¿Espirituanos en el levantamiento de Cienfuegos?

Hijos de Sancti Spíritus estuvieron el 28 de mayo de 1957 en la Perla del Sur en un intento fallido de sublevación previo al del 5 de septiembre, pero pocos conocen del acuartelamiento para una acción de guerra ese histórico día en la villa del Yayabo

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Octavio Aquino: “Creí que Juan Bernal me había echado pa’lante”. (Foto: Oscar Alfonso)

La historia recoge que 11 hijos de Sancti Spíritus y Cabaiguán estuvieron el 28 de mayo de 1957 entre los 35 de la antigua provincia de Las Villas, detenidos en una casa del reparto cienfueguero de Buena Vista, en un primer y frustrado intento de levantamiento, pero pocos saben que el propio día de la asonada del 5 de septiembre, unos 150 espirituanos estuvieron acuartelados en varios puntos de la villa del Yayabo y sus alrededores, listos para secundar aquel hecho heroico.

En principio, el propósito era multiplicar las acciones armadas en distintas partes del territorio villareño para aliviar la presión militar que convergería sobre la Perla del Sur una vez desatada la insurrección, pero factores organizativos y la falta de armas dieron al traste con aquel proyecto revolucionario que hubiera acercado notablemente el triunfo.

A pesar de los 59 años transcurridos, muchos de los hombres que participaron en aquel conato insurreccional en tierra espirituana están todavía entre nosotros. Escambray dialoga con dos de ellos: Emelio Domínguez Silva y Octavio Aquino Fernández, quienes —como otros—se alzarían posteriormente contra el tirano, combatirían y verían el momento de la victoria. He aquí sus testimonios.

EN UNA VALLA DE LA TRINCHERA

Aunque la brevedad periodística impone sus reglas, preciso es señalar el dramatismo que rodeó estos hechos, pues antes y después la situación en la región y en Cuba era de represión, tortura y crimen. A Emelio Domínguez, alzado posteriormente a estos hechos junto a dos de sus hermanos, le mutilaron terriblemente y asesinaron al padre, Abraham Domínguez, en abril de 1958 después de quemarle el mísero bohío en que vivía.

“A nosotros nos avisaron en el poblado de La Aurora y a las nueve de la noche del 4 de septiembre nos reunimos 18 compañeros en la valla de gallos de La Trinchera, en la casa de los Cadena. El plan era salir de madrugada a atacar Sancti Spíritus, pero pasadas las tres de la tarde llegó la orden de suspender la acción. Allí el único armamento que teníamos era cocteles Molotov, dos escopetas, un revolver Colt calibre 38 y un revólver vizcaíno.

“Horas más tarde nos enteramos de lo de Cienfuegos, donde el pueblo y los marinos se habían sublevado contra el Gobierno. Entre esos 18 estábamos Heriberto Orellana —luego mártir—, mi hermano Gilberto, Neno Rodríguez, Alfonso Rodríguez, Moisés Pérez, Antonio y Guillermo Quesada, Armando Castellanos y yo, entre otros”, rememora Domínguez Silva.

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Emelio Domínguez: “Estábamos listos y deseosos de actuar”. (Foto: Oscar Alfonso)

CREÍ QUE ME HABÍAN DENUNCIADO

Octavio Aquino Fernández formaba parte del grupo de lucha clandestina en Sancti Spíritus, por el Movimiento 26 de Julio, a las órdenes de Manuel López (Manguire) y Raúl Palmero.

“El 5 de septiembre temprano en la mañana me dirigía a mi centro de trabajo, que era la carnicería La Virgencita, cuyo dueño se llamaba Juan Bernal y era un batistiano de pura cepa. Estando de camino a ese lugar, ubicado en la esquina de las calles Onza y San Luis, me intercepta un compañero llamado Evy Alfonso y me dice que había orden de dirigirse de inmediato a la casa del jefe de nuestro grupo, en la calle Socorro, entre Céspedes e Independencia.

“Me fui allá, aquello estaba lleno de gente, pero continuaron llegando colegas hasta juntarnos cerca de 45. El jefe del grupo nos reunió y nos dijo que se iba a realizar una acción armada de envergadura para secundar un levantamiento que se debía producir en Cienfuegos ese mismo día.

“Afuera en la calle estaba de guardia un compañero llamado Roger Rodríguez, responsabilizado con recibir al camión que debía traernos las armas y los uniformes. En esa casa estábamos Fidel Salas y tres primos suyos, Juan Fernández Miranda, Pedro Arnalich Muñoz, Evy Alfonso, Armando Cancio y otros.

“Luego supimos que en dos o tres lugares más en Sancti Spíritus había otros grupos listos para entrar en acción. Además, un pequeño comando, formado por Lázaro Artola, Efraín Mur y otros combatientes se acercó a Sancti Spíritus entre las lomas y el río Yayabo, esperando la orden de entrar a la ciudad.

“Pero el camión con las armas no llegó y ya como a las cuatro de la tarde dieron la orden de abandonar aquella casa, para evitar cualquier sospecha. Aún así, vecinos del lugar pensaron que allí se estaba celebrando un cumpleaños.

“Al otro día cuando llegué a mi trabajo, me extrañó ver a Juan Bernal parado en la puerta de la casilla, pero la extrañeza no duró mucho, porque él me llamó y me dijo: ‘Oiga, jovencito, venga acá. Primeramente déjeme decirle que yo soy batistiano, batistiano, y me imagino que usted ha estado vinculado a lo que se formó en Cienfuegos, por eso no vino ayer. Por tanto, cobre los días que lleva trabajados de este mes, que usted aquí ya terminó’.

“Yo le repliqué: ‘Mire, cójase ese dinero’, viré la espalda y me fui. Como a los dos o tres días la policía hizo un tranque por la calle de Agramonte, entre Santa Bárbara y Céspedes y nos cargaron para la Jefatura de Policía a siete u ocho jóvenes que pasábamos por allí. Creí que Juan me había denunciado, pero no, pues al poco rato me soltaron”.

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