Inauguración del Hospital Provincial Camilo Cienfuegos: noventa minutos con Fidel

Tres décadas después, las memorias de la visita del Comandante en Jefe permanecen vivas en la principal instalación hospitalaria de la provincia

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Fidel con los doctores Pedro García y Rafael Leiva en las afueras del centro hospitalario. (Foto: Archivo de Escambray)

Amanece el 27 de julio de 1986, y este redactor, agotado por la guardia de la noche anterior, se levantó temprano para cubrir la inauguración del Hospital Provincial Camilo Cienfuegos, con la tensión ante la visita de alto nivel anunciada.

Reunidos en el vestíbulo de la planta inferior, dirigentes partidistas, gubernamentales y de la Salud, así como periodistas, aguardábamos impacientes la llegada del Jefe de la Revolución, que no se produjo a las ocho de la mañana, como estaba previsto —pues hubo un cambio en el programa y empezó inaugurando otras obras—, por lo que fue a las 9:30 a.m. cuando hizo su aparición la pequeña caravana, y alguien exclamó: “¡Por ahí viene…, ya está ahí Fidel!”.

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Adelantándose a su escolta, el Comandante entró al salón donde nos encontrábamos y se encaminó hacia los directivos de la Salud, los de la institución y, a continuación, dio la mano a los periodistas, uno por uno, hasta llegar a mí. No fue el suyo un saludo meramente protocolar, pues sentí su mano cálida y me miró a los ojos, como escrutándome; luego noté que individualizaba a cada persona, trasmitiéndole sosiego como para que no se sintiera disminuida por su excepcional naturaleza.

Se inició un diálogo continuo que se prolongó a lo largo de toda la visita. Acompañado del doctor Pedro García, entonces director de la institución hospitalaria, el doctor Rafael Leiva y otros funcionarios, el Comandante recorrió distintas áreas y se interesó por sus características. Observando el impecable cielo raso, Fidel elogió la calidad constructiva y que los techos no se filtrasen.

Ya en el área de laboratorios, el Jefe de la Revolución se dirigió al equipo SUMA (Sistema Ultra Micro Analítico) recién instalado allí, y señaló que, anualmente, el país estaba en condiciones de producir entre 40 y 100 similares, lo que permitiría dotar a cada hospital en Cuba con ese servicio.

Al conocer que en este hospital de 774 camas se atendían entre 500 y 700 pacientes diariamente en el Cuerpo de Guardia, el Comandante consideró que era un número muy alto y que, en su opinión, el problema se podía resolver con la ampliación del Programa del Médico de la Familia y el perfeccionamiento de la labor que realizaban los policlínicos.

También se interesó por la plantilla del hospital y por la cantidad de residentes que les correspondía cubrir, e hizo énfasis en que la instalación debía contar con el personal estrictamente necesario, y ni uno más. Luego de concluir el recorrido y de escuchar en el Salón de Reuniones la explicación del doctor Pedro García, Fidel se dirigió al libro de visitantes ilustres y escribió: “¡Este Hospital está bien! Eso lo dice todo. Los felicito”.

Entonces estampó su rúbrica; en tanto este redactor, llevado por la emoción del momento y la impaciencia por captar todo elemento noticioso, se situó detrás del mandatario, muy próximo a él.

Luego el doctor Pedro García se acercó al citado libro y, al leer lo escrito por su distinguido visitante, expresó el sentir de todos: “Es un honor para el pueblo espirituano”, dijo. Allí Fidel fue parco en elogios, y, ya en el momento de abordar los vehículos, satisfecho de lo visto y oído, subrayó que estaba encantado, que se llevaba muy buena impresión del hospital.

Ya de salida, al fijarse en el cartel que señalaba: “Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Camilo Cienfuegos”, el Comandante expresó que había que trabajar para ponerle “Hospital Provincial Clínico Quirúrgico de Investigación y Docencia”… Sobre este punto hizo mucho énfasis y orientó trabajar con espíritu de investigación, como si se tratara de un instituto.

En poco menos de hora y media —pues a las once de la mañana continuó su intenso maratón de inauguración de obras—, el líder de la Revolución dejó en todos una impresión indeleble, tanto que nos ha permitido al cabo de 30 años reconstruir fielmente aquellos instantes.

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