Historia de un hombre cabal

Revolucionario honesto, valiente y decidido, Bernardo Arias Castillo cayó en desigual enfrentamiento contra una banda armada el 26 de febrero de 1961 en la zona de Bacuino, Sancti Spíritus

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Bernardo Arias Castillo, mártir de la lucha contra bandidos.

Hace 55 años Sancti Spíritus fue conmovida por una noticia que no dejó indiferente a nadie: Bernardo Arias Castillo, el jefe del G-2 (Seguridad del Estado) en la comarca, había resultado muerto en un encuentro con bandidos contrarrevolucionarios.

Loyda Borges, quien sostuvo estrechas relaciones de colaboración con Bernardo cuando ella formaba parte de la Milicia estudiantil y de la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) en el Instituto de Segunda Enseñanza, recuerda que a él lo amenazaban constantemente de muerte en panfletos contrarrevolucionarios circulados en la región, y por emisoras desde el exterior.

Al evocar el apoyo constante del entonces jefe del G-2 a los jóvenes luchadores, Loyda señala: “Él era excelente persona y muy buen compañero, y con nosotros se comportaba como un padre”.

EN LA MIRA DE LOS ADVERSARIOS

Destacado participante en la lucha clandestina contra Batista, cuando triunfó la Revolución el joven se dedicó casi totalmente a la actividad revolucionaria, aunque seguía laborando en el servicentro La Internacional, como agente dependiente del concesionario en Las Villas de la compañía norteamericana International Harvester, de la cual era el mejor vendedor del país.

Una de sus primeras tareas después del triunfo del Primero de Enero de 1959 fue la organización de los sindicatos, al hacerse cargo de la Secretaría de Actas y Propaganda del Sindicato Provincial de Obreros, Mecánicos y de Garajes, desde la cual libró enconadas batallas contra elementos mujalistas y pseudorrevolucionarios.

Poco después pasa de nuevo al Ayuntamiento, donde ya había trabajado antes. Esta vez vuelve como responsable de Amillaramiento; continúa en las Milicias y colabora con el Departamento de Inteligencia del Ejército Rebelde (DIER).

En agosto de 1960, José Antonio López, jefe del G-2 en Sancti Spíritus, es llamado a Santa Clara. El cargo es propuesto a Sergio Martínez Peralta —ya fallecido—, quien a su vez recomienda a Bernardo Arias Castillo para ocuparlo “por sus cualidades revolucionarias y la gran capacidad de trabajo que tenía”.

EL ÚLTIMO COMBATE

El domingo 26 de febrero de 1961, temprano en la mañana, salen hacia la finca La Esperanza, barrio San Andrés, Bernardo Arias, César Abreu, Garelí Méndez y Sergio Martínez.

El propósito del jefe del G-2 en Sancti Spíritus es practicar un registro en la casa de José A. Rodríguez y su esposa Martha Ramírez —prima del cabecilla Osvaldo Ramírez— en busca de una planta de radio clandestina localizada en la zona. Al pasar por el parque Serafín Sánchez recogen a los milicianos Cándido Estrada Florat y otro apodado “Bonora” para reforzar el grupo, toda vez que estos portaban subametralladoras y el resto, solo pistolas.

Ya cerca del lugar indicado se agencian otro práctico porque Bernardo quería ir a campo traviesa. Recordaba Sergio Martínez que al subir una cañada profunda el campesino les dijo: “Hay dos casas; esta, que es a donde ustedes van, y aquella otra”, y señaló un bohío que estaba como a 500 metros. “Bernardo —refirió Sergio— sugirió que nos dividiéramos para registrar ambas viviendas al mismo tiempo, y mandó para la otra a César Abreu, Garelí y Bonora.

“Al llegar al objetivo vemos una mujer que estaba cocinando en unos grandes calderos en el portal. Era Martha Ramírez, la esposa de José Antonio, la cual le dijo a Bernardo que la comida era para unos trabajadores. Yo siento un tropel grande en uno de los cuartos y empiezo a darle un rodeo a la casa.

“Regreso muy alarmado junto a él, que ya estaba en la sala, cuando le decía a una niña de unos 13 años que abriera la puerta de uno de los cuartos, la cual se encontraba cerrada. Me doy cuenta de lo que pasaba porque por la puerta entreabierta de la otra habitación había visto ropa sucia y hamacas amarradas.

“Me le acerco a Bernardo, lo cojo por un brazo y trato de llevármelo hacia afuera. En ese instante Bernardo se suelta y rastrilla la pistola; la muchachita empuja la puerta y sale huyendo, y es cuando le disparan desde adentro. Él fue cayéndose poco a poco con las manos puestas a ambos lados de la cabeza”…

Con solo dos pistolas y una metralleta habían enfrentado a una banda completa de al menos ocho alzados armados con M-3, los que escaparon —menos uno— abriéndose camino con un diluvio de balas. Y allí, baleado por al menos nueve proyectiles, quedó tendido Bernardo Arias Castillo. Su caída, a los 31 años, tronchó lo que se vislumbraba como una brillante carrera al servicio de la Revolución.

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