

Ya se compite, incluso antes de que el Maracaná ilustrara en su ceremonia el Brasil convulso que aúpa la primera Olimpiada en Sudamérica.

Entre los adelantados figura un espirituano: Adrián Puentes, quien tiró flechas este viernes. Mas aún pasaremos días de buen estrés mientras pronósticos y realidades se atemperan.

Adelanto mis predicciones, sin competir con las suyas. Sin obviar la historia, prefiero anclar en el hoy del deporte cubano, el cuatrienio Londres-Río y la realidad de los 124 atletas y 18 deportes con que asistimos. No porque se haya superado en 14 los participantes de Londres implica que mejoremos el lugar 16 de entonces. Supongo que podamos incluirnos entre los primeros 20, por detrás de los anfitriones que deben encabezar el medallero latinoamericano a juzgar por lo que ya pasó en Toronto hace un año y porque la sede es la sede. Además, competiremos en el 38 por ciento de las 306 pruebas convocadas y eso nos resta preseas.

Sin pensar ni por asomo en un arrase al estilo de las series mundiales que son más papel que caramelo, el boxeo debe halar la comitiva. Con profesionales y todo, aspiro a dos títulos; no obstante, la mitad de los púgiles puede oxigenar el medallero, incluido Yosbany Veitía si logra ser más convincente que lo mostrado este propio año en sus principales presentaciones.

Sin secundar augurios de moda, confío en el carácter de Mijaín López y la fuerza interna de la yudoca Idalis Ortiz. Para un quinto título algunos del atletismo deben realizar lo mejor de su vida por lo que se ve en el ranking de la IAFF que ninguno lidera este año. Detengo el reparto dorado y vamos al resto, digo para las preseas, con cuya suma Cuba puede “forcejear” con las naciones que le ronden. Estas deben salir de la imponencia de Yarisley Silva si recuperó la forma habitual para vencer el fuego cruzado de varias pertiguistas de altura o de las discóbolas Denia Caballero y Yaimé Pérez. La primera es campeona mundial y la segunda escolta a la croata Perkovic, dueña de las mejores cuatro marcas del 2016.

Me inclino por otros dos luchadores —el campeón mundial Ismael Borrero pudiera ser uno—, el gimnasta Manrique Larduet, si su talento vence a los rivales y a la subjetividad de su deporte; el taekwondoca Rafael Alba y hasta me arriesgo por el remero Ángel Fournier por su consistencia y la kayacista Yusmary Mengana.

Las cuentas rondan la docena de preseas, dos menos que Londres, pero serían otra página gloriosa para los tiempos que corren de alta comercialización, poder económico, globalización de talentos y también porque hace rato Cuba no es el ombligo del mundo en materia deportiva como en los años de Atenas hacia atrás.

Se sabe que en años olímpicos las estrellas suelen preservarse para no enseñar credenciales y sacan luego las uñas. Se sabe que Cuba no tiene toda la información de lo que ocurre con cada rival. Pero así como no hay sábado sin sol, tampoco hay Olimpiada sin sorpresas.

En ese río revuelto Cuba pretende pescar en disciplinas como tiro deportivo, ciclismo y, por supuesto, Sancti Spíritus, que si se percató, solo le pronostiqué una medalla boxística. Más que desconfianza, es lo que dice el sentido común y el palmarés preolímpico de cada cual.

No pretendo aguarle los días, que por dádivas del huso horario se disfrutarán casi por el mismo reloj brasileño. Añoro que la realidad destrone mis pronósticos, como ya ha ocurrido. Apenas le sugiero disfrutar los juegos con los pies fuera del Río. Eso sí: insufle cada presentación de los nuestros con su mente en signo positivo para que, en tierra de samba, pueda bailar el son.

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